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Autor
Angélica Liddell
Año de publicación
2006
Referencia bibliográfica
Inédito
5 de junio 2020
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Boxeo para células y planetas

El miedo a la muerte como origen de la melancolía

Aparece Sindo: ¿Qué es el hombre para descubrir un planeta? ¿Qué es el hombre para lanzarle piedras al diablo? Te vas a morir.

Música: For ever young.

Sindo se quita la camiseta. Un brazo y otro. Se pone las prótesis verdes. Hace tres gestos de melancolía. Va a las mesas.

Ya habéis conocido a Pascal Kahn. Mejor dicho a la representación de Pascal Kahn. A Sindo representando a Pascal Kahn. Pero al verdadero Pascal no lo conocéis. A Pascal me lo encontré en la calle, al pie de un portal, seguramente se le había caído a algún niño. Este es el verdadero Pascal Kanh. Presento al muñequito infantil. Lo voy a acercar a las mesas para que lo veáis mejor. Es pequeño, menudo, frágil, fungible, precario, un poco como todos nosotros. A ver si resiste de pie. Coloco a Pascal de pie sobre una mesa.

Pascal es el protagonista de nuestra historia. Pascal sufre un acontecimiento decisivo en su vida, verdaderamente decisivo, de esos que te obligan a cambiar tu punto de vista sobre las cosas y modifican tu relación con el mundo. Pascal presencia la agonía terriblemente larga y angustiosa de un ser querido. Esto le hace tomar una conciencia excesiva tanto de su propio cuerpo como de su propia mortalidad, de manera que Pascal desarrolla un miedo atroz a la muerte y entra en un estado de pánico y de melancolía prácticamente incompatible con la vida. Para 2

identificar sus sentimientos Pascal recurre a algunas lecturas. Uno de los libros que lee una y otra vez es este: “Del sentimiento trágico de la vida” de Miguel de Unamuno. Lo elige por dos cosas, una porque Unamuno es uno de los filósofos que con más furor y fiereza ha reclamado la eternidad para sí mismo. Unamuno quería ser eterno. Incluso hay un capítulo que se titula “El hambre de inmortalidad”. Esto causaba burlas en los ambientes intelectuales pero Unamuno decía que más absurdo era morirse como para que a él no le dejaran ser eterno. Y otro de los motivos por los que Pascal elige a Unamuno es porque Unamuno se refiere constantemente al hombre de carne y hueso oponiéndolo de algún modo al hombre colectivo, al hombre Humanidad. Pascal en cambio sí que intentará vincular estas dos categorías. Intentará vincular al hombre de carne y hueso y el hombre Humanidad. Unamuno propone una prueba que es imaginarse como no existiendo. A él le provocaba verdadera angustia esta prueba porque decía que nadie puede imaginarse como no existiendo. Pascal dejó dentro del libro unas cartulinas donde expresaba sus sentimientos, sus pensamientos. Antes que nada deciros que todo lo que váis a ver es el material que nosotros hemos recopilado acerca de Pascal Kahn, sus objetos, sus trabajos plásticos, sus apuntes, incluso las acciones que vais a ver son escenificaciones de unos dibujos que dejó Pascal con todas las anotaciones correspondientes, la música que debía sonar, etc… pero vamos a escuchar los pensamientos de Pascal y dejemos que Sindo, puesto que representa a Pascal, las lea.

“Siempre es lícito afirmar que todavía estamos vivos. No simplemente vivos, sino todavía vivos. Estamos íntimamente relacionados con los adverbios de tiempo. Somos una alegoría de las horas. El hombre es una X en un no-lugar.”

“El sol aparece, sube y nos mira como si fuéramos cerdos, pobres seres vivos obsesionados con la propiedad, sin tener más propiedad que nuestra carne corruptible”.

“Claro que soy un caníbal, soy un caníbal porque voy a devorarme”. 3

“Tarda tanto tiempo en hacerse nuestro cadáver. Esa figura más o menos desastrosa, imperfecta, con la que nunca seremos eternos. ¿Cómo podemos estar hechos de la misma materia que los cadáveres? Te vas a morir.

Para la próxima acción vamos a escuchar el preludio de la Travista. Que seguramente fue elegido por Pascal porque la Travista es una obra que jamás hubiera existido si la protagonista no hubiera estado enferma. Es una historia de amor traspasada por la enfermedad y la muerte.

Suena la Traviata. Sindo se quita la camiseta. Pisa el fieltro. Le doy el vientre verde. Pego un cable a la furta podrida de la derecha. Pego otro cable a la fruta podrida de la izquierda. Pego tres cables al pecho desnudo de Sindo. Cojo un vaso de agua y bebemos. Se quita el vientre. Dejo el vientre verde en el suelo y meto otro cable en un vaso de agua.

Lectura del cuento

Era la primera vez que Pascal Kahn la veía desnuda. Era la primera vez que veía desnuda a una mujer tan vieja, tan monstruosa, tan amarga. En treinta años, de su abuela solamente había conocido la cabeza y las manos. Desde niño pensaba que tras la ropa se ocultaba un cuerpo sonrosado y liso semejante al de cualquier mujer. Y esta era la primera vez que la veía desnuda, envuelta en excrementos que no se distinguían del vientre que los expulsaba. La vieja era una especie de lodo blancuzco desparramado sobre la yacija. Aquella mujer había trabajado tanto como un caballo. Aquella mujer había lamido dulcemente las pollas de los hombres. Aquella mujer había metido unos pezones duros y fértiles en la boca de sus hijos. Y ahora tan solo era lodo blancuzco desparramado sobre la cama, y daba asco, verdadero asco. Nada le había hecho perder tanto las esperanzas a Pascal como ver aquel cuerpo descarnado, rancio, sucio y hediondo desparramado sobre la cama, igual que el lodo. Si la hubiera visto ya muerta, vestida, maquillada, quieta, dentro del ataúd… Hay algo hermoso en todos los cadáveres. Pero aquel lodo blancuzco todavía se revolvía y luchaba por prolongar el aliento con una fiereza 4

inaudita, lanzando las sábanas a los planetas, buscando una verticalidad imposible. Dios no estaba allí. Dios no estaba allí. Solamente un tipo de sotana raída, alcohólico y cobarde, coreado por un grupito familiar impaciente que acercaba pañuelos empapados de colonia a la nariz. A la vieja se le incendiaban los ojos suplicando una explicación, intentaba expresar, con la escasa rotundidad que le permitía la descomposición, su deseo de no morirse nunca. Se revolvía sobre la cama, se revolvía frente al cura, se revolvía frente al médico, se revolvía frente a los hijos, desparramaba el lodo, a un lado, al otro. Extendía sus manos esqueléticas hacia las mangas de los nietos. Cualquiera hubiera dicho que la vieja pretendía introducirse en un cuerpo más vigoroso para escapar del horror. Pero todo iba en contra de aquella voluntad desesperada. Definitivamente el cuerpo triunfaba por encima de la voluntad. La carne había mutado sin intervención del pensamiento. Había mutado con fanatismo. Cuanto más se esforzaba la vieja por sobrevivir más irritados parecían los familiares, como si aquella tuviera la obligación de morirse y ya está. La escena semejaba un circo sórdido y grotesco, una obra de teatro demasiado larga, aburrida y sin sentido, una mezcla de película de terror y tienda pornográfica, una dentadura de drácula en la boca de una prostituta. Al final la mujer murió totalmente rígida, con la lengua negra apuntando al cielo y los dedos atravesando la espuma del jergón. A modo de conclusión, los vivos zarandearon la cabeza y se golpearon los oídos temiendo una repentina sordera. Del oído izquierdo de Pascal salió sangre. Aquella había sido la peor muerte, la más ultrajante, la que procede únicamente de la naturaleza. Pascal aborreció la naturaleza y el ciclo de las cosas. Le pareció que nacíamos humillados, sin elección. Y también pensó que la inteligencia era inútil frente al suicido de las células, que la pasión era inútil frente al maldito suicidio de las células, que en definitiva todo se reducía al cuerpo, a lo corruptible, y también pensó que era preciso traicionar ese cuerpo mezquino y mentiroso que sostenía nuestras ambiciones mediocres. 5

Una vez en casa Pascal emprendió numerosos saltos mortales que no hicieron sino agigantar su angustia. Saltó de la célula al hombre y del hombre al universo. La diferencia entre escalas le aterrorizó. Por ejemplo, le aterrorizó la exigencia de compartir la búsqueda individual de la felicidad con la catástrofe humana. ¿Cómo era posible tener al mismo tiempo sentimientos particulares y sentimientos colectivos? ¿Cómo era posible comportarse a veces como hombre y otras veces como humanidad? Cuando nos indignaba la pobreza éramos humanidad, sin embargo cuando el enfermero extraía nuestra sangre con una jeringuilla para analizarla éramos hombres carne, hombres hueso.

Los collages

Para realizar todos estos altos mortales entre escalas, de la célula al hombre, del hombre al universo, Pascal acumula recortes de prensa que es la manera más inmediata y precaria de relacionarnos con el mundo. Él va pegando fotos y artículos en este libro y una de las primeras fotos que el recorta es la de los cuerpos de 25 haitianos muertos, amontonados en la morgue, estos jóvenes murieron asfixiados en un camión que les transportaba un destino de esclavos. A Pascal no sólo le interesa la realidad. Pascal quiere comprender la realidad mediante la representación de la realidad. Pascal utilizó papel transparente para calcar a lápiz los cuerpos de los 25 haitianos que habían muerto asfixiados en un camión antes de llegar a su destino de esclavos. Unió los resultados de una analítica reciente al calco de los cadáveres amontonados en la morgue, de manera que los datos sobre su sangre se transparentaron a través de los cuerpos de los haitianos anónimos. También calcó a un hombre que lloraba en Bagdad sobre un ataúd, y después se pellizcó. Observó la magulladura durante algunos segundos. Leyó varias veces el artículo que describía la primera misión espacial con destino a Plutón. La nave había emprendido a 58.000 kilómetros por hora un viaje de casi 10 años en el que debería recorrer más de 5.000 millones de kilómetros hasta llegar al último planeta. El descubridor de Plutón había muerto hacía nueve años, 6

pero su familia había asistido al lanzamiento del cohete. El presidente de la Universidad de Harvard afirmaba que las mismas cosas que mueven al mundo mueven a la economía: la esperanza y el miedo.

Los collages cada vez se van haciendo más complejos, también las relaciones que establece entre escalas, vamos a verlos.

Se proyectan los collages

1.- Bush enfentado al mapa de la vida

2.- Hambre en Somalia- descubrimiento neurológico

3.- …

Las cartulinas

Trazaba sin parar líneas con cinco nudos, y a cada nudo le daba un nombre: origen de la vida – enfermedad – guerra- universo- muerte. Y en cada nudo se detenía a reflexionar acerca del miedo. Ser propenso al miedo a la muerte era un asunto peligroso, cuanto más miedo se tiene a la muerte más probabilidades existen de suicidarte. Esta paradoja es un hecho. Es bastante frecuente en las residencias de ancianos. Hay muchos ancianos que se quitan la vida porque no quieren esperar a que la naturaleza haga su trabajo. Existe también el denominado “Homicidio por compasión”, también entre los ancianos, uno de los cónyuges mata al otro y después se suicida, es un acto compasivo. Hace poco ví una película de un director japonés, “Peep- tv- show”, en la que el autor sostenía una tesis muy audaz acerca de los suicidios de la torres gemelas el día que chocaron los aviones, y es la siguiente: la gente que se arrojó por las ventanas lo hizo porque no quería morir aplastada por algo que desconocía, quería morir de una manera racional, comprensible, si me arrojo por la ventana de un rascacielos me mataré, es algo que yo puedo controlar. Pero a pesar del peligro, el miedo a la muerte le sirve a Pascal para reafirmarse continuamente como hombre carne-hueso, era consumar la idea de que el cuerpo está por encima de la voluntad del hombre, era una confirmación ininterrumpida de la especie humana, como si Pascal 7

fuese un gusano dentro de un cadáver dándose cuenta en todo momento de cual es su verdadero vínculo con la vida.

El miedo a la muerte también tiene que ver con el narcisismo. En el ensayo “Duelo y melancolía”, Freud relacionaba la melancolía con la pérdida de un objeto amado, deseado, y con un proceso en que el objeto perdido era incorporado al yo. La melancolía era por tanto duelo y regresión narcisista. Sin embargo Pascal no amaba a nadie, no deseaba a nadie, el objeto deseado era su propio yo, su cuerpo. Pascal sentía que la pérdida era él mismo, es decir, aquello inapropiable, aquello que no podía poseer, y por tanto no podía perder, puesto que jamás lo había poseído, pero paradójicamente aquello era su propia carne. Pero el deseo que más le obsesionaba era el deseo de sí mismo, es decir, el deseo de que su cuerpo permaneciera, y por tanto permaneciera su yo. Pascal se sentía objeto y sujeto al mismo tiempo. Se relacionaba con su cuerpo como si fuera un fetiche, y por ese motivo jamás alcanzaba la satisfacción. Se siente como la presencia de una ausencia. El ser humano es la presencia de una ausencia. Anticipa su pérdida. A pesar del apego a sí mismo, Pascal Kahn seguía investigando su doble condición de hombre carne- hueso y hombre humanidad intentando descubrir su identidad mediante el horror colectivo. Volvía a emprender saltos mortales entre distancias inmensurables. Pasaba una y otra vez de la fisiología a la guerra utilizando recortes de periódico. Algunas veces Pascal se identificaba con la catástrofe. En ese momento lo individual y lo colectivo se asociaban. Las cárceles de Abu Grahib encontraban afinidad en la derrota interior de Pascal y se consideraba capaz de expresar lo privado y lo público con los mismos términos. Sospechaba que en la paradoja residía la solución a algún problema importante. Aunque sin esperanza, le parecía que tal vez enfrentando la composición orgánica de los cuerpos a un diario del devenir del mundo, averiguaría algo acerca del aterrador conflicto entre materia y espíritu. Ahora vamos a escuchar a Jacqueline Du pre 8

Acción

Realizar el collage con los objetos que ha traído la gente. Radiografías, medicamentos, analíticas. Se les graba con la cámara.

Tipo conferencia

Según Thomas Mann somos materia en constante transformación y la vida no es sino la persistencia de la forma, según Auden la muerte es pasar de ser materia responsable a materia irresponsable, según Spinoza cada cosa, en cuanto es en sí, se esfuerza por perseverar en su ser. La interpretación que Unamuno hace de esta proposición de Spinoza viene a decir que la esencia del hombre, del hombre carne y hueso, “el que nace, sufre y muere- sobre todo muere-, el que come, y bebe, y juega, y duerme, y piensa, y quiere”, no es sino el esfuerzo que realiza para seguir siendo hombre, es decir, para no morir. “Así que la melancolía procede de un desagradable asunto material, meramente material, la res latina, la cosa.”

Pascal se relacionaba con su cuerpo como si fuera un fetiche, y para hacerlo era necesario haber considerado previamente el cuerpo como cosa. Era normal que un hombre que temía a la muerte se relacionara así con su carne, pues se sentía sujeto y objeto al mismo tiempo. Si el cuerpo era res, podía ser fetiche, y podía ser violado, como la estatua de Pigmalión, o como Viridiana vestida de novia. El fetichismo con el propio cuerpo tenía que ver más que nada con el deseo de sí mismo, con la antropofagia. El concepto hombre- cosa le ayudó a comprender lo fácil que resultaba la programación de una sociedad entera mediante el miedo a la muerte, una sociedad res, una sociedad cosa. Eran tiempos en los que un Polonio mediocre y perverso, desde su dictadura presidencial, informaba al pueblo- Ofelia, “Teme, Ofelia, teme, la mayor seguridad estriba en el temor”. El único fin de aquel Polonio mezquino y cruel consistía en roer las libertades civiles y asegurar la fidelidad ignorante y lacayuna de todo un pueblo. Era fácil enloquecer a Ofelia en un tiempo en que los cadáveres podían ser utilizados como manteles, era fácil en un 9

tiempo en el que las sociedades prósperas acumulaban infinidad de bienes superfluos que debían proteger. En el fondo la tiranía funcionaba porque todos los hombres le tenían miedo a morir, y cuanto más temor a la muerte se les inculcaba desde el poder, más egoísta se volvía esa sociedad. Al fin y al cabo el egoísmo y la vanidad eran las expresiones más representativas de la muerte.

“Hoy he abandonado a mi familia, a mi madre y a mi hermana. No volveré a su lado. He roto definitivamente con ellas.”

“¿Qué me une a mi propia forma? No congenio con mi carne. Debe ser por lo que ya sabemos, el cuerpo es la presencia de una ausencia, eso debe ser”.

“Si fuéramos arados, si fuéramos arados, arados sobre la tierra, levantando…”

“Todo lo que va contra nosotros es nuestro destino, y lo que va a favor es nuestra voluntad. El miedo, por supuesto, procede de la idea de destino.

“¿De qué manera se puede triunfar sobre lo irreversible?” “No quiero morir”.

“Lo bueno de este cuerpo cabrón, de este cuerpo hijo de puta, es que destruyendo al ser, es decir, destruyéndome a mí, a mí, a mi conciencia, el muy cabrón se destruye a sí mismo. Esta maldita carne se suicida, se suicida, solo hay que esperar, solo hay que esperar, solo hay que esperar, el canibalismo, maldito Freud, observa tu puto canibalismo

Música: Haydn y Jacqueline Du Pré. Acción

Sin una confirmación exterior que le persuadiera de la utilidad de su vida, Pascal se limitaba a mirar los techos, como si los techos, simplemente por estar arriba, según una interpretación medieval del mundo, atesoraran una teoría sobre la eternidad. Pero no solo tomó una conciencia excesiva de su mortalidad, sino también de la del resto de los hombres, desde los más jóvenes hasta los más viejos. Un niño no le producía mayor sensación de esperanza que una verdura podrida. Es más, 10

Pascal, impelido por alguna corriente subterránea e incontrolable, y puesto que el lenguaje le permitía trasmitir su melancolía incluso a los gatos, se entregaba también a la educación clandestina de los niños que encontraba en los parques, y mirándoles fijamente a los ojos les decía, “te vas a morir”. Lo decía con tono de pedagogo y de profeta. Pascal, como si llevara una escoba en la mano, les decía a los niños, “te vas a morir”. Y los niños comprendían perfectamente, a la primera, y escapaban corriendo y llorando hacia sus madres para meterse de nuevo en el útero y asfixiarse. Pascal, puesto que aún no se atrevía a traicionar su propio cuerpo, traicionaba el sentido de la vida inculcando en los pequeños la idea de suicidio. Se comportaba como una de aquellas harpías encargadas de robar el alimento o ensuciarlo con heces. Pascal sabía aprovechar el azufre y corregir el hacha. Se imaginaba caudillo de un ejército de infantes suicidas, marchando al frente de columnas perfectamente formadas, desfilando por una gran avenida camino de los rascacielos. Miles de niños desnudos abarrotando los ascensores, libres, y él pulsando el botón del último piso. Miles de niños arrojándose con convicción a través de las ventanas del último piso de los rascacielos, cayendo en manojos sobre las aceras, miles de niños sangrando sobre las aceras, miles de niños reventados que se confundirían con una tarta gigantesca.

Una mañana Pascal dibujó sobre la tierra del parque la planta de una ciudad utilizando migas de pan. Se sentó a esperar a los pájaros y preparó una cámara fotográfica. Y los pájaros poco a poco devoraron la ciudad. Y Pascal Kahn fotografió a los pájaros mientras devoraban la ciudad. Y cuando ya no quedaba ni una sola miga sobre la tierra, dejó la cámara al pie de un árbol, y se marchó de allí caminando lentamente, no se sabe a dónde. 11

Película: Proyección

Una idea loca dio por concluido el encierro y disipó las fiebres. Pascal convenció a sus padres para que participaran en el rodaje de una película casera, torpe y extraña, como su temperamento, cuyo guión había empezado escribir. Pascal pensaba que la relación que establecemos con los objetos nos adjetiva. De manera que se inclinó por las formas horribles. Procuraba relacionarse con todos aquellos objetos que podían adjetivarle negativamente. La ausencia de formas bellas le ayudaba a despreciar la vida. Pensaba “Eso dicen que sucede en la barbarie, la ausencia de formas bellas….”. Utilizaba la película para descubrir nuevos emblemas del luto, objetos que fueran más allá de la clásica Melancolía de Durero, más allá del compás, del martillo, de la balanza o la regla. Mantenía la atracción brechtiana por la parte humillada del mundo. Decía Pascal recordando unos versos de Brecht, “Si los pechos de las muchachas son cálidos como antes, ¿por qué solo hablo de que la campesina de cuarenta años anda encorvada?” Pascal quería añadir a la obra de William Blake un proverbio más del infierno. Pero la congoja que le causaron las imágenes mientras las iba grabando en vídeo no le permitió finalizar la obra. A pesar de todo, al editarla, insertó la palabra FIN.

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