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Autor
Ernesto Collado
Año de publicación
2013
Referencia bibliográfica
CORNAGO, Óscar (Coord.), Manual de emergencia para prácticas escénicas. Comunidad y economías de la precariedad, Madrid, Continta me tienes, 2014, pp. 273-283
5 de junio 2020
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Nueva Marinaleda. Experiencia futurista de sociedad utópica

Idea y Dirección: Ernesto Collado (fundacioncolladovanhoestenberghe.wordpress.com) Creación e interpretación: Nicole Balm, Jordi Bover, Barbara Van Hoestenberghe, Mostafa Benkerroum, Piero Steiner y Ernesto Collado. Estrenado en el Festival Hybrides de Montpelier (2012)

Cada uno es un punto focal para su ética pero también un punto en la geografía del otro, estamos todos para los demás. 

Una plantación de lentejas trepadoras iluminadas artificialmente y conectadas a las lavadoras a través de unas cañerías de agua, sirven para filtrar la suciedad creando una relación simbiótica entre la máquina y las plantas. Las plantas reaccionan misteriosamente a las manchas y a los distintos tipos de suciedad, como si estas pudieran sacar conclusiones psiciológicas de los restos dejados por las acciones de los hombres y mujeres que asisten al lugar. A través de unos electrodos que las conectan entre sí, emiten señales lumínicas, transformando el ambiente.

El CO2 que emite la gente que ocupa el espacio es fundamental para el funcionamiento del mismo. Sin esa concentración de CO2 emitido por las personas las plantas se marchitan y el sistema muere. Esos espacios son pequeños “sistemas” vivos, organismos que se alimentan y retroalimentan, crecen, se reproducen… Los sonidos de las lavadoras, con sus distintas fases de lavado, aclarado y centrifugado crean cadencias rítmicas.

Bueno, como ya os había dicho, es muy difícil mirar todas estas imágenes de esculturas en las autopistas y permanecer indiferente. Por qué todo esto y sobre todo por qué ahí donde están? Después de tres meses de trabajo tras la pista de las autopistas abandonadas, estaba claro para mí que esto no tenía ningún sentido místico ni religioso, porque estaban puestas en lugares donde no había ninguna vista impresionante o un campo magnético particular. Yo no he sentido ninguna fuerza telúrica clara, y además no tienen ninguna orientación coherente. 

No, está claro que estas esculturas no se encuentran en lugares sagrados. Pero al mismo tiempo está todo lleno de esculturas como estas. En dos años de marcha a pie he visto casi doscientas, y me he encontrado gente en bici que me ha hablado de esculturas majestuosas en Helsinki, en Nápoles, en la costa del Mar Negro… y todas ellas están conectadas, veis? 

Es como una especie de sistema complejo de peregrinaje motorizado. No es una casualidad que todo esto esté organizado así. Evidentemente, en esta época, en esa sociedad sociedad del movimiento permanente había una necesidad ilimitada, vital, de belleza. Esas gentes, durante esos viajes constantes, no podían conducir más de 300 km. sin experimetnar el placer de las formas, de los colores. He podido constatar que no había más de 300 km. entre cada escultura. Ahora eso parece una distancia enorme, pero en esa época la gente iba a 120 km. por hora, y en algunas comunidades a 130. Y a 120 km. por hora eso nos da: 2 horas y media, el tiempo natural entre dos pipis. Vemos que es una necesidad casi fisiológica de belleza. 

Pero es demasiado simple esta explicación, porque esta necesidad la tenemos también nosotros, no? Tiene que haber otra razón más compleja, más profunda, pero cuál? Bueno, tú te ríes ahora (refiriéndose a alguien del público), pero ayer por la noche, con el couscous, el vinito… tuviste una intuición. Yo os la cuento. Su intuición es que estas formas son más bien una suerte de manifestación estética local, como si se tratase de concentrar en una sola forma, en un material, toda la consciencia colectiva, incluso ontológica, de las comunidades alrededor. Serían como mensajes codificados puestos ahí para los visitantes, que los pueden descifrar y penetrar en las entrañas culturales de estas comunidades que quieren conocer. 

Esta foto, por ejemplo, la he tomado en la región helvética, la antigua Suiza. Veis que al lado de la escultura se han encontrado vestigios de asentamientos, con barbacoas, bancos, mesas, todo listo para poder quedarse ahí y descifrar esos mensajes. Es verdad que en algunos casos haría falta varios días, se puede estar hasta una semana para comprender… ah, la colada! Mis pantalones ya están listos. Bueno, podemos seguir hablando después… 

Entramos a un espacio desconcertante, entre biblioteca, lavandería, invernadero y bar. Allí asistimos a una “sesión” de una de las muchas comunidades que habitan la península. Esta, concretamente, vive del cultivo de espárragos, de donde extraen una enzima que les sirve para hacerlo todo, desde tejidos y medicamentos a materiales de construcción o combustible. Funcionan con el intercambio de conocimiento, y les va muy bien puesto que el conocimiento es de las pocas cosas que al compartirlo se multiplica. Por supuesto estamos en el año 2112. Mientras esperamos a que la ropa que hemos traído complete su ciclo en el programa de lavado y nos tomamos algo relajadamente, los miembros de la comunidad, cada uno desde su personal perspectiva, repasan temas universales. Poco a poco vamos descubriendo que hemos ido al “teatro” y sin salir de nuestro asombro participamos de unos curiosos ejercicios de calentamiento, construimos imágenes e improvisamos un modelo para visualizar La libertad, mientras conocemos de cerca cómo se organiza la comunidad, lo que los une, sus objetivos y sus inciertos orígenes, que parecen remontarse a lo que se dio en llamar la “spanish revolution” de Mayo del 2011.

Para la gente que hemos quedado mañana para la selección de espárragos, decirles que hemos quedado a las siete en vez de a las ocho –es que hay mucho trabajo- y quedamos detrás de la cooperativa. Gabi… Gabi, dónde estás, no te veo… ah, estás ahí. Vale, puedes traer tú los bocadillos? Muy bien. Ah, y otra cosa muy importante, ya tenemos el Sentido Común de la última asamblea, nos ha costado un poco, no era fácil, pero al final ha quedado así: 

LO IGUAL PARA TODOS NO LE INTERESA A NADIE

Ya sabéis que si queréis añadir algo o dejar algún comentario, lo podéis dejar detrás de la barra. De hecho la Marisa ya nos ha dejado un texto. Es de Óscar Wilde, de 1891. Ya sabéis, la Marisa… Os lo leo en un momento, vale? 

Bajo el individualismo la gente será completamente natural y carecerá en absoluto de egoísmo. El egoísmo no consiste en vivir como tú deseas, sino en pedir a los demás que vivan como tú deseas. El individualismo, en cambio, reconoce a la variedad infinita de tipos como algo encantador, la acepta, la aprueba y la disfruta. No es egoísta pensar en uno mismo.

El hombre que no piensa por sí mismo, no piensa. Cuando el hombre haya comprendido el individualismo, comprenderá también lo que es la simpatía. Cualquiera puede simpatizar con los sufrimientos de un amigo, pero se requiere una naturaleza muy bella, se requiere en realidad la naturaleza de un verdadero individualista para simpatizar con el éxito de un amigo.

El reconocimiento de la propiedad privada ha dañado al verdadero individualismo, y lo ha oscurecido confundiendo al hombre con lo que él posee. Bajo el individualismo nadie perderá su vida en acumular cosas, se vivirá. Vivir es la cosa menos frecuente en el mundo.

Bueno, muchas gracias, Marisa… tampoco hace falta que vuestros comentarios sean tan largos. A las siete mañana, no olvidéis, detrás de la cooperativa. 

Es un espacio del futuro donde el teatro y en general todo acto artístico y creativo ha dejado de ser un producto de consumo y ha devenido en una práctica comunitaria, pública y vital. Se trata de un ensayo, de un equilibrio en constante desequilibrio, un ejercicio que nos mantiene en forma, alerta. Estar o no estar, ésa es la cuestión. Hamlet se tradujo mal, a alguien le interesaría que nos perdiéramos en el Ser, en el yo.

Para alejarnos de las abstracciones, de los pensamientos, para abandonar las ideas, os propongo hacer algo, alguna cosa material… una construcción. Algo que se pueda observar, que nos diga algo nuevo, sorprendente. 

No existe una división clara entre espectador y actor, entre obra y creador. En estos espacios de encuentro, la gente se reúne para tratar sobre lo común. Imaginan posibilidades, construyen conjuntamente proyectos, ficciones que les ayudan a comprender y a mejorar. En estos ejercicios de construcción colectiva, se estimula y refuerza la conciencia comunitaria, revisando constantemente sus valores, ideas y formas de organización a través del acto creativo. En definitiva, un espacio público donde la gente disfruta del ejercicio de la narratividad y la invención de nuevas utopías.

EL AMOR Y NADA MÁS 

Es alucinante, otra abstracción más, la más grande de todas, el amor, es enorme, esto me supera… Yo soy más partidario de la ternura. Porque el amor tiene muchas definiciones, intencionees, matices, el amor para la familia, el amor a los amigos, el amor a la naturaleza, el amor sí, el amor no, el amor… puede ser. Sí, es evidente y es por esto: porque tantos tipos de amor debilita este concepto pretendidamente supremo, pero que finalmente, con tantos significados, no nos garantiza nada. 

Sin embargo, la ternura es una sola cosa, no hace diferencias… se es tierno con un niño, con el enamorado, con un gato, con un árbol… de la misma manera, incluso con gestos diferentes. Lo que cuenta es que la ternura es una acción totalmente positiva, no existe la ternura agresiva, es un pulsión, un paso hacia la autonomía, como cuando acariciamos a alguien que ya está dormido. 

La comunidad que imagino no tiene nada que ver con esa acepción grupal , uniformada y desprovista de aristas que tanto tira para atrás. Los miembros de esta comunidad son demiurgos de sus propias vidas. Son personas capaces de exprimir el jugo de la existencia y de llevar lo real a su punto de incandescencia. Tienen en común una irrefrenable sed de ser, a la que sacrifican toda obsesión por tener. Por lo tanto nada de grupos mesiánicos, ni de uniformismo estético. Sobre todo estético.

No, no es abstracto, Jordi. Para nada. A mí me has hecho pensar en algo curioso.De lo que tú hablas básicamente es de tangencia. De hecho no se me ocurre nada menos abstracto que la geometría. La tangencia, dos líneas, perfectamente distintas, cada una de su madre y de su padre, con diferentes direcciones, si queréis, con diferentes objetivos en la vida, diferentes formas y 

recorridos; pero lo importante es que se encuentran en un solo punto, vale?, que es el punto de tangencia… the tangecy point (es que queda mejor en inglés). Ese punto en el que se encuentran se da solo una vez, pero es intenso, y en ese punto van juntas, acompasadas, fantásticas, se llevan súper bien y después cada una sigue su camino. Y esto que has dicho de la autonomía sería un poco esto, no? 

Pero, Ernesto, tú estas hablando de un rollo de una noche, no de ternura. 

No, no, no es un rollo, porque puedes encontrarte las veces que quieras en una tarde, si quieres encontrarte ocho veces en una tarde… si tienes las ganas y las energías, pero para eso hay que tenerlas… es como el toreo. Cuando mi hermano torea en su jardín va de eso. Es pura tangencia. Él está aquí, el toro allí, pero quiere estar aquí… qué hace mi hermano [toreando de salón cita al toro y hace una larga verónica]. Lo veis. Tangencia. Cruzarse, encontrarse, interponerse… es la muerte… quizás he ido demasiado lejos con mi paralelismo… 

La visión utópica es la única forma, hoy en día, de proponer una verdadera alternativa al sistema. Porque en nuestra sociedad es mas fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Mi utopía no representa una sociedad perfecta, sino que denuncia nuestra dificultad de imaginar una. Y eso lo encuentro importante. Más aún, vital y necesario. Mi utopía es pues un lugar donde se practique constantemente el ejercicio de inventar nuevas utopías.

¿Y si el ficus de mi salón no quiere que yo sepa lo que él piensa de mí? ¿Y si no piensa absolutamente nada de mí? ¿Y si no les interesamos en absoluto? ¿Y si las otras plantas tienen solución a esas enfermedades que todavía nos amenazan? ¿Quien se detendrá ante esa posibilidad? ¿Podré comerme una acelga con la que he mantenido una buena conversación? ¿Afectará todo esto a nuestro equilibrio alimenticio? ¿Y las consecuencias psicológicas?… 

Pero no consiguen ponerse de acuerdo. Afortunadamente Ramón, esta vez disfrazado de piedra, sale al paso con una Idea fresca y revolucionaria: acabar con el voto, último vestigio de la ya olvidada democracia representativa y entrar en la era del Consenso Telepático. Por una vez parece ir en serio. No se lo ha inventado. En otra comunidad ya lo están probando. Se intercambian sus anhelos y deseos a través del contagio del bostezo. Sin hablar. Bostezando, se ponen de acuerdo.

Dormir es el modo más pacífico de vivir. Es difícil hacer daño a nadie cuando se duerme. No se puede hacer nada equivocado. Pero al mismo tiempo estás haciendo algo. Cuando duermes, estas vivo, y en cierto modo estás también participando de la construcción del mundo. 

De hecho la utopía está, precisamente, en tener el espacio para poder imaginar un futuro posible. Y ese espacio, es lo que compartimos con el espectador. En España, el movimiento del 15M ha abierto ese espacio y ha constituido el golpe más efectivo a la Cultura de la Transición, que bajo el lema de la “cohesión” y el “consenso” ha borrado del mapa el diálogo de los desacuerdos y ha llevado a la sociedad española a lo que Maurice Blanchot llamaba una “muerte política”.

La España que yo imagino sería entonces como una especie de “reserva natural” ideológica a donde todos los disidentes del Sistema emigrarían para ensayar juntos una nueva forma de organización. Generaciones de alemanes, ingleses, americanos o congoleños dibujarían un panorama comunitario interracial y multilingüístico rico en matices y no exento de conflictos culturales, sólo llevaderos gracias a un claro objetivo común.

En términos políticos podríamos decir que cualquier cosa organizada en torno a una comunidad, expresa un deseo utópico reprimido, porque el elemento central de la utopía es la colectividad. Haciendo caso de las siempre hipotéticas predicciones de historiadores, sociólogos y economistas, uno de los futuros posibles pasa necesariamente por el regreso a una organización comunitaria.

lo que atonta al pueblo no es la falta de la instrucción sino la creencia en la inferioridad de su inteligencia. 

El maestro ignorante, Jacques Rancière

El conocimiento es un lugar de encuentro. La ciencia y el arte ya no son propios de las elites y se han convertido en una práctica lúdica y cotidiana. Ya no hay un poder externo al que combatir, allí se sabe que el peligro está en ellos mismos si ceden a la dejadez y a la indiferencia, por esto se mantienen conscientes y alerta. Evidentemente no se trata de un mundo feliz, sino de una sociedad de individuos en marcha.

Yo me voy. Sé que respetáis mi decisión, nadie me hace preguntas y eso está muy bien, no tengo que convencer a nadie, pero al mismo tiempo tengo que compartir mis sentimientos. Estoy cansado, agotado, pero es una fatiga luminosa. No estoy cansado de luchar, sino más bien de todo lo que he ganado, de tanta plenitud. Vosotros me lo decís a menudo: Jordi, le das mucho al coco. Y tenéis razón. Todo me interesa, soy curioso por esto y por lo otro, por ti, por él… quiero comprenderlo todo, pero tengo que acabar con todo esto. Esto tiene que terminar… puede ser, como dice Ramón: La respuesta está en el mundo mineral. Convertirse en un mineral. Es eso lo que quiero hacer. Ser un mineral. Nada más que eso. Adiós y que siga la fiesta. 

Afortunadamente, para entonces el teatro se habrá escindido del Arte y habrá pasado a ser una necesidad ciudadana. Algo vital. Lejos de seguir encerrado en las instituciones y presentado en jaulas y prisiones apropiadas, se habrá convertido en una practica de la vida cotidiana, un ejercicio de existencia que los miembros de Nueva Marinaleda, practicarán con intensidad y asiduidad.

Puedes acudir a cualquier hora. No hay un comienzo y un final claros. No hay “espectáculo” tal y como lo conocemos ahora. Los que allí están no son nunca los mismos y se van turnando de forma orgánica, sin jerarquías ni horarios, exceptuando a los “parroquianos habituales”, como pasaría, de hecho, en cualquier bar, café o barbería.

La duración de cada “escena” o “cuadro” responderá o bien al programa de lavado o a unos parámetros fisiológicos, que se miden gracias a unos aparatos: temperatura de la sala, cantidad de oxigeno consumido, permeabilidad mental de los asistentes…tras una pausa regeneradora de estos niveles durante la que se puede comer, beber o hacer ejercicio se podría retomar el hilo, como en una animada conversación entre amigos.

 

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