Documento
Obras
Artista
Angélica Liddell
Año
2004
Créditos
Lugar estreno: Sala Pradillo, Madrid. 19 de septiembre
Interpretación: Gumersindo Puche, Angélica González y Leonardo Fuentes
Intérpretes vídeo: Elisa Sanz, Jesús Barranco, Álvaro Alcalde, Mateo Feijoó, Pilar Blasco
Foto de Simón: Natxo Laborda
Escenografía: Angélica González
Vestuario: Gabriela Hilario
Iluminación: Óscar Villegas
Banda sonora: José Carreiro
Edición vídeo: Salva Martínez 
Producción: Atra Bilis Teatro
5 de junio 2020
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Once Upon a Time in West Asphixia. Hijos mirando al infierno

ORACIONES

NATACHA.- Protégenos, Simón. Protégenos de la mediocridad del

mundo. De la estupidez. Protégenos de las buenas intenciones.

Protégenos de los curas, de los maestros, de los ministros, de los

médicos, de los padres, de todos aquellos que nos protegen.

Protégenos, Simón. Protégenos de la salvación y de todas las cosas

buenas de la tierra. De los que dicen que nos aman porque son esos

los que más nos odian. De nuestros hogares limpios, dignos y

ejemplares. Protégenos del bienestar, de la salud, de la decencia.

Protégenos de la alegría. Protégenos de la fertilidad. Oh, tú, Simón.

REBECA.- Aféitanos hasta los huesos y graba en ellos la inteligencia,

Simón. Libra nuestra mente de tópicos y concédenos el talento,

Simón. Alimenta pensamientos arriesgados y senderos impúdicos,

Simón. Siembra cerebros en los nudillos de nuestras manos y en la

punta de nuestras lenguas, Simón. Aumenta la velocidad de nuestra

sangre, Simón. Enfurece a los lobos de nuestros atormentados

espíritus y aniquila a los corderos, Simón. Haz que los sapos

forniquen con las ratas , las culebras con los hurones, los cangrejos

con las lombrices, Simón. Escaleras arriba Simón, escaleras arriba.

Concédenos la fuerza, la potencia, la decisión, la rapidez. No nos

abandones nunca, nunca. Oh tú, Simón.

TESTIMONIOS

OLIVIA, MADRE DE NATACHA

OLIVIA.- Simón Alopardi había matado a sus padres con una

escopeta y después se había levantado la tapa de los sesos. Natacha

y Rebeca eran las únicas niñas en el funeral. Se conocieron allí. Todo

empezó en el cementerio. Parecían murciélagos con aquellos

paraguas negros. Murciélagos. Y de repente se pusieron a cantar la

misma canción. La misma canción, y al sonreír se les veían los

dientes, y removían la tierra con los pies. Me entraron escalofríos.

SEÑOR KUBELKA, PROFESOR DE LAS NIÑAS

PROFESOR KUBELKA.- Natacha y Rebeca alcanzaron una amistad tan

profunda porque eran conscientes de su anormalidad. Sabían que

teniéndose la una a la otra nunca estarían solas. Eran iguales. A

todos nos gustaría saber que no estamos solos en el mundo, a todos

nos gustaría compartir nuestros pensamientos más repugnantes.

Encontrar a nuestro gemelo, a nuestro gemelo repugnante.

JONÁS, AMIGO DE LAS NIÑAS

JONÁS.- Yo estaba enamorado de ellas, de las dos. Un día me

llevaron a una vía muerta. No pasaban los trenes desde hacía años.

Pero ellas decían que acababa de pasar uno. Decían que era un tren

larguísimo y negro. Decían que yo no lo había visto porque estaba

pensando en mamá cerda y papá cerdo. De repente me dijeron que

había un perro partido por la mitad. Y el perro estaba, era mi perro.

De repente había un perro sobre los raíles del tren, partido por la

mitad.

DOCTOR TAYARA, MÉDICO PSIQUIATRA

DOCTOR TAYARA.- Venían a pasear casi todos los días, al psiquiatrico donde yo trabajaba. Eran hermosas, eran inteligentes, eran libres, no

tenían ningún tipo de conflicto moral. Eran completamente opuestas

a mí. Me encantaba mirarlas desde la ventana del hospital. Al

principio parecían dos hadas, dos hadas cogidas de la mano, dos

hadas tristísimas que me tocaban la frente con sus dedos de oro.

SEÑORA ALOPARDI, ABUELA DE SIMÓN

SEÑORA ALOPARDI.- Simón era bueno, Simón era dulce, Simón era

guapo. Así se lo dije a las niñas. Hizo bien en matar a sus padres.

Eran egoístas y envidiosos. Así se lo dije a las niñas. Simón hizo bien

en matar a sus padres. No beses a la abuela, le decían al pobre

Simón, no beses a la abuela. Simón hizo bien en matarles, así se lo

dije a las niñas. Fueron ellas las que se presentaron en mi casa. Y yo

lo agradecí. Les regalé postales antiguas, postales de putas y cosas

así. Postales de Simón. Es bueno que los niños aprendan cuanto

antes. Es bueno que lo sepan todo cuanto antes.

PRIMERA PARTE

NATACHA.- Susana le cogió la polla, se la metió entre los muslos y

Peter se corrió como un elefante, le untó todo el culo con su leche

espesa, y ella dijo más, más, más, estoy completamente mojada,

más.

REBECA.- Ringo le mordió el coño por encima de las bragas , se lo

comió, se lo comió entero, con bragas y todo, ella tenía el clítoris

como una piedra y entonces apareció su marido y al verla follando

con Ringo se le puso dura, durísima, y se pusieron a joder los tres.

NATACHA.- La follaban por todos los orificios, Johnny se la metía por

el coño, Boby por el culo y Ronald por la boca. Y además tenía las

manos ocupadas, con la mano derecha se la meneaba a George y con

la mano izquierda a Prudy.

REBECA.- Nunca le habían hecho una mamada así. Stephen quería

quedarse a vivir dentro de la boca de aquella guarra para siempre.

¡Chúpamela, chúpamela otra vez! – suplicaba Stephen. Ya no era

capaz de correrse si no se la chupaba Carolina, Carolina la cachonda,

con sus labios blandos y calientes.

NATACHA.- ¡Fóllame, fóllame por detrás! Y Rocki le abrió el culo con

su verga descomunal arrancándole unos gemidos ensordecedores.

REBECA.- Lucas iba conduciendo cuando Rita se bajó las bragas, le

sacó la polla y se le montó encima. Rita saltaba encima de él como

una loca. Corre, corre, corre, corre. Y Lucas apretaba el acelerador

cada vez más mientras le mordía las tetas.

NATACHA.- Mira, ahí llega.

REBECA.- Me gusta.

NATACHA.- Lo sabía. Te gusta.

REBECA.- Me gusta tu padre.

NATACHA.- A veces me mira cuando salgo de la ducha.

REBECA.- Papaíto se preocupa por su niñita.

NATACHA.- Y yo me pongo a cuatro patas, como si se me hubiera

caído algo.

REBECA.- ¿Y él qué hace?

NATACHA.- Un día manchó los pantalones.

REBECA.- ¿Le has visto desnudo?

NATACHA.- Sí , claro que sí.

REBECA.- ¿Has escuchado algo?

NATACHA.- He pegado la oreja a la puerta del báter y le he

escuchado gemir.

REBECA.- Se debe sentir tan solo.

NATACHA.- Pobre papaíto.

REBECA.- Me gusta.

NATACHA.- Lo sabía, te gusta.

REBECA.- Mi padre no es así.

NATACHA.- Son todos iguales. Prueba un día con tu padre.

REBECA.- ¿Está mirando ahora?

NATACHA.- Sí, está mirando.

REBECA.- ¿Me mira a mí?

NATACHA.- Le encantan las niñas, nos comería a todas. Es un cerdo.

REBECA.- ¿Le gusto yo?

NATACHA.- Enséñale las bragas.

REBECA.- ¿Así?

NATACHA.- Ha cogido un periódico. Quiere disimular.

REBECA.- ¡Qué mala suerte! Nos hemos sentado encima de un

hormiguero.

NATACHA.- Oh!

REBECA.- Oh!

NATACHA.- Mira, las hormigas te suben por las piernas.

REBECA.- Se meten por todos los sitios.

NATACHA.- Apártate las bragas.

REBECA.- Me van a picar.

NATACHA.- Yo las mato.

REBECA.- Me pican, me pican.

NATACHA.- Que horror, hay que matarlas, hay que matarlas. (Azota

el culo de Rebeca.)

REBECA.- ¡Así, así…!

NATACHA.- ¿Así?

REBECA.- ¡Así!

NATACHA.- ¿Te escuece?

REBECA.- Malditas hormigas, me han mordido.

NATACHA.- Deja que sople. (Le sopla entre las piernas.)

REBECA.- Papaíto vigila a las niñitas.

NATACHA.- Es por nuestro bien.

REBECA.- Papaíto es tan bueno.

NATACHA.- Quítate la camisa, hace calor.

REBECA.- Un calor espantoso.

NATACHA.- No es nada malo.

REBECA.- ¿Qué hay de malo en los pezones de una niña?

NATACHA.- ¿Qué hay de malo? Son demasiado pequeños para haber

algo malo.

REBECA.- Se está tocando.

NATACHA.- No soporta los pantalones.

REBECA.- I love you, papaíto.

NATACHA.- Do you like, papaíto?

REBECA.- Fuck me, fuck me, papaíto.

NATACHA.- Give me your cock, sweet papaíto.

REBECA.- Está sudando. Hace tanto calor.

NATACHA.- Por eso nos hemos quitado la camisa.

REBECA.- Quítate la camisa papaíto.

NATACHA.- (A Rebeca.) Bésame.

REBECA.- Tu boca sabe a desayuno.

NATACHA.- Me muero entre tus dientes.

REBECA.- El diluvio de tu saliva.

NATACHA.- Alcanzar la garganta.

REBECA.- Tragarme los delfines.

NATACHA.- Te amo.

REBECA.- Te amo.

NATACHA.- ¿De verdad? ¿Me amas?

REBECA.- Te amo.

NATACHA.- Yo te amo de una forma monstruosa. Tengo miedo.

REBECA.- Yo no tengo miedo.

NATACHA.- ¿Te gusta que me levante por las mañanas pensando en

ti, que me acueste por las noches pensando en ti, te gusta que piense

en ti a todas horas, sin descanso, te gusta que me duela amarte?

REBECA.- Sí.

NATACHA.- Di mi nombre.

REBECA.- Natacha.

NATACHA.- ¿Ensayamos?

REBECA.- Sí, vamos a ensayar.

PROFESOR KUBELKA.- Era como estar con una prostituta, lo juro. El

malo era yo porque yo era el hombre, y Natacha era la niña, la niña.

Pero ella se bajaba las bragas todas las veces, todas las veces, era

como estar con una prostituta, lo juro. El malo era yo, sí, aunque ella

se bajara las bragas todas las veces, el malo era yo. Yo era el

hombre y Natacha la niña. Y ella lo sabía y me utilizaba. Era muy

cruel conmigo.

NATACHA.- No hay placer ni dolor. He aprendido a poseer, solamente

a poseer, es decir, a destruir. Destruyo con mi sexo, con la debilidad

de mi sexo. He de aniquilar al profesor porque tengo que acabar con

la fealdad sobre la tierra. Mi sexo destruirá la fealdad.

JONÁS.- Mis padres me daban enormes palizas por fracasar en los

estudios. Aquel día yo tenía un examen, estaba angustiado, quería

morirme, y entonces ellas me dijeron , vamos a hacerte una herida.

NATACHA.- Vamos a hacerte una herida.

REBECA.- Y no podrás presentarte al examen.

NATACHA.- Y no podrás suspender.

REBECA.- Y tus padres no te azotarán.

NATACHA.- Papá cerdo.

REBECA.- Mamá cerda.

NATACHA.- ¿Recuerdas?

REBECA.- Repite, papá cerdo, mamá cerda.

NATACHA.- ¿Quién te pega más?

REBECA.- ¿Quién te hace más daño?

NATACHA.- ¿Quién te quiere menos?

REBECA.- Papá cerdo o mamá cerda.

NATACHA.- No es justo.

REBECA.- No, no es justo.

NATACHA.- Porque ellos son más ignorantes que tú.

REBECA.- Porque ellos fracasaron antes que tú.

NATACHA.- Porque tu sabes el nombre de todos los ríos.

REBECA.- Y ellos no lo saben.

NATACHA.- Porque tu sabes el nombre de todas las guerras.

REBECA.- Y ellos no lo saben.

NATACHA.- Porque tu sabes el nombre de los huesos humanos.

REBECA.- Y ellos no lo saben.

NATACHA.- Así que vamos a hacerte una herida.

REBECA.- Para que tengas tiempo de estudiar.

NATACHA.- Sí, una herida.

REBECA.- Para que seas mejor que ellos.

NATACHA.- Una herida definitiva.

REBECA.- Para que aprendas el nombre de todas las cosas.

NATACHA.- Tienes que aprender Jonás.

REBECA.- ¡Aprender! ¡Aprender!

NATACHA.- A escondidas.

REBECA.- Sin que nadie se entere.

NATACHA.- Hay que aprender en silencio.

REBECA.- Shhhh…

NATACHA.- Y cuando sepas el nombre de todas las cosas nada podrá

matarte salvo tú mismo.

REBECA.- Serás poderoso, inmensamente poderoso.

NATACHA.- Si te encuentras una pluma, estúdiala.

REBECA.- Si te encuentras una astilla de madera, estúdiala.

NATACHA.- Si te encuentras una botella, estúdiala.

REBECA.- Si te encuentras un trozo de metal, estúdialo.

NATACHA.- Y ni se te ocurra escuchar a los maestros.

REBECA.- Porque a los maestros les importa un bledo si aprendes o

no.

NATACHA.- Y algunos hacen lo posible para que no aprendas.

REBECA.- Hacen lo posible para convertirte en un simio.

NATACHA.- Hacen lo posible para que trabajes en una fábrica de

tornillos.

REBECA.- Por tu bien, vamos a hacerte una herida.

NATACHA.- Aprende de este dolor.

REBECA.- Piensa en papá cerdo y mamá cerda, ya no te van a azotar.

NATACHA.- ¡Nunca, nunca!

REBECA.- Aprovéchate.

NATACHA.- Vamos a hacerte una herida.

REBECA.- Hay que darles una lección.

NATACHA.- A los cerdos, una lección.

REBECA.- Piensa en Simón.

NATACHA .- Piensa en Simón.

REBECA.- Piensa en Simón.

NATACHA.- Piensa en Simón.

REBECA.- Piensa en Simón.

NATACHA.- Piensa en Simón.

JONÁS.- Utilizaron piedras y cuchillos. Me destrozaron el brazo. Dije

que había sido un accidente. Tuvieron que amputarlo.

SEÑORA ALOPARDI.- Los padres disfrutan atormentando a sus hijos,

se aprovechan del sentimiento de culpa de los hijos, así se lo dije a

las niñas, atormentaban a Simón, mi precioso Simón, y atormentaban

a las niñas también. Un día Rebeca se presentó en mi casa con la

cabeza llena de trasquilones, pobre criatura, como castigo su madre

le había cortado el pelo, pobre criatura.

REBECA.- Dice que tengo que llevar el pelo corto, como las locas,

dice que estoy loca, dice que me corta el pelo para que todo el

mundo lo sepa, para que todos se burlen de mí, dice que los locos

tienen la fuerza en el pelo, y que por eso me lo corta, para que no le

haga daño a nadie, también dice que soy mala, pero sobre todo dice

que estoy loca, completamente loca, y me trata como a los locos.

Dice que nadie me querrá nunca.

OLIVIA.- Yo estaba borracha. Había empezado a beber demasiado. Le

dije a Natacha que era adoptada. Se lo dije. Le conté todo, lo de su

madre, lo del manicomio, la verdadera madre de Natacha murió en

un manicomio, le conté todo. Yo estaba borracha a todas horas.

Pensaba que había sido un error. Al cabo del tiempo mucha gente se

arrepiente de los hijos que han adoptado. Natacha me contestó con

una nota en la nevera. Había utilizado sangre de pescado para

escribirla.

NATACHA.- Deberías haber criado víboras.

DOCTOR TAYARA.- Se encaramaban a un árbol, frente al hospital, y

miraban a los enfermos. Jamás conocí a alguien con semejante

vocación por la locura. El sufrimiento interior iba abriéndose paso

hacia el exterior y se hacía visible en los rostros de aquellas dos

criaturas. A veces mirarlas resultaba un espectáculo horrible, pero

también arrebatador. No puedo negarlo, las esperaba todos los días.

Deseaba que fueran mis pacientes, no para curarlas sino para

disfrutar de su pasión. Eran hermosas, realmente hermosas. Un día

les dejé un libro de casos clínicos al pie del árbol. Estaba lleno de

fotografías de locas.

NATACHA.- Loca número uno: ella se lanza a la garganta de la

gente, ladrando, como los perros rabiosos. Quiere que la maten de un

disparo. Quiere que la confundan con un perro. A lo lejos, por su

columna encorvada y sus ladridos, tal vez podrían confundirla, tal vez

podrían disparar y matarla. Es la pasión. En los perros es la rabia y

en las mujeres es la pasión. No quiere seguir viviendo.

REBECA.- Loca número dos: Dice que le crecen pelos en todas

aquellas partes donde los pelos no existen, en el paladar, en el

hígado, en las plantas de los pies, en el estómago le crecen pelos. No

duerme. No puede dormir porque escucha crecer el pelo dentro de

ella por las noches. No le duele, simplemente le asusta. Le crece pelo

por dentro porque no puede llorar, y el día que empiece a llorar el

pelo dejara de crecer, eso dice. Le preguntaron de qué color era el

pelo que le crecía por dentro, y dijo que era negro, del mismo color

que el pelo del hombre que la había abandonado.

NATACHA.- Loca número tres: esta mujer ha sido violada por su

padre y por su hermano. El hermano es deficiente mental. Esta mujer

pasa el día dibujando cruces en un papel, miles de cruces, en silencio,

nunca habla, solo dibuja cruces. Cuando le quitan el papel empieza a

chillar como una rata, se muerde la mano, se arranca trozos de

carne, se devora. Si le devuelven el papel regresa al silencio, un

silencio absoluto, y sigue dibujando cruces.

REBECA.- Loca número cuatro: Ella simplemente está sentada.

Dice que tiene tiburones en el cráneo. Habla con los tiburones. Recibe

mensajes de los tiburones. A veces asoman por su boca. Mató con un

hacha a todos los animales de la granja y después descuartizó a su

hermano. Los tiburones le anunciaron el fin del mundo. Dice que ya

no tiene cerebro, que los tiburones se lo han comido todo, y por eso

se sienta en una silla y no hace nada.

NATACHA.- Loca número cinco: Un día salió desnuda a la calle

cuando más fuerte llovía. Estuvo horas corriendo sin parar. Le había

prendido fuego a la escuela donde daba clases. Lo confesó después.

Tenía el vientre y los muslos negros de arañazos, como si se hubiera

pasado un rastrillo por el cuerpo. También tenía las uñas rotas. Ahora

solo repite una frase, en sus costillas muero, en sus costillas muero,

en sus costillas muero, son las costillas del niño al que ama.

REBECA.- Loca número seis: no duerme. Lleva años sin dormir.

Incluso cuando duerme dos o tres horas ella dice que no recuerda

haber dormido. Por lo tanto lleva años sin dormir. Tiene los ojos

hinchados como un sapo y siempre lleva el puño izquierdo cerrado

con algo dentro. No lo quiere enseñar, nadie lo ha visto. Las dos o

tres horas que duerme, aunque ella no recuerda haber dormido,

tampoco abre el puño. Vive sola desde los treinta y cinco años. Ahora

tiene cuarenta y seis y vive en el hospital. No se sabe desde cuando

lleva el puño cerrado, no lo dice, pero las uñas le han crecido tanto

que parecen ramas entre sus dedos.

SEÑORA ALOPARDI.- En verano dejaron de venir. Se fueron de

vacaciones a otro lugar. Las eché de menos. Tenerlas a ellas era

como tener a Simón. Así se lo dije a las niñas, vosotras sois mi

Simón, así se lo dije, vosotras sois mi Simón. Y ellas miraban al cielo

y se echaban a temblar.

NATACHA.- Si algún día…

REBECA.- Si algún día…

NATACHA.- Oh, Simón!

REBECA.- Oh, Simón!

NATACHA.- Si algún día nosotras…

REBECA.- Si algún día, si algún día…

NATACHA.- Si algún día…

REBECA.- Nosotras…

NATACHA.- Hacer…

REBECA.- (Gran suspiro.)

NATACHA.- Oh, Simón!

JONÁS.- Estudié todo el verano, pasé horas y horas en la biblioteca.

Estaba enamorado de ellas. Quería aprender el nombre de todas las

cosas. Quería demostrarles cuánto las amaba.

NATACHA.- Porque si sabes el nombre de los planetas podrás

sembrar trigo en ellos.

REBECA.- Aprende Jonás, porque de lo contrario te convertirás en un

medio- hombre.

NATACHA.- Porque si sabes el nombre de todas las flores podrás

elegir la que merece cada muerto.

REBECA.- Aprende Jonás, porque de lo contrario nunca conseguirás

amar.

OLIVIA.- Jamás había visto llorar a alguien así. No parecían seres

humanos. Era como si estuvieran hechas de agua. Fueron a

despedirse al cementerio, a la tumba de Simón.

NATACHA.- Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve,

diez..

REBECA.- Aprieta, aprieta.

NATACHA.- Once, doce, trece, catorce, quince, dieciséis…

REBECA.- Clávame los dedos, fuerte.

NATACHA.- diecisiete, dieciocho, diecinueve, veinte, veintiuno,

veintidós, veintitrés…

REBECA.- veinticuatro, veinticinco, veintiséis, veintisiete, veintiocho…

NATACHA.- Hazme daño, así, así.

REBECA.- Veintinueve, treinta, treinta y uno, treinta y dos, treinta y

tres, treinta y cuatro…

NATACHA.- Más fuerte.

REBECA.- Treinta y cinco, treinta y seis, treinta y ocho, treinta y

nueve, cuarenta, cuarenta y uno…

NATACHA.- Cuarenta y dos, cuarenta y tres, cuarenta y cuatro,

cuarenta y cinco, cuarenta y seis, cuarenta y siete…

REBECA.- cuarenta y ocho, cuarenta y nueve, cincuenta.

NATACHA.- Cincuenta días.

REBECA.- Cincuenta días.

NATACHA.- Cincuenta días sin ti.

REBECA.- Cincuenta días.

NATACHA.- Es demasiado.

REBECA.- Cincuenta días.

NATACHA.- Quieren acabar con nosotras.

REBECA.- No les dejaremos.

NATACHA.- Somos más fuertes.

REBECA.- Somos fuertes como Simón.

NATACHA.- Ellos siempre mueren antes.

REBECA.- Sí, antes.

NATACHA.- Son treinta años más viejos.

REBECA.- Más viejos que nosotras.

NATACHA.- Viejos ,viejos, viejos.

REBECA.- Ya eran viejos cuando nosotras nacimos.

NATACHA.- Siempre fueron demasiado viejos.

REBECA.- Demasiado viejos para cuidar de unas niñas.

NATACHA.- Son muy viejos.

REBECA.- Sí, muy viejos.

NATACHA.- El aliento les huele mal.

REBECA.- Se pudren por dentro.

NATACHA.- Tienen úlceras.

REBECA.- Tienen grasa.

NATACHA.- Tienen la piel arrugada y áspera.

REBECA.- No son hermosos.

NATACHA.- Nunca volverán a serlo. Son completamente viejos.

REBECA.- Irrecuperables.

NATACHA.- Están perdidos.

REBECA.- Cada vez tendrán las venas más gastadas.

NATACHA.- Cada vez estarán más descompuestos.

REBECA.- Menos vivos.

NATACHA.- Hasta que se mueran.

REBECA.- Hasta que se mueran.

NATACHA.- Ellos siempre mueren antes.

REBECA.- Ellos siempre mueren antes, maldita sea, ellos siempre

mueren antes.

NATACHA.- Antes, antes, antes.

REBECA.- Es natural.

NATACHA.- Es ley de vida.

REBECA.- Solo hay que esperar.

NATACHA.- Un poco, esperar un poco.

REBECA.- Esperar a tu lado

NATACHA.- Abrazada a ti.

REBECA.- Será maravilloso.

NATACHA.- A ellos no les queremos.

REBECA.- No, no les queremos.

NATACHA.- ¡Rebeca! ¡Rebeca!

REBECA.- ¡Natacha!

NATACHA.- Estamos juntas.

REBECA.- Está Simón.

NATACHA.- Gracias Simón.

REBECA.- Gracias.

NATACHA.- Hazme daño, amor… hasta cincuenta.

REBECA.- Cincuenta días sin ti.

NATACHA.- Cincuenta días.

REBECA.- (Vuelve a abrazarla brutalmente.) Uno, dos, tres, cuatro,

cinco, seis, siete…

DOCTOR TAYARA.- Yo había empezado a fracasar como psiquiatra.

Cuando llegó el verano las niñas se despidieron lanzando besos al

aire, hacia las ventanas del hospital. No pude probar bocado en todo

el día. Les dejé un libro de poemas bajo el árbol y la biografía de la

mujer que había escrito los poemas. Se había suicidado. El verano sin

ellas.

REBECA.- Al otro lado del muro del manicomio existe un ogro

desconocido y bondadoso que nos ama. Nos regala libros muy

importantes para aprender el nombre de las cosas. A veces pienso

que este ogro desea que estemos muertas, nos ama, pero desea que

estemos muertas. No acabo de comprenderlo. He de aprender más

nombres.

PROFESOR KUBELKA.- Llegaron las vacaciones y salí a buscar a otras.

A otras niñas. La culpa fue de Natacha. Era ella la que metía su mano

en mis pantalones. Era ella la que me ofendía, la que me violaba. Y

me abandonó durante el verano. Tuve que salir en busca de otras,

por su culpa. Antes de marcharse se encargó de humillarme sin

piedad.

NATACHA.- Y tú, cerdo repugnante, te dedicas a enseñar a los niños,

dices que enseñas, pero sabes muy bien que nadie aprende nada

contigo. Tú, y tantos otros como tú, metidos en los colegios, entre los

niños, arruinando sus mentes y sus corazones, volviéndoles

mezquinos, ignorantes y miserables, convirtiéndoles en un calco de

vuestro fracaso, convirtiéndoles en esclavos, negándoles la

inteligencia, negándoles la capacidad de ser amados, la capacidad de

amar. Cuanto asco me das, profesor.

OLIVIA.- Aquel verano estuvieron separadas cincuenta días y

cincuenta noches, y cada una escribió cincuenta cartas. En total

fueron cien cartas de amor. Y durante cincuenta días no dejó de

llover , no dejó de llover en West Asphixia.

NATACHA.- Querida Rebeca, la angustia no me deja escribir. No

puedo decir exactamente cuanto te amo. Pero mis ojos están

húmedos todo el día, todo el día. La soledad se me pone en el

estómago como un insecto albino. El amor es una cosa tristísima.

Quiero cortarme las venas a mordiscos. Pero debo ser fuerte. Piensa

en Simón.

REBECA.- Querida Natacha, transformas todo lo cotidiano. Gracias a

ti un trozo de pan queda convertido en algo desmesurado, infinito,

increíble. Gracias a ti el pan ocupa un lugar sagrado en mi existencia.

No decaigas. Piensa en Simón.

NATACHA.- Rebeca, amor mío, repito tu nombre una y otra vez y es

como si las letras se cubrieran de un cuero blanco y suave. Son tus

hombros, tus pequeños hombros perfumados. Muy pronto

volveremos a estar juntas. Piensa en Simón.

REBECA.- Querida Natacha, son las siete de la mañana. Me he

despertado llorando. Tengo las lágrimas prendidas a la cara como por

alfileres. Pienso mucho en ti. Tan temprano y ya arrastrándome. Si

no estoy con mi amada no puedo hacer otra cosa que arrastrarme.

Piensa en Simón, piensa en Simón.

NATACHA.- La melancolía me rompe el cuello. Los días son

deprimentes. No soporto a mis padres. Apestan. No soporto el ruido

que hacen al comer. Dios, Dios mío. Hay que mantener la sangre fría.

Te quiero. Piensa en Simón.

REBECA.- Querida Natacha, me dan asco. Hoy he vomitado tres

veces. Todo es veneno si lo cocina ella, todo. Me alimento de mi

pensamiento, que eres tú. Eres mi única comida, lo dulce, lo salado.

Ya queda menos para volver a estar juntas. Cuídate mucho. Piensa

en Simón.

NATACHA.- Querida Rebeca, pienso en ti sobre una montaña de

caballos muertos. Todos los caballos del mundo han muerto de tanto

correr hacia ti, Rebeca, amor mío. Han ido a buscarte, galopando sin

descanso, hasta explotarles el corazón. Todos los caballos del mundo

han muerto por mi culpa, por el amor que siento por ti. No puedo

más. Tú aguanta. Piensa en Simón.

REBECA.- Doy saltos encima de la cama como un perro con estricnina

en las venas. Duermo sobre una almohada de garrapatas. Mejor

dicho, no duermo, pienso en ti. Tengo bichos en el cerebro. Ahora

mismo me clavaría un cuchillo en la frente, si no fuera porque voy a

verte de nuevo. No hay que rendirse. Piensa mucho en Simón.

NATACHA.- Estamos destinadas para algo superior. Somos seres

privilegiados, estamos por encima del resto y tenemos que

aprovecharnos de ello. Debes mirar a los demás como a un nido de

piojos. Ahora más que nunca, piensa en Simón.

REBECA.- Querida Natacha: comprendo el lugar que ocupamos en la

tierra, es un lugar extremadamente hermoso, es un lugar

deslumbrante que nadie puede pisar, un lugar reservado para

nosotras, solo para nosotras, y Simón se encargará de cuidar las

rosas del jardín, como los verdugos turcos, hasta que lleguemos.

Piensa en él, piensa en nuestro querido Simón.

OLIVIA.- A la vuelta de las vacaciones me enteré de que estaba

embarazada. Después de tantos años, de tantas pruebas, por fin

embarazada. Un hijo de mi propia sangre. Mío. Pero me entró miedo,

tuve miedo de decírselo a Natacha. Natacha estaba obsesionada con

Rebeca, solo pensaba en Rebeca.

NATACHA.- Rebeca ha regresado tan flaca que parece una espina,

una espina dorada, preciosa. Hoy me he dado cuenta. Yo soy más

fuerte. Yo soy el lugar de la vida y el lugar de la muerte de Rebeca.

Si algún día le fallaran las fuerzas…a mi bella amiga, si algún día yo

tuviera que hacer algo, algo terrible…

JONÁS.- Yo había sacado las mejores notas en Septiembre, las

mejores del colegio. Sabía más nombres que ningún otro. Mis padres

habían dejado de maltratarme. La familia vivía en paz. Natacha y

Rebeca no pudieron soportarlo.

NATACHA .- Pensábamos que ya te había crecido.

REBECA .- El brazo.

NATACHA.- Es increíble.

REBECA.- Debería haberte crecido el brazo.

NATACHA .-¿Cómo?

REBECA.- ¿No lo sabes?

NATACHA.- Que el amor con el paso del tiempo disminuye, en cambio

el odio siempre crece.

REBECA.- ¿Es que no odias a tus padres?

NATACHA.- Mamá cerda, papá cerdo, ¿recuerdas?

REBECA.- ¿No los odias?

NATACHA.- Que va a pensar Simón.

REBECA.- ¿Y tú? ¿Piensas tú en Simón?

NATACHA.- Pobre Jonás, no odias a tus padres.

REBECA.- No, no los odias.

NATACHA .- Fíjate bien, anoche me corté el pelo, casi me quedo

calva. Y esta mañana ya lo tenía largo, me llegaba a la cintura.

REBECA.- Si odiaras a tus padres te crecería tanto el brazo que

podrías comprar regaliz sin salir de casa, solo con sacar el brazo por

la ventana y meterlo en la tienda de golosinas.

NATACHA.- Si odiaras a tus padres te crecería tanto el brazo que

podrías saltar a la comba. Y jugar con nosotras.

REBECA.- Con dos brazos puedes hacer dos cosas al mismo tiempo.

NATACHA.- Peinarte y lavarte los dientes.

REBECA.- Escribir y hablar por teléfono.

NATACHA.- Si odiaras a tus padres te crecería tanto el brazo que

podrías ser un músico famoso.

REBECA.- Podrías tocar el violín, el piano, la flauta, el saxofón…

NATACHA.- Si los odiaras, si los odiaras de verdad.

REBECA.- Te lo juro, te crecería el brazo.

NATACHA.- Hay que odiar, Jonás.

REBECA.- El odio. O-D-I-O. ¿Entiendes?

NATACHA.- Hay que odiar como Simón.

REBECA.- Así hay que odiar.

NATACHA .- Así, así…

REBECA.- Odiar…

NATACHA .- Les tienes miedo. Eso es lo que pasa.

REBECA.- Les tienes mucho, mucho miedo.

NATACHA.- Nosotras no.

REBECA.- Ahora son ellos los que tienen miedo de nosotras.

NATACHA.- Nuestros padres. Tienen miedo.

REBECA .- Hacemos peligrar su pequeño mundo.

NATACHA.- Lo adulteramos hasta envenenarlo.

REBECA.- Nos tienen miedo.

NATACHA.- Los niños podemos contaminar.

REBECA.- ¿Lo sabías? Contaminar.

NATACHA.- ¿Qué haces tú para asustarles?

REBECA.- Nada, nada en absoluto.

NATACHA.- No eres como Simón.

REBECA.- Nunca serás como él.

NATACHA.- Te dijimos que aprendieras los nombres.

REBECA.- Pero has aprendido los nombres equivocados.

NATACHA.- Has aprendido mal.

REBECA.- Has aprendido como el resto.

NATACHA.- Pobre Jonás, tanto esfuerzo…

REBECA.- Desperdiciado, totalmente desperdiciado.

NATACHA.- Vamos a hacerte un regalo.

REBECA.- Por sacar buenas notas.

NATACHA.- ¿Qué te ha regalado mamá cerda?

REBECA.- ¿Qué te ha regalado papá cerdo?

NATACHA.- Un hijo tan bueno.

REBECA.- Te mereces un regalo.

NATACHA.- Nuestra cuerda de saltar.

REBECA.- ¿Saltas Jonás?

DOCTOR TAYARA.- Allí estaban de nuevo, encaramadas al árbol,

extáticas, concentradas en cada uno de los locos. Se les notaba un

cansancio, un profundo malestar, una amargura recóndita. Por un

instante me dio la impresión de que venían a pedir ayuda, de que

deseaban estar dentro. Yo me moría por tenerlas en mis manos.

Había algo especial en ellas, irresistible. Su trastorno era perfecto,

como un diamante. De veras, me moría por tenerlas en mis manos.

Les dejé una camisa de fuerza bajo el árbol.

NATACHA.- Seguro que está mirando.

REBECA.- ¡Allí, en la ventana!

NATACHA.- Quiere que nos vistamos para él.

REBECA.- Sigue en la ventana. No se marcha.

NATACHA.- Quiere vernos con la camisa puesta.

REBECA.- ¿Quieres vernos dulce ogro?

NATACHA.- Quiere darnos otra piel.

REBECA.- ¡Asómate dulce ogro, asómate!

NATACHA.- Lo quiere todo.

REBECA.- Mira, nos saluda, ¡hola, hola, hola!

NATACHA.- Ponte la camisa.

REBECA.- Gracias, gracias dulce ogro.

NATACHA.- Debemos complacerle.

REBECA.- Mira, dulce ogro, voy a vestirme para ti.

NATACHA.- Quiere saber que aspecto tendríamos si…

REBECA.- ¿Estoy guapa, dulce ogro?

NATACHA.- Si estuviéramos locas.

REBECA.- ¿Puedes verme?

NATACHA.- Sube al árbol, que él te vea bien.

REBECA.- ¡Mírame, dulce ogro, mírame!

NATACHA.- Te pareces a mi madre, a la muerta, a mi madre muerta.

REBECA.- ¡Me lanza besos! (Ríe.)

NATACHA.- No te rías.

REBECA.- ¿Qué?

NATACHA.- Sufre.

REBECA.- ¡Mira! Me enseña una flor. Gracias dulce ogro, es una flor

muy bonita.

NATACHA.- Sufre por tu hija.

REBECA.- (Al doctor.) Te lanzaría besos pero no puedo mover los

brazos.

NATACHA.- Ella tampoco podía.

REBECA.- (Al doctor.) Te abrazaría muy fuerte pero no puedo mover

los brazos.

NATACHA.- Ella tampoco podía.

REBECA.- ¡No te vayas dulce ogro, no te vayas!

NATACHA.- ¡He dicho que sufras por tu hijita!

REBECA.- ¡Todavía no! ¡Dulce ogro! ¡Vuelve!

NATACHA.- ¡Sufre, sufre!

SEÑORA ALOPARDI.- Se disfrazaban de vírgenes, me sacaban a

bailar, ellas hacían de hombre y yo de mujer, era un juego,

solamente un juego. Yo también practicaba eso con Simón, así se lo

dije a las niñas, lo practiqué muchas veces, así se lo dije a las niñas,

lo practiqué muchas veces con Simón. Cuando las niñas regresaron

de vacaciones fue divertido.

NATACHA.- Abuelita, abuelita, ¿cómo te gusta, abuelita?

REBECA.- ¿Te gusta hacerlo por detrás?

NATACHA.- ¿Te gusta que te metan la lengua en el culo?

REBECA.- ¿Has probado con animales?

NATACHA.- ¿Te lo tragas o no te lo tragas?

REBECA.- ¿Masturbación o penetración?

NATACHA.- ¿Les agarras la polla mientras lo haces?

REBECA.- ¿Gritas mucho?

NATACHA.- ¿Lento o rápido?

REBECA.- ¿Hablas o gimes?

NATACHA.- ¿Te gusta que te chupen la oreja?

REBECA.- ¿Te gusta que te muerdan los pezones?

NATACHA.- ¿Te gusta que te hagan daño?

REBECA.- ¿Te gusta que te insulten?

NATACHA.- ¿A cuatro patas?

REBECA.- ¿De pie?

NATACHA.- ¿Arriba o abajo?

REBECA.- ¿Te lavas o no te lavas?

NATACHA.- ¿Sudas o no sudas?

REBECA.- ¿Lo haces con las bragas puestas?

NATACHA.- ¿Te atragantas?

REBECA.- ¿Cuántas veces te corres?

NATACHA.- ¿Con la ducha?

REBECA.- ¿Con el secador?

NATACHA.- ¿Te has metido cuellos de botella?

REBECA.- ¿Qué te has metido abuelita?

NATACHA.- ¿Les chupas los huevos?

REBECA.- ¿Les aprietas las nalgas?

NATACHA.- ¿Les arrancas el pelo?

REBECA.- ¿Te gusta que te orinen encima?

NATACHA.- ¿Al final lloras?

REBECA.- ¿Lo haces con música?

NATACHA.- ¿Te gusta el ruido de la cama?

REBECA.- ¿Con la luz encendida o apagada?

NATACHA.- ¿Les pones el coño en la boca?

REBECA.- ¿Te gusta que se corran en tu cara?

NATACHA.- ¿Mueves mucho la lengua abuelita?

REBECA.- ¿Cómo te gusta, abuelita?

PROFESOR KUBELKA.- Todo fue por culpa de Natacha. Natacha se

enfadó porque le conté lo de las otras. Le dije que había salido a

buscar a otras durante el verano, le dije que no volviera a

abandonarme. Y Natacha me escupió. Entonces vomité allí mismo,

delante de ella. Era un hombre destruido. La necesitaba, la

necesitaba, me sentía incapaz de sobrevivir al sexo. Para mí el sexo

es una carga. Natacha empezó a soltar espuma por la boca y salieron

de su garganta una especie de graznidos horripilantes.

NATACHA.- Lo sabía, no has podido esperar, no has podido esperar,

asquerosa bestia de las ciénagas, maldita babosa inútil, deberías

mutilarte, mutilarte ahora mismo y pasear por todas las calles y

llamar a la puerta de todas las casas con tu fétido sexo amputado

colgando de la boca, deberías mutilarte y masticar ese apéndice tuyo,

mugriento y hediondo hasta vomitarlo hecho sangre.

OLIVIA.- Los padres de Rebeca murieron en un accidente de tráfico.

Sería muy largo de explicar, familia en el extranjero, problemas

económicos, sentí lástima, el caso es que Rebeca vino a vivir a

nuestra casa provisionalmente. Aún no sabían nada de mi embarazo.

Creo que las niñas, durante algún tiempo, fueron felices, muy felices,

fueron felices de una manera desproporcionada.

REBECA.- Gracias Simón. Al fin. Mis súplicas han sido escuchadas.

Ahora puedo dedicarme por entero a ti y a mi querida Natacha.

Siento tanto alivio. Nada interrumpe ahora mi felicidad. ¡Oh sí! ¡Mi

felicidad!

NATACHA.- (A Rebeca.) ¡Ven!

SEGUNDA PARTE

OLIVIA.- Sorprendí a Rebeca masturbando a mi marido. Me puse a

gritar. Natacha vino corriendo y por fin les dije que estaba

embarazada, les dije , no se os ocurra tocarme, este niño crecerá

sano, esta casa va a limpiarse, Dios va a entrar en ella y la va a

llenar de ángeles, les dije, el que viene es de verdad, es de mi

sangre, he sufrido demasiado y ahora merezco este hijo, un hijo

bueno, les dije, sois basura, ¡basura!. Me dais asco. Al día siguiente

desaparecieron. Y empezó el horror.

NATACHA.- Hemos sobrevivido a la infancia.

REBECA.- Hemos sobrevivido a la infancia.

NATACHA.- Este es el tiempo.

REBECA.- Este es el tiempo.

NATACHA.- Ahora que pensamos sin límites y sin freno.

REBECA.- Ahora que pensamos sin límites y sin freno.

NATACHA.- Ahora que todavía no hemos alcanzado la edad.

REBECA.- Ahora que todavía no hemos alcanzado la edad.

NATACHA.- Ahora que somos irresponsables.

REBECA.- Ahora que somos irresponsables.

NATACHA.- Hay que seguir nuestros impulsos irracionales.

REBECA.- Hay que seguir nuestros impulsos irracionales.

NATACHA.- Antes de que la edad se encargue de frenarnos y

asustarnos.

REBECA.- Antes de que la edad se encargue de frenarnos y

asustarnos.

NATACHA.- Este es el tiempo.

REBECA.- Este es el tiempo.

NATACHA.- El tiempo de la perversión.

REBECA.- El tiempo de la perversión.

NATACHA.- Ahora que todavía somos inocentes.

REBECA.- Ahora que todavía somos inocentes.

NATACHA.- Hay que escuchar aquello que nadie escucha.

REBECA.- Hay que escuchar aquello que nadie escucha.

NATACHA.- Ver la parte invisible de lo visible.

REBECA.- Ver la parte invisible de lo visible.

NATACHA.- Somos peregrinas de la confusión.

REBECA.- Somos peregrinas de la confusión.

NATACHA.- No queremos ir ni al cielo ni al infierno.

REBECA.- No queremos ir ni al cielo ni al infierno.

NATACHA.- Tan solo deseamos cambiar de lugar.

REBECA.- Tan solo deseamos cambiar de lugar.

NATACHA.- Caminamos tras el que dobla las espigas.

REBECA.- Caminamos tras el que dobla las espigas.

NATACHA.- Estamos preparadas.

REBECA.- Estamos preparadas.

NATACHA.- Acompáñanos Simón.

REBECA.- Acompáñanos Simón.

SEÑORA ALOPARDI.- Las niñas venían a casa y tenían visiones.

Hubiera jurado que la voz de Natacha era la voz de Simón. No lo sé.

No sé si me engañaban. No sé si todo era pura maldad. ¿Cómo

podían contener tanta maldad unos cuerpos tan pequeños? Intenté

suicidarme dos veces. Simón me lo pidió. O me lo pidieron ellas. O a

lo mejor era yo, que ya no tenía ganas de vivir.

NATACHA.- Estoy solo.

REBECA.- No queremos que estés solo Simón.

NATACHA.- Estoy solo, estoy solo.

REBECA.- ¿Cómo es la soledad Simón?

NATACHA.- Mi soledad es húmeda.

REBECA.- Tú soledad es nuestra soledad.

NATACHA.- Estoy envuelto en sábanas mojadas.

REBECA.- Tu soledad es nuestra soledad.

NATACHA.- De las manos chorrea el agua fría.

REBECA.- Tu soledad es nuestra soledad.

NATACHA.- Estoy solo.

REBECA.- No queremos que estés solo Simón.

NATACHA.- Necesito que venga.

REBECA.- ¿Quién?

NATACHA.- Necesito que esté conmigo.

REBECA.- ¿A quién necesitas Simón?

NATACHA.- La necesito.

REBECA.- ¿A ella? ¿La necesitas a ella?

NATACHA.- Sí, a ella. Tiene que morir

REBECA.- ¿La señora Alopardi tiene que morir?

NATACHA.- ¡La necesito, la necesito! ¡Estoy solo! Tiene que morir.

REBECA.- ¿Quieres que ella muera?

NATACHA.- Necesito que venga. Mi soledad es inmensa.

PROFESOR KUBELKA.- Se me echó encima, Natacha. Se le pusieron

los ojos en blanco. Lo hizo con la boca, ¿entiende?, con la boca. Y los

ojos completamente en blanco. Y le caían lágrimas, de los ojos

blancos. Lo derramé todo sobre su cara. No se limpió. Siguió llorando

y dijo algo horrible, horrible, nadie me había hecho tanto daño jamás.

NATACHA.- Lloro por las otras, por las niñas que vendrán después de

mí, por todas esas niñas que sufrirán tanto, es preciso, es preciso

sacrificar a algunas para destrozarte y extinguirte, a ti, maldito

profesor, para que la fealdad desaparezca de este asqueroso mundo.

Te escupo.

JONÁS.- Estaban pálidas, como si vivieran en una caverna. No

pertenecían al mundo. Pero yo no les tenía miedo. Hubiera hecho lo

que me hubieran pedido. El día que fuimos al río pasaron cosas

increíbles.

REBECA.- Está allí, en el río

NATACHA.- Que miren al sol, y me verán.

REBECA.- Corre, mira el sol

NATACHA.- Estoy, estoy…

REBECA.- No seas cobarde Jonás, no cierres los ojos, mira, mira el

sol, resiste.

NATACHA.- Miradme, soy Simón

REBECA .- Mírale, en el río, mírale. Ahora.

JONÁS.- Y lo vi. Yo también vi a Simón Alopardi caminando sobre las

aguas.

DOCTOR TAYARA.- Empezaron a dar discursos a la puerta del

manicomio. Se comportaban como profetas. Acudían niños de todas

las partes para escucharlas y cada vez eran más. ¡Dios mío! Quién

sabe las torturas a las que estaban sometidas aquellas criaturas.

NATACHA.- Escuchadme, escuchadme, prestad atención. ¿Cuál es el

obstáculo hacia el triunfo? ¿Un padre cruel, pusilánime, un perdedor?

¿ Una madre histérica y posesiva? ¿O una madre ignorante y sumisa?

¿Cuál es el verdadero obstáculo hacia el triunfo? ¿Qué es todo aquello

que pensáis y no os atrevéis a decir? ¿Qué es todo aquello que os

hace sentir culpables? ¿Qué es todo aquello que os hace rugir por las

noches? ¿Qué es todo aquello que os hace fracasar y os hará fracasar

hasta el final de vuestros días?

REBECA.- ¡Tenéis que pensar sin límites, oh sí, pensar sin límites, sin

límites!

NATACHA.- Les sacamos ventaja, somos desconocidos para ellos. No

saben qué hacemos cuando cerramos la puerta por las noches. En

cambio nosotros lo sabemos todo. ¿Os asustan? ¿Y vosotros? ¿Qué

hacéis vosotros para asustarles?

REBECA.- ¡Hay que meter un tigre en sus colchones, os digo que hay

que meter un tigre en sus colchones!

NATACHA.- ¡El dolor! ¡Es necesario el dolor! Sin dolor no existe el

odio. Y el odio es nuestra comida. ¿Cómo es vuestro dolor? No, no

me contestéis, porque no debéis hablar de vuestro dolor, debéis ser

el dolor mismo. ¡Devorados, roídos, deformes, incompletos, como si

os hubiera entrado por la boca una legión de ratas!

REBECA.- ¡Así os amamos, oh sí, así os amamos, que cada uno de

vuestros días sea el mejor día para morir!

NATACHA.- ¿Sabéis quién vive al otro lado del muro? Vive nuestro

hermano, vive un loco que ve morir a otro loco, vive un loco que no

se parece a un hombre sino a otro loco, vive un loco que se dedica a

la ciencia de su espíritu no para comprender a los hombres sino para

comprender a otro loco, vive un loco que no tiene el destino de un

hombre sino el destino de otro loco. Y yo os digo que ese que vive al

otro lado del muro, ese que fornica con la tierra fría de su tumba, ese

que acerca su boca al hocico de los puercos, ese que contrae

matrimonio con un hueso, ese es nuestro hermano, sí, nuestro

hermano, y lo sabe todo sobre el dolor. ¡Asomaos!

REBECA.- ¡Asomaos al otro lado del muro, asomaos a vuestro

costado herido!

NATACHA.- Ese que veis ahí, al otro lado del muro, sí, ese, nuestro

hermano, debe bautizarnos con sus orines, hay que estar bajo el orín

del loco, hay que estar bajo el orín del loco, hay que estar bajo el orín

del loco para comprender el lugar que ocupan las cosas sobre la

tierra, nada mejor que el orín del loco para convertirnos en sabios, en

no nacidos.

REBECA.- ¡De la mano del loco caminamos, oh sí, de la mano del loco

hacia los cuervos en el horizonte!

NATACHA.- Escuchadme, escuchadme, porque esto es

importantísimo, hemos nacido del lomo de una serpiente, hemos sido

fecundadas por nuestro propio dolor, por un esperma enfermo y

ardiente, hemos nacido de nuestro propio cerebro infectado, de la

gran vagina de nuestro propio cerebro infectado. Somos hijas de la

enfermedad, porque la enfermedad es necesaria para alcanzar la

lucidez. Y yo os pregunto, ¿quién es entonces nuestro padre, quién es

entonces nuestra madre?

REBECA.- ¡Usurpadores!. Usurpadores de nuestra maternidad

dolorosa. Usurpadores de nuestra paternidad dolorosa.

NATACHA.- No nos aman, nos poseen, nos poseen como a las

bestias, peor aún, intentan justificar sus patéticas vidas con nosotros,

los hijos, os digo que no nos aman, simplemente no quieren estar

solos, le tienen miedo a la soledad, maldita sea, pero nosotras

queremos estar solas, sí, completamente solas, debemos poseernos a

nosotras mismas.

REBECA.-¡ Soledad para los afligidos! ¡Soledad para continuar

sustentando el espíritu!

NATACHA.- La soledad. También está hecha de nombres la soledad.

Los nombres de los expulsados, los eliminados, los desterrados, los

silenciosos. Es necesario, es absolutamente necesario estar excluido

para producir en terrenos de libertad. Interpretemos nuestros deseos

según la exclusión y nuestros deseos serán tan profundos como la

pupila de los ogros. Cartas de amor a los ogros, cartas de amor a los

ogros, cartas de amor a los ogros…

REBECA.- Cartas de amor a los ogros…

NATACHA.- … sólo así conseguiremos decir todo aquello que la gente

no quiere escuchar, lejos de lo correcto, lejos del tópico, lejos de la

baba, lejos, lejos, lejos, por fin lejos de la manada, solo así

conseguiremos internarnos en la vida, en lo verdaderamente

humano, sólo así conseguiremos hacernos las grandes preguntas,

sólo así alcanzaremos el desgarro suficiente, accederemos a la

demanda íntima de cada espíritu, comprenderemos el dolor. La

soledad es el espacio del conflicto, allí donde amamos nuestra carne

pero nos separamos de ella, gobernados por las perras, adoramos el

pensamiento de los mudos, sentimos un hondo respeto por el peligro,

pulimos el equilibrio del terror, meditamos los actos de advertencia y

entonces exclamamos ¡Asombro, asombro!

REBECA.- ¡Asombro en el revés de la conciencia, asombro ante el

misterio omnipresente!

NATACHA.- ¡Asombro, asombro! A los sordos debería bastarles con

ver y a los ciegos con escuchar, esa es la forma, esa es la forma que

buscamos. La forma que buscamos, la forma, la forma, sí, esa es la

forma que buscamos, que buscamos, esa es la forma que buscamos.

Contra la mansedumbre, contra la ignorancia, contra la compasión,

contra la caridad.

REBECA.- ¡A los sordos debería bastarles con ver y a los ciegos con

escuchar!

NATACHA.- Y ahora marcháos a casa y aprended el nombre de todas

las cosas, porque en los nombres se encuentra el significado del

mundo. Los nombres de las cosas son necesarios para soportarnos a

nosotros mismos, ¡porque nos odiamos a nosotros mismos! Eso es lo

que han conseguido los usurpadores, eso, ¡que nos odiemos a

nosotros mismos! Os lo ruego, aprended el nombre de todas las

cosas porque inventaréis lo indecible. Y solo en lo indecible

encontrareis la verdad. Y sobre todo no os equivoquéis de nombres,

no os equivoquéis o estaréis condenados para siempre.

REBECA.- Pensad en Simón, no dejéis de pensar en Simón. Estoy

cansada. Muy cansada. ¿Por qué mentimos tanto?

NATACHA.- He de apresurarme. Rebeca es débil, más débil de lo que

yo pensaba. Deprisa, deprisa. No hay tiempo que perder.

NATACHA.- ¿Es que no me amas?

REBECA.- Estoy cansada.

NATACHA.- Ahora no podemos estar cansadas.

REBECA.- Quiero ser como los demás.

NATACHA.- No podemos serlo.

REBECA.- Quiero dormir por las noches.

NATACHA.- No es el momento, no podemos dormir.

REBECA.- Quiero salir de esta ciudad.

NATACHA.- Más adelante.

REBECA.- Quiero conocer otras ciudades.

NATACHA.- Más adelante, te lo prometo, más adelante.

REBECA.- Quiero ser como los demás.

NATACHA.- Eres mejor que los demás.

REBECA.- No quiero ser mejor.

NATACHA.- Es tu obligación.

REBECA.- No me soporto.

NATACHA.- Eso es bueno. No nos soportamos a nosotras mismas, así

conseguiremos encontrar a la verdadera Rebeca, a la verdadera

Natacha, a la Rebeca y a la Natacha que soportaremos.

REBECA.- Me encuentro mal.

NATACHA.- Es necesario encontrarse mal.

REBECA.- Quiero dormir.

NATACHA.- No podemos dormir.

REBECA.- Quiero dormir.

NATACHA.- ¿Es que no me amas?

REBECA.- Te amo.

NATACHA.- ¡No me amas, no me amas!

REBECA.- Te amo.

NATACHA.- Yo te amo con todas mis fuerzas.

REBECA.- Te amo, te amo.

NATACHA.- Si me amaras…

REBECA.- Déjame descansar.

NATACHA.- Ahora no podemos descansar. No podemos. Después ,

después.

REBECA.- Quiero dormir.

NATACHA.- Tenemos que pensar.

REBECA.- No quiero pensar.

NATACHA.- ¿Es que no te acuerdas del día del entierro de Simón?

¿No te acuerdas del principio?

REBECA.- No es como al principio.

NATACHA.- Ahora es mejor, mucho mejor. Estamos preparadas.

REBECA.- Yo no estoy preparada.

NATACHA.- Ámame y estarás preparada.

REBECA.- Quiero dormir.

NATACHA.- ¿Es que no me amas?

REBECA.- Quiero dormir.

NATACHA.- Dime la verdad, ¿has dejado de amarme? ¡No te

duermas! ¡Habla! ¡No te duermas!

OLIVIA.- De repente un día se quedaron calladas, quietas. No hacían

ni un solo ruido. Cuando pasaban las páginas de los libros las

pasaban de tal modo que parecía que el libro no existía. Estábamos

aterrorizados.

PROFESOR KUBELKA.- Lo que hicieron no me sorprendió, en

absoluto, eran demasiado inteligentes. ¡Oh Dios!, quiero ser como

antes, antes de Natacha. Antes, antes, antes… Ahora necesito a las

niñas, a todas las niñas, cerca de mí. Es un deseo insoportable.

DOCTOR TAYARA.- Después de lo que sucedió abandoné el hospital,

abandoné mi profesión. No me sentía capaz de seguir fingiendo que

ayudaba a la gente a ser feliz. ¿Qué mierda es eso de la felicidad?

SEÑORA ALOPARDI.- A veces me siento culpable. Simón hizo bien en

matar a sus padres, así se lo dije a las niñas, no voy a ocultarlo. La

verdad, tengo ganas de que todo acabe para mí, tengo verdaderas

ganas de morir. Simón está muy solo, así lo dijeron las niñas, Simón

está muy solo. No pienso en otra cosa que en la muerte.

JONÁS.- Sigo enamorado de ellas. Las amo. Las amo. Las amaré

siempre. No me importa lo que hicieron. Ahora conozco el nombre de

todas las cosas. Ahora puedo utilizar las palabras, las puedo utilizar

como jamás pensé que podría hacerlo, ahora puedo decirle a la gente

cuánto amé a Natacha y Rebeca. Y apuesto algo a que cualquier día

odiaré tanto a alguien que me volverá a crecer el brazo.

FINAL

OLIVIA.- Me hice la muerta. Me quedé todo lo quieta que pude

mientras Natacha me daba pataditas en la barriga. Pensó que yo

estaba completamente muerta y soltó el martillo. Me oriné. A ella le

hizo gracia que me orinara después de muerta. Le dijo a Rebeca,

mira, se está meando de miedo después de muerta, el infierno debe

ser un sitio horrible. Jamás podré olvidar aquellas palabras. Pero

Rebeca no la escuchaba, Rebeca estaba encima de mi marido

clavándole el cuchillo una y otra vez, sin parar, sin parar, sin parar. El

cuchillo entró y salió del cuerpo ciento cincuenta y cuatro veces. Era

una pelota de sangre sobre la alfombra. Las encontraron frente al

muro del manicomio. Rebeca con la cabeza aplastada por una piedra.

Y Natacha colgando del árbol. Antes de colgarse Natacha había

escrito en el suelo el nombre de su madre, de su verdadera madre, y

al lado, mamá…

NATACHA.- Yo no soy así, mamá. Te quiero.

 

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