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Autor
Ileana Diéguez
Año de publicación
2008
Referencia bibliográfica
Inédito
5 de junio 2020
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Escenarios y teatralidades de la memoria

Articular históricamente lo pasado no significa conocerlo «tal y como verdaderamente ha sido». Significa adueñarse de un recuerdo tal y como relumbra en el instante de un peligro W. Benjamin

Muchas veces pienso que la historia aún no ha sido escrita, sino que ésta se encuentra contenida en las calles que diariamente atravesamos y en los objetos que las habitan, en las líneas que dibujan sobre cada uno de nosotros. Carlos Garaicoa

 

El arte de la memoria pasa por el vínculo entre el recuerdo, las imágenes y los lugares. Me interesa el pensamiento que plantea la memoria como un escenario, como un espacio representacional que tiene su propia teatralidad. Me interesa también la teatralidad que habita en el concepto mismo de representación, entendido éste como un dispositivo que propicia el acto comunicacional y la configuración del lenguaje al poner ante los ojos mediante palabras, imágenes, situaciones y objetos. No entiendo la memoria como un suceso mental; subrayo su dimensión performativa, su irremediable vínculo con el cuerpo individual y colectivo, con la temporalidad y el diálogo. “No se trata ni de la voluntad de recordar ni de la asociativa „memoria involuntaria‟ de Bergson o de Proust, sino de una práctica” que como adelanta Grüner, “no tiene de antemano garantías de éxito” (168)1 Quiero detenerme en dos acciones realizadas en la Ciudad de México por el grupo Teatro Ojo, integrado por creadores procedentes de distintas disciplinas y dirigidos por Héctor Bourges. Me referiré a S.R.E. visitas guiadas (2007), y a ¡NO? Intervención y generación de imágenes-acciones en espacios públicos de la Ciudad de México a 40 años del movimiento estudiantil de 1968, concebida inicialmente como un conjunto de diez acciones. Efectivamente, las acciones del Teatro Ojo no pueden ser enmarcadas en el concepto de “teatro”. Pienso que es necesario seguir abriendo estas cuestiones, en tiempos en los que seguimos discutiendo sobre las diferentes problemáticas que atañen al teatro, a la teatralidad y a la performance. Especialmente, en SRE y en ¡NO?, se observa un adelgazamiento extremo de los dispositivos representacionales tradicionales; incluso, un debilitamiento extremo de la voluntad de representar o de escenificar mediante el principio de sustitución y/o de mimesis. Se trata de intervenciones en espacios públicos, cerrados y abiertos, que recurren a dispositivos ligeramente instalacionistas, o performativos: disposición de objetos y accionar de cuerpos sin ninguna pretensión de ficcionalización (salvo breves instantes) en lugares no enmarcados para escenificar. Las caracteriza también cierta vocación documental: recuperación de textos históricos que son introducidos con otros formatos, muestra o exposición de materiales y objetos encontrados, revisitación de espacios urbanos cargados de memoria que suscitan la evocación de memorias en los espectadores. Si pensamos el espacio escénico como aquel que puede emerger en una intervención urbana, una obra arquitectónica o una instalación visual, donde sucede la construcción de una situación poética para ser mirada o performeada por otros, entonces, las acciones del Teatro Ojo entran en el campo expandido de lo escénico. SRE: visitas guiadas, fue concebida como una “intervención” al edificio donde estuvo ubicada la Secretaría de Relaciones Exteriores de México. La “intervención” realizada por el Teatro Ojo tuvo el propósito manifiesto por sus propios protagonistas de “dejar hablar a la realidad”2 y huir de la ficción, de trabajar con el espacio y con los propios materiales allí encontrados: los “documentos exhumados”, los restos de lujosas vajillas, pasaportes nunca entregados, olvidadas cartas de amor, declaraciones, confesiones y conferencias de diplomáticos y políticos… El recorrido fue el dispositivo fundamental que integraba los visitantes al espacio y a los materiales allí dispuestos. El dispositivo dejaba gran parte de la creación al visitante y a las circunstancias específicas en la que se daba cada visita. Si bien la duración y el diseño de los cuatro diferentes recorridos eran precisos, lo que ocurría al interior de cada uno de ellos era muy flexible. En realidad se trataba de articular conversaciones en el más amplio sentido de la palabra; conversaciones que permitieran no sólo establecer una cierta relación entre los guías y los visitantes, sino también entre los propios visitantes, provocando encuentros en algunos puntos de los recorridos; y especialmente, propiciar conversaciones entre el visitante y su memoria Me detengo en dos elementos claves en la estructuración de esta acción para considerar cómo actúan las estrategias artísticas en las escenificaciones y políticas de las memorias. Me refiero al propósito de ofrecer una “visita guiada” a un grupo selecto de cuatro espectadores, y a la “premisa” de “trabajar únicamente con el material encontrado”. ¿Qué expectativas se crean cuando se declara que el objeto de exploración estaba en la posible relación entre los invitados y el edificio? ¿Qué implicaba que los invitados no rebasaran el círculo de amigos, de artistas e intelectuales, de espectadores medios que suelen acompañar los experimentos escénicos en la ciudad? ¿Cómo leer que en aquella indagación de la memoria no fueron invitados los vecinos del complejo habitacional Tlatelolco que rodeó durante años esa arquitectura, símbolo del poder político del país? ¿Cómo podrían detonar diferentes tejidos las memorias locales según los territorios, zonas y estratos sociales de las ciudades? ¿Cuáles son entonces las memorias en conflicto que representan los hacedores de discursos y relatos, cuáles los relatos singularizados que cada sector o clase social produce según la constitución de sus memorias? Quizás a esta experiencias de “amputaciones” aludía una invitada a la Visita Guiada en la SRE cuando anotaba que aquella acción rememoraba “en su interior un pasado indecible” y se preguntaba “si el dispositivo no fue rebasado por la realidad, por la ausencia-presencia del edificio, de la institución, del pasado, del porvenir”. “Nosotros fuimos los testigos de la huella de aquello que nos estaba prohibido mirar”.3 En todo caso, pienso, fuimos los vouyeristas de la obscenidad, de aquello que no estaba o no se debía mostrar, y sin embargo, se dejó ver para un microcírculo selecto. Un año después de S.R.E. Visitas Guiadas, y en el contexto de rememoraciones de los cuarenta años del movimiento estudiantil de 1968, el Teatro Ojo se propone abordar esta problemática. Compleja sobre todo por “los velos de silencio” que se han extendido sobre ella, y porque abarca los tejidos de la llamada “memoria colectiva” como de las múltiples memorias personales. El proyecto ¡NO?, desarrollado entre los meses de agosto y octubre del 2008, generó una serie de intervenciones y de imágenes-acciones en los espacios públicos de la ciudad. Recurriendo a dispositivos diversos, estas acciones pensadas para sitios específicos, se proponían evocar relatos específicos ocurridos en los propios espacios a intervenir: las diversas performances eran “alusivas a las fechas que marcaron el proceso del movimiento”, declaró su director Héctor Bourgues.4

Pienso que la tensión entre un “olvido definitivo” promovido por una política de “amnesia inducida” para la construcción de una dirigida “memoria colectiva”, y el “olvido de reserva” del que emergen imágenes y acontecimientos que reconstruyen nuestras memorias personales, fue un móvil fundamental en la construcción del proyecto ¡NO?, cuyo nombre se inscribe entre la pregunta y el asombro, pero sobre todo como un punto de partida que disiente y provoca. Si “la desmemoria, de la indolencia, de la ausencia de referentes”, como manifestaba Bourges, fue determinante en la construcción de SER: Visita Guiada, tratándose sobre todo de un grupo conformado por personas en su mayoría nacidas después del 68, el proyecto ¡NO? -concebido como un conjunto de acciones a ser realizadas en los espacios de la ciudad de México cual teatro urbano de acciones reales – atravesó, horadó, la “amnesia inducida” y los relatos de una maquillada “memoria histórica”. En la construcción del proyecto se cruzaron “saberes” acumulados y transmitidos por las llamadas “memorias colectivas” y “memorias históricas”, pero en las que también se aloja el “olvido definitivo” y el “olvido de reserva”. Sobre las borraduras que han ido nutriendo la “amnesia colectiva” se generaron micro-performances que se diseminaron por diversos espacios de la ciudad. Una especie de proyecto cartográfico que recurría al arte de la memoria inscripta en los espacios urbanos, cual texto performativo impreso en la arquitectura y los trazados públicos, y ejecutado en un otro tiempo real. En la construcción y realización de ¡NO?, el grupo recurrió a la introducción de diversos elementos como testimonios, videos, escritos paradigmáticos, cartas, mantas y volantes, libros, discursos y textos sonoros, slogans y objetos, a modo de instrumentos que propiciaran esos “destellos de memoria”.  Más que representar acontecimientos se buscaron estrategias para provocar las memorias singulares, sin pretender adaptarlas a ningún patrón icónico o político. La disposición de elementos en los espacios de la memoria urbana y social, invitando a los espectadores a participar, buscaba detonar las teatralidades de los imaginarios personales en diálogo o contraste con los relatos de las domesticadas memorias colectivas. El carácter especialmente relacional que define las últimas creaciones del Teatro Ojo está dado al construirse como intervenciones poéticas que buscan detonar, interrogar o provocar el tejido social y urbano, y al hacer de los espectadores participantes que reconfiguran las acciones según el grado de colaboración. Estas maneras de hacer se instalan en la procesualidad, antes que en la objetualización de la obra de arte. Pienso incluso que la frase “obra de arte” podría ser pretenciosa al referirse a acciones que se construyen como prácticas específicas para espacios específicos de memorias singulares. Imaginar estas acciones en otros espacios y/o contextos implicaría la reconstrucción total de las mismas.

Notas

  1. Grüner, Eduardo. “Dicen que la memoria es el olvido”. La cosa política o el acecho de lo Real. Buenos Aires: Paidós, 2005.
  2. Bourges, Héctor. “Lo que he pensado sobre S.R.E. Visitas guiadas” Texto escrito para el Desmontaje del mismo proyecto en el CITRU, junio de 2007. Todas las citas referidas como “Bourges” pertenecen a este mismo texto.
  3. Sordo, María. “Restos de una visita”, mayo-junio, 2008.
  4. “Cuarenta años del movimiento estudiantil de 1968. El grupo Teatro Ojo presenta el proyecto ¡NO?”. Cartelera UNAM,  20 de agosto de 2008.
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