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Autor
Beatriz Catani
Año de publicación
2007
Referencia bibliográfica
CORNAGO, Óscar y CATANI, Beatriz. Acercamientos a lo real. Textos y escenarios, Buenos Aires, Ediciones Artes del Sur, 2007, pp. 35-64.
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Texto original publicado
24 de septiembre 2021
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Cuerpos a banderados

Un espacio real: Cooperativa agrícola de un pueblo de provincia (Ravino). Al ingreso, un cartel verde con letras prolijas: “COOPERATIVA AGROPECUARIA S.A.I.C.F.I.”. Sobre la pared del fondo, apoyada en una ventana, una gran canaleta de chapa. Por esta canaleta-boca-viga chorrea, permanente, un hilo de agua. A uno de sus lados, muebles viejos, ventiladores, frascos de vidrio, dos mesas dispuestas geométricamente. Sobre una de las mesas, una pecera con dos ratas de forraje. En este lugar, una mujer (AMINA), enraizada al lugar, permanece toda la obra sentada y fuma. A veces “conversa” con las dos hermanas. A veces “narra” al espectador. A veces, simultáneamente, “conversa” y “narra”. Al otro lado, un escritorio. Frente a él, otra mujer (AURORA). También fuma.

ESCENA 1

Amina controla los ventiladores. Canta. Breve pausa.

AMINA: “LO TENGO A OLI. LO ENCONTRÉ. VOY PARA ALLÁ CON ÉL”. “Ángeles”. Ahí

lo tenés, el telegrama. Yo sabía que iba a venir, tarde o temprano iba a venir. Ahí lo

tenés… telegrama de Ángeles… Hubo que esperar, sí, pero vino, y cómo no iba…

Acá hay ventajas, se vive mejor…

AURORA: ¿Dónde acá?… ¿en RAVINO?

AMINA: RAVINO, con v corta…

AURORA: Sí, sí, claro, con v corta.

AMINA: Es un problema de rendimiento… (Canta. ) Viste como quedó el cartel,

pintadito de verde… una preciosura…

AURORA: COOPERATIVA AGROPECUARIA S.A.I.C.I.

AMINA: Las letras, prolijas… parece que tienen relieve, no tienen, pero por efecto

del trazado… (Se interrumpe. ) …COOPERATIVA AGROPECUARIA SOCIEDAD

ANONIMA, INDUSTRIAL, COMERCIAL, FINANCIERA, INMOBILIARIA; SAICFI, SAIC.

FI, no S.A.I.C.I… Y no es lo mismo. Una letra es una letra, y no es lo mismo. No te

engañes. Acá hay ventajas claras… Mejorar el rendimiento… siempre. A nosotros

nos gusta la música, claro, pero no escuchamos. No escuchamos mucho:

¿Escuchamos mucho? ¿Mucho escuchamos? No, no suena bien, mucha, much,

chch. (Marca exageradamente la che. ) Todo tiene que sonar bien. Todo en su

medida. En armonía. Luz discreta. Es lo mejor. Debe mantenerse compensado el

aire, con una corriente natural, que neutralice los niveles de humo. Nada

complicado. Un horario de funcionamiento y una velocidad adecuada. Los pelos

deben ser naturales, en lo preferente largos. Higiene bucal: buche-bucheo (Marca

exageradamente la che. ) y cepillo. Cuidar los dientes para conservarlos naturales.

Se debe poner el esfuerzo en las cosas duraderas. Eso trae beneficios… rinde. El

pelo, los dientes, las uñas no mueren. Ley de sobrevivencia celular. Creo que el

semen tampoco. Naturalidad. Los nombres bíblicos o asemejarse: Ravino, Mateo,

Poncio… A propósito, ¿te dije que vino Aurora?

AURORA: Aurora soy yo.

AMINA: Sí, sí, Ángeles… mi pibita, caray…

AURORA: ¿Por qué me llamo Aurora?

AMINA: No sé. Será por la mañana, el despertar, los gallos.

AURORA: ¿Y Ángeles?, ¿por la bondad?

AMINA: Por los niños. Por lo blanco. El blanco es un color natural. Y los niños.

(Piensa.)

Los jóvenes también… Siempre fue A-dental, A-delantal, A-delantal, sí.

AURORA: Adelantada.

AMINA: No me corrigas. A-delantal, que no es uniformada, ¿entendés?… Si te digo

A- diestra, ¿qué entendés?… que es a-diestra, que se maneja con la mano

izquierda; zurda, bah.

AURORA: ¿Y qué es A-urora, A-mina, Á-ngeles?, qué raro… ngeles.

AMINA: No sé, preguntas todo… Angelita… qué felicidad… dio vueltas, vueltas, no

entendía de rendimiento… Pero al final… vino a la Cooperativa. Cuando uno

entiende las leyes del rendimiento, y las aplica, se vive mejor. Tranquilo… En su

cucheta, cada cosa en su cucheta…

Un ruido. Se abre la puerta y asoma una gran caja de cartón. Entra Ángeles,

arrastra con dificultad la caja, la vuelca y cae el cuerpo de un hombre muerto entre

pedazos de banderas.

ÁNGELES: Ahí lo tenés, te dije que te lo traía, ¿no?, me costó, pero… ¿es Oli o no?

AURORA: Sí, sí, es él… (Imperceptible casi.)  ¿Cómo estás vos?

ÁNGELES: Más gorda.

AURORA: Sí… no, no se te nota…

ÁNGELES: …que te veo más gorda, pero bien…

AMINA: (Al público.)  Yo, cuando dijo que venía con Oli, pensé en un perro. Creo

(Pausa. ) que me hubiese gustado más.

AURORA: ¿Querés que lo pongamos… acá? (Se acerca al cuerpo .) No pensé que iba

a volver a verlo… está algo más gordo, él también ¿no?… y qué lástima que se

cortó el pelo… el muslo lo tiene destrozado…

ÁNGELES: Ésa es la mordedura…

AURORA: Y el culo, qué blanco, como si se le notara una marca…

AMINA: A todos nos hubiese gustado más, ¿no?

ÁNGELES: La noche anterior me reía por eso… Oli, cuando tocaron timbre, dos

timbres, como la abuela, (Se entusiasma. ) yo pensé que era ella, incluso pensé

“qué cagada” porque no sabía que Oli se había quedado a dormir conmigo y supuse

que no le iba a gustar… (Mira a Aurora .) ¿no?, bueno, no importa. La cuestión es

que, te decía, Oli se levantó de la cama, y fue a buscar algo para ponerse,

apurado, ¿no? (Vuelve a mirarla y se ríe.)  Otra vez me da risa. (Aurora la mira

seria.)  Oli se enojó conmigo, me decía pará, boluda, vestite, pará, pero yo no

podía, me daba risa el culo tan blanco. El culo tan blanco, ¿no?

AMINA: (Se ríe.)  Por el culo, blanco, blanquito, ¿no?, (Se interrumpe.)  bueno, es

gracioso. (La miran.)  Silencio. Lo mejor: ahorrar los comentarios. Economizar.

(Sigue por lo bajo.)  a-horrar, a-horro, horro, no.

Ángeles y Aurora arrastran el cuerpo y lo suben con dificultad al escritorio.

ÁNGELES: Estábamos en casa, sonaron dos timbres, como la abuela, ya te dije,

¿no? No pensamos en nada, abrimos… y estaban allí. Salimos corriendo,

separados, en dirección opuesta. Yo me perdí, me dormí agotada sobre un techo.

Cuando me despierto, ya no había luz. Empiezo a caminar, camino, camino, y me lo

encuentro. Lo llevo, con mucha dificultad, hasta el techo de casa. Viste cómo pesa,

¿no?, y lo meto por la ventana del lavadero. Llegué antes que ellos. Tenía miedo,

vomitaba; el cuerpo tenía un olor asqueroso, que se le fue perdiendo,

curiosamente… (Terminan de acomodar el cuerpo sobre el escritorio.)

AMINA: Olor a fluido. Es inglés. Acabamos de echar.

ÁNGELES: ¿No me decís nada, no te impresiona, no te…? Estás celosa.

AURORA: ¿Qué decís? Sos el colmo.

AMINA: A-horrar preguntas.

ÁNGELES: Hace como cinco años que no salías con él. Además, a mí me conoció

primero.

AURORA: Y esperaste que me venga acá para levantártelo. Gracias.

ÁNGELES: ¿Por qué? Si pensás que no me iba a dar bola. Aurorita, “la inolvidable”.

Mucho arrastre, pero después te quedaste con uno que… ¿seguís con Iñaqui?

AMINA: Es un hombre bueno, pobre. El nombre no lo ayuda, es nombre de

mascota, mascotita. Por eso le puso Iñaqui a su lorito… el que lleva siempre en el

hombro.

AURORA: Y yo… pensar que tenía ganas de verte… (En forma mecánica, se

acuesta en el piso, delante del escritorio de Amina.)  Y sabía que iba a pasar esto,

¿eh?

AMINA: Se ahoga. (Enciende un ventilador.)

AURORA: (Desde el piso. ) Mejor que lo aclare de entrada. Siempre vamos a estar

juntos. Eso es así… Bueno, qué sé yo, ése es mi estilo, más familiero, más

doméstico, si querés, pero mío. (La mira desde el piso. ) Te veo. No pongás esa

mirada de vaca dulce. Para vos soy una boluda, pero yo no me siento así. Para

nada. Y no quiero sentirme juzgada por eso… (Saca una botellita muy chiquita,

toma, y se vuelve a su silla, tranquila. )

AMINA: ¿Viste?, cambió la botella por una más chiquita, un frasquito.

AURORA: Ahora estoy bien. Lo mejor fue aclararlo de entrada. Y a Oli lo dejé yo.

Hijos… ¿tenés?

ÁNGELES: ¿Qué?… no… Vos sí, ¿no?

AMINA: A-horrar preguntas. Ya lo dije. Me obligan a repetirme. Y eso en mí es una

contradicción. (Silencio.)  No sé si me escuchaste, te dije que cambió la botella de

agua por un frasquito.

AURORA: ¿Te acordás cuando se me rompió bailando con Oli y se le clavaron los

vidrios en el muslo?

AMINA: Eso porque la botella era demasiado grande. Se puede conseguir lo mismo

con una más chiquita. Ley de Rendimiento.

AURORA: Era linda, chatita, pero un poco grande, sí. Ahora me he decidido por las

menudencias, las miniaturas…

AMINA: Yo le dije, decidite por las miniaturas… Y eso le cambió la vida. Iñaqui

tiene que ver con eso, con algo chiquito. (Pausa.)  Iñaqui, Iñaquito.

ÁNGELES: Eso por andar apretando con él. (Marca exageradamente la ele.)

AMINA: Con él. (Marca aún más la ele.)

AURORA: Acá está la cicatriz, en el muslo izquierdo. La otra, la nueva, está a la

derecha. Será así, ¿siempre aparecerá a la derecha? (Inspecciona el cuerpo.)  Nunca

había visto, se habla, se habla, pero verla… verla, no… y eso que yo trabajo acá,

en registraciones. (Se desentiende del cuerpo.)  Qué época. Qué vergüenza me dio.

Me quedé como una hora con la cartera colgando para tapar la mancha… la pollera

se me pegaba toda.

ÁNGELES: Y el calor que hacía esa noche…

AURORA: Como hoy. Esto es terrible. Si sigue así va a secar todo. Y el humo que

hay. Hoy a la mañana ya se veían animales muertos al costado de la ruta.

ÁNGELES: ¿Y no los levantaron? Qué raro…

AMINA: No se da abasto. Hubo dos nacimientos, tres adopciones. (Piensa. ) A-basto,

que no es extenso, que es chico. Eso está bien, es bueno…

AURORA: Los fotógrafos salían en todas direcciones… Un montón de

declaraciones, y un suicidio también.

ÁNGELES: ¿Quién?

AURORA: El encargado de la finca de los Pelluzzi. Se le ahogaron todos los caballos

con la última inundación. No lo resistió.

ÁNGELES: ¿Y?

AMINA: Se ahogó él también. Exceso de a-hogo; (Piensa. ) a-hogo… hogo, hoga,

hogar, que no tiene hogar, que está solo…

AURORA: Llamó la mujer temprano, Eva Solaris, tiene veinte años menos que él.

Parecía muy serena. Por el tono, digo. Pero no podía parar de hablar. Repetía

siempre lo mismo: que su marido estaba escondido en la casa…

AMINA: Y que estaba escondido en la casa, y que estaba… Decime Ángeles, vos

¿qué pensás?, con una vez ¿no era suficiente?

AURORA: Hubo que constatar. Pero no quedaron dudas. Encontraron el cuerpo y lo

trajeron para acá. Eva Solaris no quiso aceptar la foto, la rompió.

AMINA: Pobre, no le va a quedar nada; ni foto. Nada. No sabés el pelo que tiene

esa mujer, natural, voluminoso, mullido… es una pena…

AURORA: No, ni siquiera la foto… el cuerpo se lo hubiesen sacado lo mismo.

AMINA: Pero la foto le correspondía, para la ceremonia. Por más que fue un

suicidio, le correspondía. Y eso se respeta. Todos se quedan con su par de fotos.

AURORA: Al final es más higiénico, ¿no?

ÁNGELES: Vos no podés decir eso. Es algo horrible… una cosa… espantosa, una…

confusión, perversión, no sé… por algo te dan los cuerpos tapados. Vos entendés lo

que es una foto, ¿eh?, entendés, ¿eh? Una foto es algo vivo… y un cadáver… no;

pero te dan la foto de un cadáver, y ¿qué es esa foto?, ¿qué es?… es una imagen

viviente de un cuerpo muerto. (Piensa.)  Te lo dije clarito.

AMINA: Hay que ver que siempre es un cadáver pariente, o un cadáver amigo…

AURORA: Claro, no te vayas tan lejos… siempre trágica, extremista… una cosa

monstruosa… una perversidad… Reíte un poco, total…

ÁNGELES: ¿Total qué?

AURORA: Te va a hacer bien. No te cuento nada…

AMINA: Yo te cuento. La mujer ésta, la del pelo mullido, Eva Solaris, parece que

estaba cosiendo y sintió que él, el marido, cerraba la puerta, la saludaba, le tocaba

la espalda y pasaba para la cocina. Eva miró la hora y eran las doce en punto. La

hora que correspondía servirle la comida, así que dejó la costura y fue a la cocina.

¿Y?… No había nadie. Lo buscó y nada; lo llamó y nada. Entonces llegó Jesús, el

hermano menor, corriendo… y le contó: parece que el hombre, antes que retiren a

los caballos muertos, había logrado esconder a su preferido, un zaino de pelo

alazán, portentoso, sólido. ¿Para qué?: se ató al cuello el cuerpo de su caballo

muerto y se tiró en el estanque. (Inesperadamente, a público.)  ¡Qué imagen! (A

Ángeles.)  Se ahogó.

ÁNGELES: Impresionante.

AURORA: Pero no te lo contó bien. Lo impresionante es que se tiró justo a las doce

en punto.

AMINA: No. Lo impresionante no es eso. Lo impresionante es que a la pobre Eva no

le quedó nada, ni el cuerpo, ni la foto, nada, (Piensa. ) n-a-da, bueno nada… Pero

el hombre qué caballero, ¿no?

AURORA: ¿Por qué?

ÁNGELES: Claro, yo pensé lo mismo, vos ¿no entendiste? Eso fue una despedida,

clarito, ¿no? Digo, no sé, el hombre estaba muriéndose y al mismo tiempo

saludando a su mujer… bueno, él o algo de él, parte de su energía… o si no, ¿por

qué eligió para morirse el mismo momento en que su mujer lo estaba esperando?

Le ofreció su muerte… un acto de realismo amoroso….

AMINA: De a-rrojismo amoroso. Porque el hombre se arrojó; al estanque, al arroyo,

atado (a-tado, no) al caballo… y qué coherencia, porque a-rrojo es precisamente

sin sangre. Y murió sin sangre.

AURORA: Parece que se están entendiendo mucho ustedes… Están haciendo una

alianza. Amina, Amina, a-lianza, a-lían… que no pega, no cuaja, ata, no…

AMINA: ¿Qué decís?

AURORA: Vos hablás así. A- por no, a-lía, no lía, no…

AMINA: Yo no hablo así, no seas boluda. Como te decía, lo más impresionante

todavía fue lo de Ángeles… Ángeles, como vos, sí… (Mira a Aurora. ) sí, no me

mires así, como ella, como tu hermana, (Pausa.)  pero varón, varón con v corta, un

varoncito de dos años. También murió… pobrecito, “muerte por asfixia”, decía el

parte… como una excepción le dieron el cuerpo. Pero eso sí, con el cajoncito

tapado. En el velorio, el padre, con un lorito en el hombro, tomaba caña en un

rincón, borracho. La madre se acostaba mecánicamente en el piso, como si se

ahogara y se levantaba. (Se posesiona y hace una pequeña representación.)  En un

momento, se escucha doce veces el péndulo de un reloj: “tan, tan, tan” algo así,

más o menos… (Hace ruidos onomatopéyicos. ) viento… (Sentada, a pequeños

saltos sobre su silla, avanza hacia el escritorio y se sienta sobre él.)  El padre, que

quiere cruzar hasta donde está su mujer, cae sobre el cajón y tira al hijito al piso.

La madre lo levanta y lo empieza a acunar. Allí, estaciona en la puerta un auto y

bajan unos hombres que vienen a buscar el cuerpo del niño. Son cuatro. No se lo

pueden desprender. Tiran y tiran. Ella, que le quiere dar teta, les dice, tranquila,

“mi hijito vivirá; murió porque yo no le pude dar leche, no tenía buena leche… si

me dejan darle teta mi hijito vivirá”. “A-já”, le dicen los hombres. Ella lo aprieta

contra el pecho. Ellos se lo arrancan. Y en el tironeo, el cuerpito se destapa, y se le

ve: una llaga terrible en la ingle. Todos, en silencio. Uno, de pelo rizado, grita:

“déjenselo”, “déjenselo”. Los hombres agarran un pedazo del cajoncito del suelo y

“paf, paf”: le martillan la cabeza. Y se van. (Baja del escritorio y vuelve, a

pequeños saltos sobre su silla, a su lugar.)  En castigo tampoco le dieron la foto. A

ella se le reventó el útero cuando nació Ángeles. Tuvo tres días con hemorragias y

sobrevivió. Ahora no quiere que su marido vuelva. El marido cree que si consigue la

foto lo va a dejar volver. Y si no, no importa, se la quiere regalar, quiere hacer algo

por ella. Y… ¿Oli?, ése ¿no?, yo creía que era un perro, me hubiese gustado más

que vengas con un perro, está muerto, también, ¿no?…

AURORA: Pero esta vez tenemos un cuerpo, la mordedura está clara.

ÁNGELES: Entonces… querés, ¿me vas a ayudar?

AURORA: No, no sé… lo dije porque me apena, pero vos lo elegiste. Además ¿qué

podemos hacer? No puedo arriesgarme en esto. El cuerpo… en realidad hay que

deshacerse de él… ya escuchaste, es peligroso. No lo podemos tener mucho.

AMINA: No, no podemos a-rriesgarnos. (Ademán ampuloso.)  A-fuera de la

Cooperativa.

AURORA: Sacale una foto antes de entregarlo, y listo. Por lo menos vas a poder

sacarle una foto desnudo, y que la mordedura se vea bien.

ÁNGELES: Fotos ya tengo. Sabés que la fotografía es mi debilidad. (Saca fotos de la

caja.)  Fotos geométricas, de ángulos de codos, de cañerías de agua. Fijate qué

estupidez, me clausuraron una exposición por obscena… Mi gusto por las fotos. Por

hacerlas… experimentar y por mirarlas. Ese click, click del dedo sobre la cámara, y

el instante hecho presente y, escuchame bien, eterno. La foto te dice “esto ha

sido”, “pasó”, y a la vez es puro presente. Yo creo en el poder de la foto. A Oli le

saque 27. Ahí están entre las banderas. Pero las fotos solas no sirven, necesitamos

el cuerpo. Por algo nos quitan los cuerpos mordidos, porque tienen algo para

decirnos. En todas las novelas policiales dicen eso, el cuerpo habla; seguro tiene un

buen mensaje; algo para descifrar.

AMINA: Yo creo en el poder de la foto. Eso me gustó. (Ademán ampuloso.) . Adentro

de la Cooperativa.

AURORA: Vos estás loca, siempre fuiste una delirante y una caprichosa además. No

me podés meter en esto a mí. Te pido que te vayas, yo te ayudo, pero mañana te

vas. Te vas. Y las fotos son bastante escandalosas. No sé si ésos son codos.

ÁNGELES: Soy tu hermana, ¿cómo podés tratarme así?… No me crees, acá están

las fotos, 27 veces repeticiones de algo que no va a producirse nunca más.

AMINA: Me emociona, 27 veces.

ÁNGELES: Está bien, me voy. Ayudame. (Bajan el cuerpo del escritorio.) (Silencio.)

Pero mirá que yo podría estar acá. (Pone parte del cuerpo en la caja.) (Silencio.)

Aurora, escondamos el cuerpo. Vos, por tu trabajo, podés comunicarte con otros

lugares; no sé, por ejemplo: sacarlo fuera del país… ahí podrían analizar la

mordedura, con qué material está hecha… avanzaríamos mucho… estaríamos a

salvo… Y si no, sigo yo sola. Si fallo, moriré con gloria.

AMINA: O juremos con gloria morir.

AURORA: No tenés fin, insistís, insistís… dije “no”. Siempre fuiste igual. Te quisiste

quedar con el negocio de las banderas, y te quedaste; con Oli lo mismo.

ÁNGELES: Con Oli vos te fuiste, o él te dejó; ay no, no, no quise decirlo. El negocio

de papá fue más una carga que un privilegio. Papá casi no se dedicaba a las

banderas, eran su pasión, sí. Pero vos sabés, era científico y se la pasaba

viajando… Y es muy pesado sostener la pasión de otro.

AMINA: Yo, por eso, siempre que puedo colaboro… con todo, con todos. Ley del

esfuerzo mancomunado.

AURORA: Siempre querés tener razón… la mimada, la perfecta, la interesante. Yo

acá me hice…

ÁNGELES: ¿Qué te hiciste? Te hiciste mierda. Mirá como estás.

AURORA: Hice mi marido, eso hice… mi vida, mi casa, mi marido, este trabajo… ¿y

sabés qué? Estoy bien. Envidiosa, sos eso, envidiosa, envidiosa, diosa…. Ya te dije:

vos elegiste. No te quejés más. Ahora es así… y éste (Mete la cara adentro de la

caja, se asoma.)  que también ya te dije que lo dejé yo; fue un flor de hijo de puta.

(Balbucea con la cabeza adentro de la caja. A Oli.)  Por qué te hiciste negar durante

dos meses, ¿eh? ¿Por qué?, ¿por qué?, ni una carta, ¿eh? Nada, nada. (Sale.)

Nunca me quiso.

ÁNGELES: Quedate ahí, quieta, quietita… (Se acerca.)  Igualita… estás igualita…

domingo a la tarde… te cepillo el pelo para que no te queden rastros de las bolas

de chicle que te pegás en la cabeza. (Pausa.)  Te entretengo contándote historias

para que no pensés en mamá: “Te voy a pelar”, decía. “Si te agarro te pelo”. Vos

que tenías tan lindo pelo… No me hables mal de Oli, por favor. Es el único recuerdo

bueno de un hombre que tengo.

AURORA: Conformate con que le pudiste sacar fotos, al menos son seguras. Con

las otras, las que te dan, no sabés nunca si están trucadas o son de otros. Tenés la

foto de la mordedura. Ampliala y movete con eso. Yo no voy a reportarlo. Es todo lo

que puedo hacer. Qué lástima… Vos que eras tan tierna conmigo, no tuviste hijos.

Qué lástima… A cuidarlos. En eso sí te ayudaría, ¿ves?

ÁNGELES: Tené los tuyos. Yo estoy bien así… No te entiendo. (Patea la caja.)  ¿Por

qué defendés esta porquería?, tan a pecho; si vos misma sabés que mienten, que

falsean los datos, los documentos, las fotos. No te entiendo. Creo que ni tu marido

lo haría.

AURORA: Te pido no te metas con Iñaki. Ya te lo dije de entrada. Es lo único que

me importa…

ÁNGELES: Iñaki, Iñaki… es cierto, tiene nombre de mascota… Igual el problema no

es él, ni vos… claro. Ustedes trabajan acá… pero que encima defiendas a los otros,

no, no lo entiendo. Ya sabemos que tienen todo controlado. Pero rebelate un

poco… Vamos a ver si pueden controlar las fuerzas naturales. Inundaciones,

sequías, y el humo, el humo que hay. Ni respirar se puede. Si apagás los

ventiladores…

AMINA: Pero no es sólo una cosa de acá. Por favor. Interiorizate. Esto es mundial.

AURORA: Sí, es mundial. Tampoco los defiendo a todos. Pero no sé. Son puntos de

vista. No me parecen mala gente. Se exagera. De los muchachos que yo conozco,

por ejemplo…

Lleva una silla al lado de Amina, se sienta y hace una pequeña teatralización para

su hermana. Amina la acompaña con algunas acotaciones musicales y juegos de

palabras.

AURORA: …Mateo ama los animales. Lo veo. Ante mí. Acaricia chivas, doma

potrillos, construye jagüeles, techa su casa.

AMINA: Techa su casa y techa la ajena y un techador techó…

AURORA: Poncio adoptó cinco chicos.

AMINA: Botijos, birijos, borijos…

AURORA: Pietro practica aviación; degusta té tibio y cuando vuelve de la recorrida,

come masticables. Entona jingles.

AMINA: (Canta.)  “Qué lindos que son sus dientes, le dijo la luna al sol, y el sol

contestó sonriente”… “Ja-Ja”

AURORA: A mí siempre me regala de ananá. (Abandonando el tono de actuación.)

Lo único feo es la boca, le faltan dientes y tiene uno finito de metal. Parece que

raspa algo… siempre lo tiene sucio en la punta. ¿Qué curioso, no?

ÁNGELES: No me conmovés… Aurora, estás dolida, te entiendo. Te hice mal,

hablás desde el dolor, desde el desamor. Te hice mal, y quiero repararlo. Hace

mucho que lo pienso, pero ahora se me reveló, lo siento con tanta claridad.

Escuchame, hermanita, mi hermanita. Yo no vine sólo por Oli. Ni para que me

ayudes con Oli. Vine por vos. Para encontrarte, para aclararme todo esto que hace

mucho me atormenta. Yo te amo, sí, te amo. A mí me pasó eso.

AURORA: No, pobre… pobrecita, vos también sufriste mucho, el dolor te

confunde… pero cada una por su lado es lo mejor.

AMINA: Cada cosa en su cucheta, ya lo dije.

ÁNGELES: No, sí, sí, es así, te amo. ¿Cómo explicarlo?… Ofelia, ¿entendés?…Veo

en vos ese instante… yo te puedo arreglar el pelo, las manos… es esa imagen,

tengo esa foto acá, ¿entendés?…

AURORA: Calmate… Pará, me asustás cuando te ponés así, no sé qué decís, qué

querés… A mí no me pasa lo mismo.

ÁNGELES: Ofelia, digo, Everett Millais, eso me parecés. Ofelia tendida en el

arroyo… Margaritas en el pecho, guirnaldas por el pelo, por las manos; esa

delgadez como si sólo hubiese un poco de carne bajo el vestido extendido en el

agua. Ese momento, antes que el peso del ropaje la sumerja… Ese instante, el

click, el clik… Así te veo ir, en esa tenuidad, esa calma… los ojos abiertos, ajenos

al peligro; esa desesperación inerte y sin embargo disponible, ofrecida, amante. La

provocación en la boca, en tu boca… tan inocente, tan viva. Quiero tu boca. Nadie

te ha querido así.

AURORA: A mí no me pasa lo mismo.

ÁNGELES: No. (Se lanza en un salto.)  Estoy tan segura de lo que siento. Mirá. (Le

muestra el cuerpo muerto.)  Lo ves; lo voy a dejar en la calle, lo voy a tirar ahí

nomás en la vereda, para que veas que ninguna otra cosa me importa… (Retrocede

y se desenrolla metros de bandera.)  Me voy a quedar solamente con vos. Nada

más. Dejo todo por vos, por este amor… (Levanta el cuerpo muerto y sale decidida,

gritando.)  Mateo, Poncio, Pietro: Acá hay un cuerpo, apareció hoy…

Aurora y Ángeles forcejean, se caen. El cuerpo de Oli rueda y desaparece. Entran y

se besan en la boca un largo rato.

ESCENA 2

ÁNGELES: Tengo el brazo sancochado.

AURORA: ¿Qué?

AMINA: Que se hizo mierda el brazo.

Ángeles dobla los pedazos de bandera que cubrían el cuerpo de Oli, los guarda en

la caja vacía. Aurora arrastra una silla. Las dos se sientan. Aurora se da, uno tras

otro, cachetazos en la cara. Llora, babea y llora más.

AMINA: Se pone mal.

AURORA: Aurora, (Se vuelve a pegar. ) Ángeles…

AMINA: No te pongas así. Un error lo tiene cualquiera, yo misma te dije Aurora, no,

no, Ángeles… ¿Ves?

AURORA: Ángeles, lo perdiste por mí… Nadie nunca hizo tanto por mí, nunca voy a

poder recompensarte… Yo no puedo hacer esos sacrificios, me siento inferior a

vos. Nunca te puedo igualar. (Se pega. Llora.)  No te importó perder tu cuerpo, tu

salvaguarda, tu salvoconducto. Esa única posibilidad que vos, escuchame bien, vos

sola conseguiste para defender tu elección… tu amor y el sentido, la trascendencia

de tu vida… lo que da sentido, lo que estructura, la consistencia, ¿no? El elemento

unitivo, asociativo, lo más intrínseco a tu ser; el fondo de la trama; el secreto de tu

telaraña; la baba hilante y espesa que va tejiendo la crisálida delicada de tu espiral;

el festón (Sigue bajo.)  tegumentoso del embrión…

ÁNGELES: (Le seca las lágrimas.)  A ver, Aurora, decime por qué te ponés así, por

qué hablás de esa manera.

AURORA: Porque intento, pero no hay caso, (Vuelve a llorar. ) intento, intento,

pero… no hay caso.

ÁNGELES: ¿Qué decís?

AURORA: Parecerme en algo a vos.

ÁNGELES: No te hagas la boluda. Yo no hablo así.

AURORA: Sí hablás así, todo eso de Ofelia, la tenuidad, tan poético, y a mí me

salen cosas de renacuajos, de gusanos (Llora.)  y no sólo hablas así; toda vos sos

así, heroica, sacrificial, de gestos dignos y elecciones elevadas. Juana de Arco sos.

AMINA: Las mujeres somos así. La madre de Ángeles, el nenito de Ángeles, ¿no?,

vos también. Sabés que le dijo al esposo que no volviera. “Andate… Sos joven,

casate”, le decía. “Yo no puedo tener más hijos”. Con lo lindo que son los hijos,

porque son la alegría de uno.

AMINA: ¿No?, ¿no?… No les interesa.

AURORA: Yo, en cambio, ni siquiera te prestaba mi ropa. Y vos me la tenías que

robar. (Llora.)

ÁNGELES: Tampoco es tan así, no te la robaba. (Llora.)  Me la ponía para

humillarme. Esos pantalones, esos miss no sé cuánto, del bolsillito atrás, chiquito,

que a vos te hacían un culo demoledor; yo me los tenía que poner agarrados con

agujas de gancho. (Sigue por lo bajo.)  Eran grandes de acá, ¿ves?…

AMINA: No, no les interesa. No… está bien, yo me entretengo con mis ratitas.

Son lo más parecido a los hijitos.

Amina saca de la mesa del costado la pecera con las dos ratas y la pone delante de

ella. Fuma y llena de humo la pecera. Inquietante asfixia.

AURORA: Alfileres de gancho. ¿Gruesas?, ¿grandes?

ÁNGELES: Sí.

AURORA: (Se pega. ) Por eso aparecían todos agujereados adelante. Ahora no sé si

lloro por los pantalones o porque vos todavía no me pedís perdón.

ÁNGELES: Te parece…

AURORA: Porque vos no me pedís perdón o porque entonces era cierto que me

sacabas la ropa… (Se pega.)

AMINA: Basta.

AURORA: (Se sigue pegando.)

ÁNGELES: Basta.

AURORA: O porque no me sirvió para nada tener mejor culo que vos.

Ángeles le acaricia y le besa la cabeza. Aurora le da una cachetada. Ángeles la

mira. Amina enciende el ventilador.

AURORA: No puedo resolver todo junto. El pasado y el presente. Dejame.

ÁNGELES: Dejate de joder con la ropa, por algo me atraía tanto, quería tu ropa

porque me excitaba, porque…

AURORA: Es mucho. Oli, perdido; seguramente arremolinado con los peces en la

red intermunicipal; vos, con declaraciones amorosas; el recuerdo de los pantalones

pinchados… aceptar que tus manos que hoy me declaran un amor… (Piensa,

titubea, como eligiendo las palabras.)  inagotable, inmensurable, una inundación de

amor… (La mira fijo.)  son las mismas que me pinchaban los pantalones.

Demasiados, demasiados elementos interactuando en mi corazón.

ÁNGELES: Pero vos y yo juntas, unidas por el amor, el destino y la sangre. Como

Rómulo y Remo, como…

AURORA: Rómulo y Remo no eran amantes.

ÁNGELES: Remo y la loba. No importa.

AURORA: Decime, ¿vos lo amaste a Oli?

ÁNGELES: Sí, tal vez equivocadamente, pero lo amé.

AMINA: Oliverio no es un nombre bíblico.

ÁNGELES: Oliverio no, pero qué nombre importante, de poeta. Yo quería llamarme

Oliva y él Olivo; quería estar unida por un mismo nombre; pero él decía que le

gustaba Oli, y que yo sea Ola u Olita. No acepté. Tal vez si lo hubiera amado

plenamente lo hubiese hecho. Ahora que lo pienso me doy cuenta que no estaba

dispuesta a todo con él. Con vos es diferente. No hay límite para mí y vamos a

sacar ventaja juntas de tu culo, juntas nos completamos, juntas no nos vencerán.

AMINA: Juntas no nos vencerán. Iuju, cómo me gusta.

AURORA: Pero si ya ni tenemos el cuerpo, ¿qué vamos a hacer?

ÁNGELES: Conseguir más cuerpos, otros cuerpos. (Miradas entre ellas. Pausa.)

Calcarles la herida. Sacarles fotos; l0, 20, l00, las que sean necesarias. Y con esas

fotos: organizar una exposición; empapelar la rambla, la Cooperativa; irnos; no

sé…

AURORA: No te inflames tanto, tu corazón flamea, tu espíritu se irgue.

ÁNGELES Y AMINA: Se yergue.

AURORA: Se irgue o se yergue, no sé, pero yo tengo el buen culo en la tierra. (Se

sienta. Pausa.)  No voy a matar a nadie, moriré virgen.

Ángeles la mira.

AURORA: No te rías. Malraux lo decía. Yo también sé citar. Uno es virgen hasta que

no mata, o si mata, en el sentido de ser nuevo, de lo virgen de… (Se vuelve a

pegar.)  que no quiero caer ni un paso más allá en esta carrera demencial que me

proponés de degradación creciente, de decreciente descascaramiento. Ni aunque

hables de ideales nobles, “faro y símbolo del bien”, o de la baba deshilachada del…

ÁNGELES: Pará, y dejá de intentar… imitarme, digo. No hay que matar a nadie.

Solamente conquistar, seducir. Lograr que nos presten el cuerpo por un ratito.

Somos hembras, ¿no?… Nada grave, elegimos a algunos muchachotes, te los

levantás. Entro yo, con alguna excusa, en medio de la sorpresa, un golpe bien dado

y a dormir por un rato. Tenés somníferos, ¿no?… Somníferos, ¿tenés?

AURORA: Sí…

ÁNGELES: Bueno, eso. Nada difícil. Pintar la herida y fotografiar la obra de arte que

supimos conseguir.

AMINA: Amén.

AURORA: No es una herida fácil. (Pausa.)  Pero tenemos a nuestro favor que la

vimos en un cuerpo verdadero.

ÁNGELES: Sí; yo le apreté esa bandera, a la pierna de Oli, y ahí quedó el dibujo

seco. La mordedura… una figura bastante exacta de los bordes, filosos y

asimétricos. Calcamos la forma de allí y completamos el dibujo con las 27 fotos que

tengo tomadas desde todas las posiciones. No es por restregarte la herida, pero

algunas aptitudes para el dibujo tengo. Acordate del premio de bellas artes.

Aurora se pega.

ÁNGELES: Vos eras bastante buena en música.

AURORA: Pero ¿qué premio gané yo?, ¿eh?… Nunca…

ESCENA 3

Un ruido. Por la canaleta cae un pesado bulto, envuelto en una red: el cuerpo

muerto de Oli, algas, pescados. Asoma un pie. Ángeles y Aurora en el medio del

polvo. Aurora mira fijo el pie. Por momentos, Amina levanta por la cola a las ratas.

Caminan por el borde de la pecera. Parecen poder escapar. Pero es inútil. Volverán

a caer en el interior de la pecera.

AMINA: (Mira el cuerpo de Oli. A público. ) Está igualito.

AURORA: Yo me voy.

AURORA: Están avivados, o si no, decime por qué van a tirar el cuerpo acá. Nos

están probando. Éste no es el depósito. Sería mejor irse.

AMINA: Ah, claro… ahora la dejás. Vos misma dijiste que nunca nadie había hecho

tanto por vos. ¿Y?… Te quedás. Ley de retribución compensada. El depósito está

irrespirable, por eso lo tiran acá.

AURORA: Y vos te crees que eso a él le importa. (Mira a Ángeles)  Pero no, no, yo

nunca pensé dejarte. Nos vamos juntas.

AMINA: No, no, yo no puedo, tengo muchas cosas que hacer… los ventiladores, el

humo….

AURORA: Tampoco pensaba…

ÁNGELES: (Saca un pescado entre la red que recubre al cuerpo muerto).  No te

preocupes. Yo sé qué hacer. Habría que… (Todas se miran ).

AURORA: No, pará. Basta. Ahora me vas a decir que hagamos una hermosa

escultura, usando los materiales a mano. Por ejemplo (Intenta imitarla)  hacer una

cocción con barro, las escamas del pescado y el lienzo de la bandera. Algo simple,

con la pasta modelamos una escultura, una escultura maravillosamente real,

conmovedoramente humana, (aunque “artes en relieve” no me acuerdo que hayas

estudiado), una especie de maniquí, lo ponemos en la red y una vez recuperado el

verdadero cuerpo lo arrastramos a través de…

ÁNGELES: No, para nada. ¿Estás bien? ¿Estás afiebrada? Aunque te aclaro que sí,

sí, cuando estuve en las reservas indígenas de Oruro, estudié objetos totémicos…

humanizados. Pero no, no es eso. Ya tomé una decisión. Yo ya pagué con el cuerpo.

Si ése es el costo, está bien. Quiero estar con vos. Y si vos lo necesitás te lo voy a

seguir demostrando.

Arroja el pescado sobre el cuerpo de Oli. Amina lo recoge del piso y lo manipula.

ÁNGELES: Y lo volvería a dejar tantas veces como lo necesites. Ya te conté mi plan:

“La exposición de fotos”, conseguir otros cuerpos. Avancemos sobre eso.

AMINA: Paso adelante. (Piensa)  A-delante, de late, de latado…

AURORA: Entonces, no vas a intentar nada, tenés el cuerpo ahí, otra vez, y no vas

a intentar nada.

ÁNGELES: ¿Nada? ¿Te parece poco? Su masculinidad está muerta para mí. (Pausa)

Lo digo como una metáfora. Y tu femeneidad viva, me inquieta y me desbarranca.

Caigo, me siento caer al éxtasis, a la piedad, a la locura. Me caigo (La empuja y

caen sobre el cuerpo de Oli envuelto en la red)  Sólo en tu ternura tendré reposo.

Durmamos. (Largo beso.)  Ya está hecho.

AMINA: (Muerde el pescado.)  Así hablaba Lady Macbeth.

ÁNGELES: Claro, porque en Macbeth (Se levanta.)  era siempre de noche, pero acá

no… está oscuro porque hay humo, por eso está oscuro.

AMINA: En Ravino la hora que preferimos son las doce del mediodía. (Cuelga el

pescado de un alambre delante de su mesa-escritorio.)

AURORA: No vas a intentar nada. No sé si me halaga o me decepciona. Siempre

espero demasiado de vos. Eso es lo que me pasa a mí. Tendría que repensar esto.

Quizá me haya quedado fijada a una imagen demasiado poderosa de vos. Como los

pies. (La miran.)  Es una vieja historia… de una bolsa de agua caliente. Y no voy a

decir nada más.

AMINA: Ella te quiere, Aurora, lo que pasa es que tiene demasiadas cosas en la

cabeza.

ÁNGELES: Zonsa, tontita. (La levanta.)  Apoyate en mí. Confiá en mí. ¿Soy la

mayor, no? Pero ahora somos una. Escuchá como llueve. Vení. Te voy a contar una

historia, como cuando te leía en voz alta cada noche.

AURORA: Lo del pelo y mamá, no.

ÁNGELES: No tengas miedo. Yo puedo pensar qué hacer. Vos recostate acá y

descansá. No pensés.

AURORA: Ves que vos me tratás como una tonta. Sos vos, es claro.

ÁNGELES: ¿Yo?

AMINA: En eso tiene razón.

AURORA: A ver, decime algo mío que te guste, algo en lo que yo sea mejor, algo

que te haya dañado y te haga sentir una tonta, una cucaracha.

Silencio.

AURORA: Tanto tenés que pensar. No tuviste mucho éxito con los hombres. Vos no

sabías hablar con los hombres. Ahora me vas a decir que es porque no te

interesaban, que los hombres… (Vuelve a llorar.)

Silencio.

ÁNGELES: Sí, soy fea. Vos sos mucho más linda que yo. Oli una vez me dijo que

tenía cara de ratón. Fue una tarde en el living de su casa. Y había gente. Yo andaba

atrás de él, buscaba alguna señal, viendo si tenía posibilidades, si…

AURORA: Si le gustabas o no.

ÁNGELES: (Llora.)  ¿Ves?, ves que vos hasta lo decís más fácil. Sí, eso, sí le

gustaba. Y me lo dijo así, sin nada de ternura. Seco. Un ratón. Yo me miro al

espejo y (Pausa)  puede ser… por las fosas de la nariz muy abiertas, por los ojos

redondos, desproporcionadamente redondos; por las cejas peludas… vos sos

mucho más linda que yo.

AURORA: No, no… No me parecés fea. Tal vez no pongas demasiada atención en tu

arreglo, pero gracias tenés.

ÁNGELES: Gracias. Me esmero, me esmero… pero no se nota. La vergüenza que

digan: “qué raro dos hermanas y no se parecen, tal vez un aire, mirando bien algo

tienen. Pero son dos bellecitas muy distintas”. ¿Cuál era mi belleza? Por favor.

Todos comparándome con vos. Eso es insoportable. Vos la mina, la mujer. Todos

los encantos para vos, los placeres, los artilugios femeninos para vos.

AURORA: Sí, los embelesos, los hechizos, los sortilegios… Cansás. Bajá un poco.

ÁNGELES: Los miles de orgasmos que me contabas que tenías, mientras a mí se

me acalambraban los pies, pajeándome. Pero ya está, ya lo acepté. (Llora) . Ahora

estamos acá, y podemos empezar de cero.

AURORA: No, todo sigue. El destino te puso otra vez el cuerpo de Oli adelante, a

tus pies. (Pausa.)  Mirá que no es común tener dos oportunidades. Vos te quejás, te

quejás pero tenés un… una suerte que… En serio, pensalo.

ÁNGELES: Nada que pensar.

Ángeles levanta los pies del cuerpo de Oli y lo arrastra hacia afuera. Aurora la

ayuda. Amina pone un frasco con un poco de agua sobre su escritorio, levanta del

cuello una de las ratitas de la pecera y la sumerge en el frasco. La ahoga.

AURORA: Lo abandonás y no te importa. En serio… Me elegís… Entonces… Sí…

Quiero que sepas que fuera de vos no tengo nada, ni un hijo, ni un lorito. Nada.

Pero esta vez sí, esta vez él (Pronuncia exageradamente la ele.),  él… es el

abandonado.

Amina  saca la rata del agua, la sacude, le ata un hilo al cuello, y la cuelga del

alambre, junto al pescado delante de su mesa-escritorio.

AMINA: A-bandonado, bando-nado, b-ando-nado, que no ando, que no nado, él,

si…

ÁNGELES: Mañana empezamos con Jesús. Cuántos años tiene, qué le gusta. Datos.

Dame datos.

AMINA: Pelo túpido, salvaje.

ESCENA 4

En penumbras, Ángeles cuelga fotos alrededor del escritorio. Aurora se viste con las

banderas. Las dos mujeres rodeadas de fotos. Al otro lado, con luz; Amina, en la

silla, con la rata ahogada y el pescado. Ambos cuelgan.

AMINA: Todo esto es un gran rumor, de la mordedura en la ingle se habla, se

habla… pero verla, nadie la vio. En las fotos, los cuerpos siempre aparecen, (aparecen,

no parecen, son), están vestidos. Y tienen la cabeza un poquito peladita.

Un dibujito geométrico, bastante gracioso. A dónde van a parar los pelos, tampoco

se sabe, a los familiares no se lo entregan. Ustedes no sé si escuchan por los

ventiladores, pero hay mucho ruido, y claro, la lluvia, el viento, los animales que

golpean. A veces se cae algún pedazo de pared, pero mantenemos todo cerrado, lo

tapamos enseguida, por el agua y el humo. Mejor que no entren. Estamos un

poquito encerrados, pero estamos bien. La exposición de fotos ya es casi un hecho.

Al primero que le sacaron fotos fue a Jesús, lo engañaron enseguida. Claro, Aurora

es atractiva, (tractiva, no tractiva), bueno vistosa, así que Jesús se prendió rápido.

Después le sacaron a Eva Solaris, claro… prometieron conseguirle la foto del

marido. La que rompió, y, bueno, también la convencieron. Y así están,

prometiendo y mintiendo a todo el pueblo. Yo creo que no es un buen camino.

¿Cuánto tiempo les va a llevar? Y tanta pelea entre ellas… no es a-morosa, no es

rápida, es lenta, no va. Retarda la resolución. No rinde. La verdad es más simple.

Seguro hay una Ley del rigor. En el sentido de exactitud. Ahora quieren conseguir

la foto de un niño. Y están investigando sobre Ángeles.

Ángeles y Aurora rodeadas de fotos. Ahora con luz. Aurora tiene una bandera

enredada al pecho, con una larga cola, y una atada a la cabeza. Gorro frigio.

AURORA: ¿Y salieron bien?

ÁNGELES: No tenés estilo.

AURORA: Las fotos las sacaste vos.

ÁNGELES: Cómo le vas a decir así, directamente, esas groserías.

AURORA: ¿Cuáles? ¿Que me gustaba que me bese?

ÁNGELES: No te hagas la idiota, (Con vergüenza, casi no se entiende lo que dice)  lo

del chupón y todo eso. Hacete desear un poco. Con razón te abandonaban. Mirá

cómo te vestís. Te manejas mal, como una cualquiera.

AURORA: Yo no estoy buscando un hombre en serio. Necesitábamos que sea lo más

rápido posible, que se enganchara.

ÁNGELES: Sí, está bien. Pero si no fuese por esto, si lo hubieses conocido por tus

medios, en la vida… no sé como decirlo mejor. Hubieses hecho lo mismo. Y eso

me molesta. Te conozco. No sos confiable. Vivís en función de los hombres, de los

deseos de los hombres.

AURORA: ¿Te parece?

ÁNGELES: Perdoname. Está bien lo que hiciste. Pegame. Haceme doler. Pegame. Te

hago mal. Otra vez te hago mal. Así fue como te alejé de los hombres, de todos tus

novios. Por envidia, por celos. Es espantoso… y si sólo te amo porque no puedo

aceptarte como una hembra completa, (Con vergüenza y en forma apurada)

deseosa, deseable… Dejame sola. Soy ruin.

AURORA: No, yo te agradezco. Tus consejos me ayudan. (Se arranca las banderas,

le ofrece su pecho. Ángeles se lo pellizca)  Es la primera vez que alguien me

demuestra así su amor. Es la primera vez que alguien se sacrifica por mí. No sos

ruin. Quiero estar con vos. Pero… 1º: tardas demasiado con la pintura. 2º: puede

llegar una inspección a mi oficina y… 3º: se van a dar cuenta. Y se acabó el

somnífero.

ÁNGELES: Cuarto.

AURORA: ¿Qué?

ÁNGELES: Cuarto, se acabó el somnífero… y se acabó todo. Me voy. Mirá, ésta es

la única foto que sacaste vos. Y ni se ve la herida, ¿qué querías?, ¿un recuerdo de

sus genitales? Lo único que se ve es esa cosa peluda.

AURORA: No, no. Quinto, vení. Quinto, dale vení. ¿Con quién seguimos?

ÁNGELES: Y en ésta, encima estás vos.

AURORA: No puede ser, estás confundida. A ver.

ÁNGELES: Cómo para equivocarme, tenés ese angelito espantoso en la panza…

quéotra persona podría tener eso… ahí.

AURORA: No te gusta, entonces… me mentiste.

AMINA: Se pone mal. Muy mal.

ÁNGELES: Tampoco es para que te pongas así. No hablo de vos, tu cuerpo, tu

panza… es el dibujo… no es que no sea lindo, que la verdad no es… es feo, sí.

AMINA: Es hora de que sepas, en una verdadera familia no hay secretos. Ley

vincular. Aurora tuvo siempre problemas con los hijos.

AURORA: Quedamos que no le contabas nada, ¿no?

AMINA: Que estaba embarazada, que no estaba. Nunca sabíamos bien. Al final

quedó.

ÁNGELES: ¿Y?

AMINA: Más gorda, más gorda. Pero bueno, tuvo el hijo y, claro, tanto lío, tanto lío,

se le reventó la barriga, el útero ¿no?… Ella, chocha con su hijo. Era varón, bien

varón. Pero le puso Ángeles.

AURORA: Por la colección de miniaturitas, por eso fue.

AMINA: Para mí, por lo que vi, era una forma de tenerte, su forma… Ustedes son…

un poquito…

ÁNGELES: ¿Qué?

AMINA: Nada, nada… Ya desde el embarazo andaba mal con el marido; y con el

nacimiento del hijo peor. Para mí lo del nombre también tuvo que ver. No sé,

bueno, discutían, él empezó a tomar… el chico vivía todo eso. Tu hermana flaca,

flaca. De no creer. El chiquito se enfermó. Problemas respiratorios. A los dos añitos

se murió. “Muerte por asfixia”, decía el parte. En el velorio…

AURORA: Otra vez lo de “paf-paf ”, no. (Imitando el relato de Amina del velorio.)

AMINA: Ahí fue donde ella se pintó esa señal, el angelito ése de la panza. “Estoy

estigmatizada”, gritaba, “Estoy estigmatizada”, una especie de marca… sería, no

sé, como para que sepan que fue madre. Un testimonio. Más o menos como lo de

las fotos, los dibujos, las banderas. Casi una marca de familia. (Mira a Ángeles.)  Y

en esto me parece que fuiste un poco dura con ella, porque mas allá que es

horrible, tiene un valor simbólico. Y, bueno, sí, ya lo sabés. Ella, Aurora… lo ocultó.

No quiso ponerte mal. Un gesto que habla bien de ella de alguna manera.

ÁNGELES: Que habla bien de ella. ¿Así lo decís? La enaltece. La eleva. Aurora,

Aurorita… nunca creí… perdoname, perdoname todo…

AURORA: Perdonarte ¿qué?, específicamente ¿qué? Yo podría conseguir otro

marido, otro hijo, propio no, pero, bueno, ajeno, y hacerlo mío. Pero otra hermana,

otra hermanita ya no podría tener nunca. Mamá es muy mayor.

AMINA: Eso me parece que lo leí en Antígona . (A_ntígona, es raro, pero rima con

ngeles).

AURORA: Tenemos un plan y estamos juntas. No nos detengamos más.

ÁNGELES: Me ahogo de amor, mi amor, mi hermana… (Se acercan, casi

besándose.)

AMINA: Bueno, basta, ya escuché demasiado. Ustedes están sumergidas en una

pasión que las a-gota, claro, a-gota que no es sólida. Ni líquida tampoco. El amor,

la pasión no rinden. Puro despilfarro de energía. Lloran y lloran y se besan y ¿para

qué? Todo es en exceso. Efervescencias propias de un placer a-rrebatado,

¿rebatado, rebatado?, bueno, no sé. Yo creo en las fotos. Y ya lo dije en su

momento. Pero no es lo adecuado. Hay que usar el método adecuado para cada

caso. Cuestión de sistemas, no de corazonadas. Yo creo que hay que decidirse.

Tomar decisiones.

Amina, saltando sobre su silla, vuelve a pasar al escritorio. Se sienta sobre él. Saca

del bolsillo de su guardapolvo una prótesis dental y se la pone.

AMINA: La prótesis dental. El molde de diente de Poncio, lo trabajé y lo reconstruí.

Analicé la herida en el material de calcar, la comparé con las fotos de los archivos,

tomé medidas. El diente parece coincidir bastante. En el subsuelo hay una

impresión dental completa de todos los muchachos. Combiné todos estos elementos

y elaboré estas maravillosas prótesis. Hice tres. (Saca otros dos aparatos de

prótesis dentales de su bolsillo, y se los pasa a Ángeles.)

ÁNGELES: (Toma los aparatos, le pasa uno a Aurora.)  Qué decía yo… qué decía: se

pierde demasiado tiempo con la pintura.

AURORA: (Mira el aparato, y se lo devuelve a Ángeles.)  Ni pensés que yo…

ÁNGELES: Sí, bueno, me pregunto si es ir demasiado lejos… a ver… (A Aurora.)

vení un poquito, (Le pone a la fuerza el aparato.) , pero se ganaría realismo. Yo

misma me preguntaba: ¿cómo percibirá estas fotos alguien que nunca vio una

mordedura?, ¿podrá creernos? Por más que les pintemos una linda mordedura,

altamente traumática, y después le saquemos una foto… la imagen fotográfica las

distancia, las apacigua. ¿Por qué? Porque son fotos de dibujo. No va.

AURORA: (Guarda la prótesis.)  Si te empezás a cuestionar todo va a ser muy difícil.

Hay que tener creencia. Vos siempre lo decís.

ÁNGELES: (Se pone el aparato, enardecida.)  Pero esto no es una cuestión de

creencia sino de imagen. Mirá la foto de Jesús, la de Eva, una mordedura, sí, una

mordedura, pero no lastiman, no punzan. Si se es parcialmente auténtico, se es

totalmente falso. Y ya sé que me vas a decir extremista y… Pero es así.

AURORA: Pero se parecen bastante a una mordedura…

ÁNGELES: Y eso es peor que no parecerse en absoluto. Mirá. Es un artificio, está…

domesticada… una ilusión. No hay escándalo, no hay excepcionalidad, no hay…

AURORA: No hay nada que hacer. (Saca el aparato de su bolsillo y se lo pone.)  No

te esfuerces más. Estoy con vos. Mordamos. Pero ¿a quién?, ¿cómo?

ÁNGELES:(Se saca el aparato.)  No sé, no pensé. En realidad no creí que me ibas a

decir que sí.

AMINA: (Volviendo a su lugar.)  Vamos, somos hembras. Y estamos solas. Siempre

quise decir esto.

Ángeles y Aurora en penumbras, delante del escritorio. Con las prótesis en la boca.

ÁNGELES: La última vez salió mucha sangre.

AURORA: Hubo que calar hasta el hueso.

ÁNGELES: No tendremos suficientes, me pregunto.

ESCENA 5

Ruido de choque de hierro. Vuelve a caer el cuerpo de Oli, por la canaleta, y de

inmediato otro ruido y cae un pesado paquete como de diarios viejos, mojados. Son

fotos. Otra vez un estruendo. Otra vez polvo. En algunas de las fotos se ve a

Ángeles y a Aurora.

AMINA: A-dentro de la Cooperativa.

AURORA: Otra vez. ¿Y esto? Está trucado. No entiendo. No sé… Yo no soy

pelada… y las piernas todas mordidas… mirá.

ÁNGELES: Estamos muertas.

AURORA: No.

ÁNGELES: Tal vez estemos hablando, vivas, y estemos muertas. Hay poca

diferencia.

AURORA: Sacate eso, no te entiendo.

ÁNGELES: (Se saca la prótesis.)  Que estamos vivas pero estamos muertas.

AURORA: No, no entiendo.

ÁNGELES: Nos van a matar. Es claro. Es un signo claro. Nos están avisando. Casi

una delicadeza.

AURORA: Dejate de joder, no es momento… dale, pensá, vos siempre decís que

hay que reflexionar, dale, pensá… pronto.

ÁNGELES: Y… podríamos… hacer algo juntas, lo más importante es eso: que no

nos puedan separar… a ver… ya sé: tengamos un hijo. Un hijito.

AURORA: Y yo que te creía coherente… que pensaba que podía confiar en vos,

apoyarme, que…

ÁNGELES: Pará, lo digo en serio. Claro que pienso. Mirá, no sé si vos sabés, pero el

esperma de un hombre muerto sigue siendo fértil, es decir, de alguna manera está

vivo.

AURORA: Ah. Semen de un cadáver ¿decís?

ÁNGELES: Sí, no lo sabías, hay mucho escrito sobre esto. Amina también lo dijo,

como el pelo y las uñas son tejidos que…

AMINA: Ley de sobrevivencia celular, ya lo dije.

AURORA: No, mirá vos, no lo sabía, el semen ¿no?, pero y con eso ¿qué?

ÁNGELES: ¿No entendés? Algo nuestro, un hijito, que nos sobreviva. Dale,

ayudame.

Trasladan el cuerpo de Oli. Lo suben al escritorio.

ÁNGELES: Una vez que consigamos el semen de Oli lo inyectamos en un óvulo

nuestro y una vez fecundado, es fácil, lo metemos en el vientre de ella, de Amina.

AURORA: No, no sé, no entiendo.

ÁNGELES: De ahí, ahí… extraemos esperma de Oli, del epididimo, unos tubitos que

están atrás…

AURORA: De los huevos, decilo.

ÁNGELES: Bueno sí, ya sabés, que a mí me cuesta más todo eso… de ahí…

Silencio.

ÁNGELES: No los toques tanto. (Pausa.)  Tanto, tanto…

AURORA: No. Lo que pasa es que se hace así… hay que apretarlos un poco,

estimularlos. Darles un poco de calor… (Mira a Ángele s.) ¿Tanto? No, un poquito,

¿ves?, así.

ÁNGELES: Sí, tanto… y con esa… facilidad… familiaridad… eso sí entendés, eso

te gusta ¿no? Bueno ya está, basta. Es una preparación, nada más. Deja… eso.

Basta. El óvulo. Vamos al óvulo.

AURORA: ¿Mío o tuyo? Porque yo no tengo útero, pero óvulos tengo, y tengo tanto

derecho…

ÁNGELES: (Sin dejarla terminar.)  Mellizos.

AMINA: Descomprimir la uretra.

AURORA: ¿Qué?

ÁNGELES: Sí, claro. Lo primero es hacer pis. Para la preparación del óvulo, primero

hay que… a ver dónde…

Amina le da a Ángeles dos frascos de vidrio, iguales al que usó para ahogar su rata.

Ángeles le pasa uno a Aurora.

AURORA: Te parece…

Se colocan delante del escritorio, cada una con su frasco. Se dan la mano.

ÁNGELES: Tranquila, si no, no vas a poder, probá, como yo… (psh, psh.)

AURORA: Pero necesitamos un médico, no nos queda tiempo, no sabemos si Oli

estaría de acuerdo, es un abuso, no va… (Llora.)  como te sobrevaloré, te

sobrevalué, te sobretasé, te sobredimen… Decís pavadas… qué triste final, morir

solas, acá, ignoradas, ahogadas de humo, sin sentido, sin que nadie lo sepa, sin

rastros, sin pisadas, con la cabeza pelada y las piernas todas mordidas, en este

encierro, destierro, perro…

ÁNGELES: No te hagas la profunda… Y meá.

AMINA: Si, meen. Meen. A ver las fotos. Yo entiendo de esto. Las puedo ayudar.

Ah, ajá, Ah, (Mira las fotos largamente.)  Sí, sí… Todo el aspecto de un próximo

ahogo. En definitiva lo más natural, considerando la ocasión y el lugar… Ravino,

¿entienden?, con v corta… Lo más natural sería el a-hogo, ¿no? Aurora no te

pongas mal, a ver, contestame, ¿vos no te ahogás a veces?

AURORA: Sí.

AMINA: Es por eso, el lugar. Yo puedo colaborar, decime, y desde lo de tu hijito

más ¿no?

AURORA: Sí… ¿por qué?… ¿nos vas a ayudar?

AMINA: Sí, tienen que hacer lo que yo les diga, es así, si no… ustedes deciden.

AURORA: Sí, por favor.

AMINA: En primer lugar se separan. A ver… los tarritos.

ÁNGELES: No, no eso, no, yo me quedo acá. Aurora, prefiero tenerte cerca, si no,

no puedo…

AURORA: Hagámosle caso, por favor…

ÁNGELES: No.

AURORA: Te doy algo mío, ¿qué querés?

AMINA: Pásenme los tarros de una vez.

AURORA: El tarrito, tomá. Andá, por favor.

Ángeles y Aurora cambian los frascos. Ángeles va al escritorio de Amina. Se lleva el

tarrito de Aurora. Amina enciende el ventilador de pie. Indica a Ángeles que lo

sostenga frente al ventilador. Aurora sigue agachada. Ángeles abraza el tarro.

AMINA: Eso, así, se sueltan un poquito, ya estuvieron bastante… son grandes…

qué cosa… Ángeles, vos vení aquí, a la izquierda, como corresponde, cada cosa en

su cucheta, vos, Aurora, ahí, agachadita, así estás bien, tranquila, como

corresponde, en su cucheta. Yo, en el medio, ¿no estamos mejor así? Todo el

tiempo, lo estaba pensando. A Oli, corrémelo un poquito, preferiría no verlo, a ver,

sí, así. (Ángeles baja el cuerpo de Oli del escritorio. Sólo asoman sus piernas.)  La

mirada, siempre adelante… Ahora esperen, puede pasar un tiempo, pero ya van a

venir, ustedes calladitas; yo testimonio por ustedes. Explico todo. No va a ver

ningún inconveniente. Acá lo que se necesita es alguien que se ocupe de las

banderas. Pasámelas, Ángeles, yo me ocupo (Ángeles junta todas las banderas y se

las entrega.)  Tres abanderadas, a-banderadas, ¿banderadas?: Con banderas, abanderadas,

que no tienen banderas, sí, eso tiene que ver con el rendimiento. Ley

de Rendi… ción, no miento, rendimiento. Ésta colgala atrás. (Ángeles cuelga una

bandera de la canaleta.)  Fuerte. Un poco de aire, están bien, ¿no?, ya van a ver,

ya pronto van a ser las doce…

AURORA: Estoy cansada, no puedo más… ¿cuándo vienen?… creí que había

encontrado un lugar, creí que no iba a estar más sola, que podía confiar, un lugar

para…

ÁNGELES: Aurora, pero sí que podés confiar, mirame, Aurora…

AMINA: La mirada hacia adelante.

ÁNGELES: Aurora, dame una mano, tocame, Aurora.

AMINA: Respeten las posiciones.

AURORA: ¿Cómo estoy? ¿Cómo me veo? Se está bien aquí, calentito, ¿no? Estoy

tan cansada, no sé de qué hablo, qué digo. Algo me ahoga aquí. Que lindo…

recuerdo que siempre busque un lugar así, para tirarse y… descansar…

recuerdo…

AMINA: Sin recuerdos, por favor. El rinde del recuerdo es a-ventajoso. Si hay

recuerdo, ya se perdió algo. Es pura pérdida. Por favor, sin recuerdos, es

claramente, a-ventajoso.

AURORA: No, no te enojes… ya comprendí, comprendí todo, “cuando comprendas

no vas a tener más miedo”, Ofelia, murió ahogada, en el arroyo, pero qué lindo,

Eva Solaris también, no Pelluzzi, o el caballo, o la oveja, qué sé yo… esa

delgadez… esa tenuidad… “La boca, la boca”… no, no me acuerdo… pero sí, sí…

comprendí…

Aurora se levanta. Deja su frasco. Se tira delante de la mesa-escritorio de Amina.

AURORA: Qué soy yo… una boluda…

ÁNGELES: Basta, Amina. Vine por ella, y nos vamos a ir juntas. Nos vamos.

(Intenta irse hacia su hermana, tendida en el piso, con el tarro en la mano.)

AMINA: (La toma de la boca del tarro.)  No es prudente que te vayas, llevándote a

tu hermana así.

ÁNGELES: Así ¿cómo?

AMINA: Se murió. Se ahogó, bah. Como mi ratita. “Tode Des Ertrunkens”.

ÁNGELES: ¿Qué decís?

AMINA: “Muerte por ahogo”, lo que sentencia el padre al hijo en La Condena  de

Kafka.

ÁNGELES: Y el hijo se tira al río…

AMINA: Se arroja. (Le saca el tarro. Pausa.)  Y ahora sí: podés ir.

Se miran. Larga pausa. Ángeles, sube con dificultad, por la canaleta. Se arroja. Su

cuerpo cuelga.

AMINA: Mis ratitas, caray… son lo más parecido a los hijitos… (Canta.)

 

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