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Textos
Autor
Rubén Ortiz
Año de publicación
2012
Referencia bibliográfica
Inédito
5 de junio 2020
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Un Atlas Electoral

Teatro Ojo apostó por encarar el proceso electoral desde a escena: el MUAC albergó su Atlas electores 2012 un ejercicio teatral singular, pegado a los hechos, y con lecciones significativas.

La única oportunidad de los hombres está en el devenir revolucionario, es lo único que puede exorcizar la vergüenza o responder a lo intolerable.

Gilles Deleuze.

1.

Para las artes escénicas, el año electoral representó una disyuntiva: ignorarlo o intentar establecer un emplazamiento crítico para mostrar las diversas mesetas que conforman el presente.

2.

Distingamos entre historias y acontecimiento. Las elecciones, por ejemplo, son historia. ¿Qué esperar? El regreso de la Historia, del PRI. En este contexto, Teatro Ojo intentó exprimir el acontecimiento. Por eso planteó el Atlas electores 2012 en el auditorio del MUAC, el seguimiento quincenal de una veintena de ciudadanos (electores). Cada uno presentó su memoria y su deseo, atraídos y confrontados por el imán de un acto cíclico: sufragar. El trabajo de imaginación de conexiones se vuelve importante: a través de archivos, de la academia, de formatos escénicos. Allí el acontecimiento podría expresarse. Durante la primera sesión, los 20 electores narraron una anécdota que explicaba su preferencia electoral. Tras los relatos, uno cuestiona la expresión “voto razonado”. Estamos ante personas que articulan un discurso, que saben llegar a la información y sacar conclusiones, pero casi ningún argumento sigue la lógica de los analistas o expertos. No, el voto (libre y secreto) explota hasta el límite su condición de deseo, por encima del conceso. Lo saben al dedillo los publicistas, pero aquí queda desnudado su reverso. El acontecimiento sacude a la Historia.

3.

Una de las consignas más repetidas en el movimiento del 11-M español fue No nos representan, que desenmascaran la ineficacia de las democracias representativas. Las artes escénicas contemporáneas han dado muestras de la capacidad de la capacidad del teatro para dar cuerpo al problema de la “clausura de la representación”. Mencionemos un par de obras. En primer lugar, Best Before (2010), de la compañía Rimini Protokoll. Los espectadores pueden tomar decisiones vitales con respecto a un avatar que se encuentra en una pantalla. Así, cada uno, control en mano, toma decisiones cotidianas (desde encuentros afectivos, el pago de impuestos o hacer una carrera hasta el género, la enfermedad o la muerte). Se trata de una vida social de 90 minutos moderada por instrucciones y anécdotas de un quinteto de expertos (un término importante para la compañía): una programadora, un probador de juegos, una conductora de tráfico, un músico y un político. El otro ejemplo es Pendiente de voto (2012), de Roger Bernart. La pieza se presenta como un manual de instrucciones para el espectadoroperador. Es un espacio convertido en asamblea donde, también a través un control remoto, los espectadores votan o se abstienen. Al principio la idea es establecer un contrato entre el dispositivo escénico y la asamblea con preguntas como “¿Te sientes capaz de tomar decisiones esta noche?”. Posteriormente las preguntas buscan un consenso sobre decisiones como escuchar a los Beatles o a los Rolling Stones o si se desea la Tercera República española. Cada decisión es tomada con el compañero de al lado; finalmente, un delegado toma las decisiones por todos. Atlas electores 2012 comparte el malestar con el monopolio de la representación, pero en los trabajos citados antes el acto de sufragar devela los demás niveles de la existencia. Aquí no se vota, el trabajo incorpora al tiempo como trasformador del deseo o de la memoria; la inmediatez del sufragio se contrasta con el proceso que el tiempo genera tanto en la preferencia como en los afectos. Aquí el sufragio se ubica en el nivel de lo que Néstor García Canclini llama inminencia. Esta incorporación de períodos expandidos permite no sólo acercarse al devenir de los electores, sino del proyecto artístico mismo.

4.

Teatro ojo imaginó una serie de sesiones que arrancarían en abril y terminarían una semana después de las elecciones. El formato era interesante, tenía la capacidad de extraer la vida de la Historia. En mayo un acontecimiento desbordó el plan y el país. Lo que conocemos como el movimiento #YoSoy 132 apareció como interpelación al candidato de la impunidad y a la televisora que lo encumbró. Esto dio un giro al Atlas electores 2012. En la sesión del 23 de mayo se incorporó un enlace vía twitter con la marcha que partía de la Estela de Luz; quedaba en evidencia la importancia de las redes sociales en los flujos de información electoral. La sesión del 6 de junio se centró en el grito, en la interpelación al poder y la aparición del cuerpo en este ciclo electoral, además de la presencia de tres miembros del movimiento. Desbordados del país, la escena y esa crítica, cierro con la palabras de Héctor Bourges, director artístico de Teatro Ojo: “A mí lo que me emociona mucho es que aparecen preguntas propias de una fiesta, en las que tanto insiste Bifo: “¿Eres feliz o no? ¿Cómo haces para tener una vida bella?”. Esas preguntas son puro derroche, y ésa es la parte que más me emociona […] Alguna vez te platiqué cómo se despidió Granados Chapa, habló de las elecciones que venían y puso el ejemplo de Argentina: estaban en un muy mal momento, pero lograron cantar, todavía podían cantar. El tipo dedica el último párrafo de su carrera periodística a decir: Y si México no aprende de nuevo a cantar, a hacer teatro, a bailar, a volverse sobre la parte estética y creativa, no tendrá salida. En El Galeón no va a aparecer en este teatro que estamos esperando”.

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