Un arrecife es a la vez un cuerpo y un documento de ese cuerpo.
Sus cadáveres acreditan su historia y sostienen su cuerpo vivo. -Steve Zissou

 

Arrecife es un proyecto que propone invertir, a partir de la danza, la lógica del archivo para someterla a la de la escena: la del reino de lo que desaparece en el acto mismo de su materialización y que no puede residir en sus restos materiales. Durante nueve días se repite una coreografía. Cada día, un colaborador diferente documenta algún elemento de los cuerpos en acción y lo inserta en un depósito que es a su vez un intento de archivo.

La tarea que se propone el colectivo A.M. es una puesta en escena de los límites del archivo, un desafío a su fuerza de ley en complicidad con la finitud.What happens in Vegas, stays in Vegas. La premisa es que el acceso a este anti-archivo -un riguroso intento de documentación articulado desde el campo de conocimiento de cada colaborador (artistas visuales, científicos, ingenieros de sonido, etc.)- dependa de la presencia de un cuerpo en movimiento sin el cual desaparece; este ejercicio le impedirá efectuar el mandato de cerrarse, establecerse y ponerse al abrigo. El registro se convierte entonces en una prótesis del cuerpo en movimiento que nunca se sostiene por sí sola, puesto que lo vivo nunca desaparece en presencia del archivo, se produce una tensión entre ambos. La fisión que asedia desde el origen a la experiencia generada para ser archivada- la operación de separación entre la impresión y la impronta- es revertida al archivo. La lógica de robo de autonomía se invierte.

Si la danza va a entrar al museo tiene que defender su temporalidad y su inmaterialidad. Pero ¿qué tipo de inmaterialidad? El nuevo entusiasmo por la danza en la escena contemporánea internacional, responde también a una lógica específica de mercado y a una sociedad basada en el intercambio laboral y cultural de valores inmateriales1. Las experiencias han reemplazado a los objetos como mercancía primaria. En 1998 B. Joseph Pine II y James H. Gilmore acuñaron el término “economía de la experiencia” con el cuál inscribían a la experiencia como el siguiente paso evolutivo de la economía: Las materias primas son fungibles, los bienes tangibles, los servicios intangibles, y las experiencias memorables. Se trata de generar las condiciones de posibilidad para que la danza entre al museo conservando su naturaleza inmaterial sin domesticación, no como una mercancía acumulable por ser memorable sino postulando la inmaterialidad soberana y por lo tanto finita.