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Autor
Angélica Liddell
Año de publicación
2005
Referencia bibliográfica
CORNAGO, Óscar (ed.), Políticas de la palabra. Esteve Graset, Carlos Marquerie, Sara Molina, Angélica Liddell, Madrid, Fundamentos, 2005, pp. 331-356.
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Texto original publicado
5 de junio 2020
No hay documentos en la cola

Y los peces salieron a combatir contra los hombres

ANGÉLICA.-

¿Cómo empiezo?

Empiezo con ballena blanca.

Moby Dick.

Cae del techo.

Revienta contra el suelo.

Y del estómago de la ballena blanca salen corriendo cien

negros,

cien negros pobres,

con cabezas de pescado,

y cantan Somewhere over the rainbow.

El trasatlántico de lujo atraviesa el escenario arrastrando

racimos de negros,

racimos de negros pobres.

Como si el barco tuviera una cabellera humana.

Como si el barco tuviera una cabellera hambrienta.

La fachada del Teatro de la Ópera aplasta a un negro que

dialoga con un trozo de pan.

Una montaña de pan podrido sobre el escenario.

Ministros de mierda.

Secretarios de mierda.

Subsecretarios de mierda.

Todos relacionados con la cultura.

Vivir para señalar a los impresentables.

El monólogo de la Puta.

España.

España.

El sol de España.

Las playas de España.

Hay tantas playas en España.

Qué suerte.

Qué suerte vivir en España.

Traer el cadáver de un negro ahogado.

Ir a la playa,

una playa de España,

y traerlo.

Un cadáver real en un escenario.

Si consiguiera hacer vomitar al público,

como Dios vomita a los pobres,

como los pobres vomitan fango.

España.

España.

Maquillaje de negro como en el cantor de Jazz.

Y Angélica,

espasmódica Angélica,

una puta hablando con el señor Puta,

con bandera,

con babosas cosidas a los pies,

no puedo caminar fácilmente.

Los principios siempre son complicados.

No puedo emprender la marcha sin resbalarme.

El evangelio,

la multiplicación de los panes y los peces.

Definitivamente empiezo con una cita de Shakespeare.

Macbeth, acto II, escena IV.

Relincha un caballo.

“Y los caballos de Duncan, hermosos y ligeros, los favoritos

de su raza, se volvieron salvajes, rompieron sus establos y

emprendieron la huida, rebeldes a obediencia, como si

declarasen la guerra la hombre.”

PRIMERA PARTE

Hay un hombre blanco maquillado de negro.

LA PUTA.- (Vestida con la bandera de España.)

¡Qué grande es la bandera de este barco, señor Puta!

¿Usted conoce todas las banderas, verdad señor Puta?

Los hombres importantes conocen todas las banderas.

Y qué grande es la bandera de este barco.

Qué grande, señor Puta, qué grande es la bandera de este

barco.

A mí también me regalaron una bandera.

¿Se acuerda, señor Puta?

Miss patriotismo infantil, señor Puta, a los ocho años.

Di dos vueltas al parque rodeada de banderas,

apenas se me veía la cabeza entre tanta bandera,

y todos los albañiles me aplaudían,

y todos llevaban los cascos relucientes,

y todos eran blancos.

Todos, todos los albañiles eran blancos.

¿Se acuerda, señor Puta?

Y después rezamos en la iglesia,

y la iglesia también estaba llena de banderas,

y usted me sentó sobre sus rodillas,

y me sacudió el confeti de las nalgas.

¿Se acuerda, señor Puta?

¿Quién ha dicho que la religión ha muerto, señor Puta?

Su boda fue preciosa,

y aquel jardincito alemán,

y aquel cura tan pálido.

¿Se acuerda, señor Puta?

No se preocupe por el negro, señor Puta,

los caníbales no devoran a los caníbales,

así que no se ponga nervioso, señor Puta,

usted no puede ser devorado.

Pero le conviene veranear en la montaña, señor Puta,

la playa no es lo que era, señor Puta,

ya sé que usted quiere estar cerca del Presidente,

cerca de las hijas del Presidente,

son guapas las hijas del Presidente.

Pero le conviene veranear en la montaña.

La playa no, señor Puta, la playa no.

Usted se dedica a la belleza, señor Puta.

Usted se dedica a la justicia, señor Puta.

Usted se dedica a la riqueza, señor Puta

Usted es tan sensible, señor Puta.

El verano pasado, por ejemplo, señor Puta,

nació un niño a nuestros pies.

Mientras tomábamos el sol nació un niño a nuestros pies.

No la vimos llegar, señor Puta, no la vimos llegar.

Se lo aseguro, señor Puta, a la mujer no la vimos llegar.

La vimos cuando se arrastraba por la arena,

y la arena estaba ardiendo,

pero ella arrastraba y arrastraba su barriga como si le diera

igual el calor.

Al principio pensamos en una lombriz,

una lombriz enorme y negra,

una lombriz enferma,

una lombriz que venía del mar.

No pensamos que una mujer pudiera arrastrarse de aquella

manera.

Lo más lógico era pensar en una lombriz.

Nos confundimos, señor Puta.

Nos asustamos, señor Puta.

Es normal confundirse, es normal asustarse, ¿verdad señor

Puta?

Tomábamos el sol,

hacía mucho calor,

sudábamos,

no podíamos ver con claridad.

Parecía un reptil enorme y espantoso

y a veces se movía como por espasmos

y soltaba espuma y algas por la boca.

Nos confundimos y nos asustamos, señor Puta.

Esa es la verdad

Parecía un reptil.

Pero no acabamos de frotarnos los ojos

cuando aquella mujer que se arrastraba como un reptil

expulsó un bebé.

Un bebé, señor Puta, un bebé.

Estábamos allí, sentados, mirando, mirándolo todo.

Se lo aseguro, señor Puta, no nos movimos de nuestras

tumbonas,

así que lo pudimos ver todo muy bien.

Aquella lombriz espasmódica expulsó un bebé

y siguió arrastrándose por la arena

y arrastrando al bebé junto a ella

entre las piernas,

como si el cordón umbilical fuera la correa de un caniche.

Expulsó al bebé mientras se arrastraba, ¿entiende, señor

Puta?

En ningún momento dejó de arrastrarse.

Expulso al bebé,

el bebé cayó a la arena

y la mujer no dejó de arrastrarse.

Lo llevaba como un colgajo entre las piernas,

dejó la arena llena de sangre.

Parecía no darse cuenta de que había parido, señor Puta.

Nosotros, que estábamos en las tumbonas, nos dimos

cuenta de todo,

y ella parecía no darse cuenta de nada, señor Puta.

Arrastraba y arrastraba al bebé como si fuera un colgajo.

El bebé ya estaba rebozado en arena,

con la boca y los ojos taponados de arena.

Alguien debió llamar a alguien.

No lo sé.

Nosotros estábamos en las tumbonas.

No nos movimos de allí.

Lo vimos todo.

Y cuando separaron al bebé de su madre,

la madre ya estaba muerta.

¿Cuándo se nos quitará el miedo a morir de hambre, señor

Puta?

No hay caviar para todos, señor Puta.

No hay langosta para todos, señor Puta.

No hay champán para todos, señor Puta.

¿Cuándo se van a dar cuenta de que no hay champán para

todos, señor Puta?

No se preocupe por el negro, señor Puta,

no puede protestar,

los negros están fuera del lenguaje,

necesitan el lenguaje para protestar,

un lenguaje propicio para la protesta,

un lenguaje propicio para la revolución,

pero están fuera del lenguaje,

nosotros estamos dentro del lenguaje,

pero ellos están fuera del lenguaje,

y no pueden protestar.

Da igual que sientan odio.

Da igual que sientan miedo.

Da igual que sientan rencor.

Pueden sentir lo que quieran,

pero están fuera del lenguaje,

y no pueden protestar.

El lenguaje es necesario, ¿verdad señor Puta?

Usted mismo, señor Puta,

se dedica a la belleza gracias al lenguaje,

se dedica a la justicia gracias al lenguaje,

se dedica a la riqueza gracias al lenguaje,

usted es inmensamente sensible gracias al lenguaje, señor

Puta.

No se preocupe por el negro, señor Puta,

los negros no sufren como nosotros,

no lloran por sus hijos como nosotros.

La mujer que expulsó a su bebé en la playa

no derramó una sola lágrima.

A propósito, señor Puta,

la Biblia que le ha comprado a su hija,

es maravillosa.

ANGÉLICA.-

1-11-1988

10 muertos.

Faltan nueve,

nueve desaparecidos.

Lo que pudre a la sociedad es que nadie se avergüenza de

sí mismo.

Nadie se siente culpable.

Mis labios están tan rígidos como mis dientes.

10-3-1989

10 muertos.

El poder me asusta,

pero es la sociedad lo que me repugna.

La sociedad vomita a los pobres.

Me amontono debajo de la mesa para protegerme.

15-5-1989

20 muertos.

La apoteosis de la burguesía consiste en no reconocer la

melancolía en el resto de los hombres.

¿Cuál es la melancolía del ahogado?

Desciendo al culo de un tiburón para saberlo.

12-6-1997

25 muertos.

Faltan quince,

quince desaparecidos.

Algún día la tierra no soportará los excesos de los hombres.

Y los animales volverán a gobernar.

Y el arte desaparecerá junto a la pobreza y a la riqueza,

puesto que los animales son bellos y buenos por sí mismos.

15- 9- 1997

14 muertos.

Faltan diez,

diez desaparecidos, desaparecidos, desaparecidos.

El peligro reside en pensar que la pobreza es algo que

pertenece a la naturaleza del náufrago.

Pero la pobreza no pertenece a naturaleza alguna.

La pobreza no es natural.

Y los turistas se mean en la orilla.

5-7-1998

38 muertos.

Preferirían atravesar el parque.

Preferirían sentir el césped bajo sus pies.

Preferirían ser verdes.

Preferirían no tocar el mar o reventarlo a patadas si se

convirtieran en Cristos.

Alguien dice, no sufren como nosotros,

aguantan más.

Los surfistas reducen al hombre a lo que es capaz de

aguantar,

lo reducen a la bestia.

Séptimo gran naufragio de patera.

13 muertos.

Faltan 27,

27 desaparecidos.

Octavo gran naufragio de patera.

12 muertos.

Noveno gran naufragio de patera.

Faltan 15,

15 desaparecidos.

Y si aparecieran.

Décimo gran naufragio de patera

14 muertos.

Faltan 46,

46 desaparecidos.

Y si algún día aparecieran.

Y si algún día aparecieran convertidos en peces para

combatir contra los hombres.

LA PUTA.-

¡Señor Puta, señor Puta, escuche, escuche lo que dicen,

señor Puta!

Los tres primeros cadáveres,

dos hombres y una mujer,

fueron divisados cuando flotaban a tan solo 200 metros de

la orilla.

Poco después fueron hallados otros ocho cadáveres

sumergidos a tan sólo 15 metros de la orilla.

Escuche, escuche lo que dicen, señor Puta.

A pesar de la proximidad de la costa,

la gran cantidad de ropa que portaban los pasajeros para

combatir el frío,

debió dificultar su permanencia a flote, señor Puta.

Y un día cualquiera,

Señor Puta, un día cualquiera,

sin gran naufragio de patera,

un día cualquiera,

hallado el cadáver de un hombre que intentaba entrar a

nado,

de rasgos magrebíes,

de unos 25 años,

indocumentado,

al menos llevaba tres días en el agua.

Escuche, escuche lo que dicen, señor Puta.

Indicaron que el cadáver no presentaba signos exteriores

de violencia.

Descubrieron que el cadáver no presentaba signos

exteriores de violencia.

Llegaron a la conclusión de que el cadáver no presentaba

signos exteriores de violencia.

¡Signos exteriores de violencia!

Por lo que se cree que es uno de los tantos, eso dicen,

señor Puta,

uno de los tantos,

que intentan entrar ilegalmente a nado desde la costa,

señor Puta.

Escuche, escuche lo que dicen, señor Puta.

Los dos patrones reforzaron la orden

amenazando con un gran machete

a los 23 inmigrantes aterrorizados que se hacinaban en la

embarcación.

Todo empezó a las 7:30 del jueves.

Hacía dos horas que la lancha había partido

de un lugar indeterminado de la costa de Marruecos.

La claridad imprecisa del amanecer,

las cercanas luces de la costa,

y la masa negra de los acantilados,

daban la impresión equivocada

de que la tierra estaba a un paso.

Los inmigrantes suplicaron a los patrones que les acercaran

a la orilla

porque no sabían nadar.

Pero estos se negaron

y amenazaron con acuchillarles si no saltaban por la borda.

Finalmente los irregulares

se arrojaron al mar.

Al menos trece de ellos se fueron directamente al fondo.

Las corrientes batieron sus cuerpos contra las escolleras de

la zona,

afiladas como cuchillos.

Cuatro de las víctimas eran mujeres.

Sus vientres hinchados de agua

hicieron creer erróneamente

que estaban embarazadas.

Otras siete mujeres consiguieron alcanzar la playa.

También logró salvarse un hombre

al que rescataron del agua al borde de la asfixia.

En total ocho personas han conseguido sobrevivir a la

tragedia.

Varios de ellos tenían fracturas en las caderas y en las

piernas.

Otros sufrían quemaduras

por el ácido que forma la mezcla de gasolina con el agua

del mar.

La mayoría presentaban hipotermia severa.

Trece cadáveres, señor Puta.

Ocho supervivientes, señor Puta.

¡Faltan dos!

Cuente, señor Puta, cuente.

(LA PUTA cuenta 21 con los dedos como si fuera retrasada.)

Faltan dos, faltan dos, faltan dos…

Faltan dos para sumar las 23 personas que viajaban en la

patera.

Escuche, escuche lo que dicen, señor Puta.

No hay muchas esperanzas de encontrarlos pronto.

Todo hace suponer,

como en otras ocasiones, que sus cuerpos aparecerán

dentro de varios días,

mutilados por los peces,

en algún paraje apreciado por los turistas.

SEGUNDA PARTE

LA PUTA.-

¿Se da cuenta, señor Puta, de que este pescado tiene ojos

de hombre?

Se han ahogado tantos negros que los peces empiezan a

tener ojos de hombre.

Se han comido a tantos negros que los peces empiezan a

tener ojos de hombre.

Habría que darle escopeta a los pescadores.

Porque a un pez con ojos de hombre hay que matarle como

a un hombre, ¿verdad señor Puta?

Porque los negros también son hombres, ¿verdad señor

Puta?

Eso nadie lo niega.

Tienen forma de hombre y voz de hombre.

Los negros también son hombres.

Se ahogan como los hombres.

Se ahogan como su perro.

¿Se acuerda de su perro, señor Puta?

Pero un perro no es un hombre, señor Puta.

Y yo estoy hablando de negros, señor Puta.

Estoy hablando de pobres, señor Puta.

Los negros y los pobres no son perros, ¿verdad señor Puta?

Aunque se ahoguen como los perros no son perros.

No tienen forma de perro.

Tienen forma de hombre.

Aunque a veces se confundan con un perro.

No tienen forma de perro.

Tienen forma de hombre.

Nacen con forma de hombre.

Al menos nacen vivos, señor Puta.

Así que los negros y los pobres también son hombres.

Definitivamente hombres.

Hombres del todo.

¡Nada más!

Nada más que hombres.

Lo que me preocupa, señor Puta,

es que algún día, señor Puta,

los negros sean algo más que hombres.

Que los negros sean hombres y peces.

Al mismo tiempo hombres y peces.

Porque los peces pueden vengarse sin necesidad de

lenguaje, ¿verdad señor Puta?

Los peces no necesitan el lenguaje, ¿verdad señor Puta?

Y quién sabe hasta dónde podrían llegar los peces sin

necesidad del lenguaje, señor Puta.

Lo que me preocupa, señor Puta,

es que algún día, señor Puta,

los peces tengan forma de negro, señor Puta,

es decir, forma de hombre,

porque los negros también son hombres, ¿verdad?, señor

Puta.

Eso ya nadie lo niega, señor Puta.

Habría que civilizar a los peces, señor Puta.

Habría que enseñar a los peces a reconocer la bandera,

señor Puta.

Habría que dejar de comer peces, señor Puta.

Habría que envenenar a todos los peces

antes de volver a comernos un solo pez, señor Puta.

Porque los negros van a seguirse ahogando, ¿verdad señor

Puta?

Porque los negros son pobres, ¿verdad señor Puta?

Porque los negros y los pobres también son hombres,

¿verdad señor Puta?

Se ahogan como los hombres.

Se ahogan como su perro.

¿Se acuerda de su perro, señor Puta?

No sé si decirlo, señor Puta,

pero a veces pienso, señor Puta,

que los negros se ahogan para humillarnos, señor Puta.

Se ahogan por resentimiento, señor Puta.

Porque quieren ser hombres como nosotros.

Porque quieren dedicarse a la belleza.

Porque quieren dedicarse a la justicia.

Porque quieren dedicarse a la riqueza.

Porque quieren ser sensibles, señor Puta.

Nosotros sabemos que los negros también son hombres,

eso nadie lo niega.

Nosotros estamos dentro del lenguaje

y sabemos que los negros también son hombres.

Pero ellos están fuera del lenguaje

y no saben que son hombres,

que ya son hombres,

hombres del todo.

Por eso se ahogan al pie de nuestras tumbonas,

porque no saben que ya son hombres

y quieren ser hombres como nosotros.

Resentidos, señor Puta,

para humillarnos, señor Puta.

Como si nosotros no fuéramos hombres como ellos.

Porque los negros también son hombres, ¿verdad señor

Puta?

¿Y quién sabe cómo nos humillarán cuando se conviertan

en peces?

Usted es tan sensible, señor Puta…

Usted es tan sensible, señor Puta,

que no debería comer pescado en absoluto.

La gente ya no quiere comer pescado.

Incluso los que no se dedican a la belleza, ni a la justicia, ni

a la riqueza.

Incluso los que no son sensibles,

incluso esos ya no quieren comer pescado.

Vámonos a la montaña, señor Puta, vámonos a la montaña.

Su preciosa casita en la montaña.

Las vacas no se comen a los negros,

los cerdos no se comen a los negros.

Sus vacas y sus cerdos están tan limpios

que su granja parece una granjita austríaca.

Pero quién controla a los peces, señor Puta.

Usted debe saberlo, señor Puta.

Usted construye casas, señor Puta.

Además de dedicarse a la belleza, a la justicia, a la riqueza,

además de ser usted tan sensible,

usted construye casas, señor Puta.

Usted debería saber cómo controlar la situación.

Si los peces no dejan de comerse a los negros

tendremos que dejar de comer peces.

Están pasando cosas raras, señor Puta.

(A LA PUTA le entran náuseas. Vomita.)

No puedo comerme este animal.

¡No puedo. No puedo!

ANGÉLICA.-

¿Cómo seguir?

¿Cómo seguir?

Detenidos en la costa,

en la bonita costa de España,

bajo el sol de España,

20.000 al año.

No encuentro cifras de ahogados.

No encuentro cifras totales de ahogados al año.

¿Cuántos hombres mueren ahogados intentando alcanzar la

costa de España?

¿Cuántos hombres desaparecen?

Nunca me he preocupado por las cifras.

Pero en este caso la considero necesaria.

La cifra necesaria para estremecerse.

La cifra necesaria para convertirles en hombres de una vez

por todas.

Algún día conoceremos la cifra.

Y no nos lo creeremos.

Y esa sensación será odiosa.

Y entonces diremos: no sabíamos que eran tantos.

Diremos: no sabíamos lo que estaba pasando.

Leo sobre la foto de tres inmigrantes ahogados, rígidos, con

los puños cerrados sobre el pecho.

Leo: los problemas de los inmigrantes.

Encima de esa foto terrible alguien se ha atrevido a

escribir: los problemas de los inmigrantes.

Ahogarse es solamente un problema.

África parece ser solo un problema.

África no parece estar compuesta de seres humanos sino de

problemas.

Los problemas de los inmigrantes.

Ahogados, rígidos, con los puños cerrados sobre el pecho.

Los pobres no tienen alma.

Problemas.

Son los problemas de los inmigrantes.

No nuestros problemas.

Ahogados.

El problema es de los inmigrantes.

No nuestro.

Si pudiera tapar el sol de España con una piedra.

Hay peces de hierro en mi pensamiento.

¿Cómo seguir?

¿Cómo superar la información?

¿Cómo convertir la información en horror?

¿Cómo seguir?

¿Cómo escapar de la demagogia y de la estúpida

responsabilidad mesiánica del escritor?

¿Cómo escapar del tópico piadoso y la denuncia baba?

¿Cómo escapar de lo social?

Mi punto de vista es absolutamente antisocial.

Esta es una obra antisocial.

¿Hacía dónde va la Puta?

Me deprime la impotencia.

Sólo se me ocurre conceder a la realidad el derecho al

misterio.

Sólo se me ocurre imaginar un milagro.

LA PUTA.-

No estaremos haciendo algo mal, señor Puta.

No estaremos abusando, señor Puta.

No estaremos confundiendo la justicia con la humillación,

señor Puta.

No se puede detener a nadie por ser extranjero, ¿verdad

señor Puta?

¿O es una cosa de razas?

¿Es eso, señor Puta, una cosa de razas?

¡Los blancos!

Los blancos siempre estamos hablando de los negros.

Es como si los blancos no hiciéramos otra cosa que pensar

en los negros.

Una vez, señor Puta, dibujé el mapa de África.

Dibujé el mapa de África en el colegio.

Y dibujé a los negros con lanzas en las manos.

Y en la punta de las lanzas estaban clavadas las cabezas de

los niños blancos.

Mi mapa de África era el mejor mapa de África.

Mi mapa de África era el único mapa de África clavado con

chinchetas en la pared del colegio.

Pero en mi mapa de África no había ni un solo nombre.

No había escrito un solo país.

Mi mapa de África estaba completamente vacío.

Pero mi mapa era el mejor mapa de África.

Y me regalaron una bolsa enorme de caramelos.

Y me dieron la cabeza de un niño negro.

A mí, que había dibujado cabezas de niños blancos

clavadas en la punta de las lanzas de los negros,

me dieron la cabeza de un niño negro.

Me dieron una hucha con forma de cabeza de niño negro.

Como si todos los negros fueran niños.

Como si todos los negros fueran de plástico.

Como si todos los negros tuvieran una abertura en la

cabeza.

Porque mi niño negro tenía una abertura en la cabeza

y un asa que le salía del cuello.

Y me pusieron en la calle con la cabeza del niño negro,

y la gente echaba monedas en el agujero de la cabeza.

Después, señor Puta,

mi madre, señor Puta,

abrió la cabeza del negro, señor Puta,

sacó las monedas, señor Puta,

y dijo:

Este dinero no es para los negros.

Los negros no existen.

Y con el dinero que sacó de la cabeza del niño negro

mi madre me compró un helado

y ella se compró unos zapatos.

Y yo pensé: los negros no existen porque no necesitan

helados.

Los negros no existen porque no necesitan zapatos.

Una vez, señor Puta, dibujé el mejor mapa de África.

¿No estaremos haciendo algo mal, señor Puta?

¿No estaremos pagando por todo esos mapas, señor Puta?

¿Cómo dibuja el mapa de África su hija, señor Puta?

¿Cómo dibujan el mapa de África las hijas del Presidente,

señor Puta?

Yo sigo viendo cabezas de niños negros,

cabezas de niños negros con aberturas y agujeros,

pero son cabezas de verdad,

quiero decir, cabezas como la cabeza de su hija, señor

Puta,

cabezas como las cabezas de las hijas del Presidente, señor

Puta.

Las monedas no caen.

Se quedan clavadas, en sus cráneos, como uñas malignas.

¿No estaremos haciendo algo mal, señor Puta?

¿No estaremos pagando por todas esas cabezas y todos

esos mapas?

¿No tiene miedo, señor Puta?

Delante de este pescado con ojos hombre, ¿no tiene

miedo?

TERCERA PARTE

LA PUTA.-

¿Lo ha visto, señor Puta?

El negro se ha cortado.

El negro se ha cortado el dedo.

El negro se ha cortado el dedo abriendo la botella de

champán.

Nos traía una botella de champán y se ha cortado.

El negro se ha cortado a propósito, señor Puta.

El negro se ha cortado para avisarnos.

El negro se ha cortado como diciendo, estáis avisados.

¿Lo ha visto, señor Puta?

El negro tenía el dedo índice cortado

y lo llevaba estirado como si nos señalara.

Y cuando nos ha servido las copas no sangraba, señor Puta,

de su dedo cortado no caía una sola gota de sangre, señor

Puta.

¿Lo ha visto, lo ha visto, lo ha visto, señor Puta?

El negro nos ha servido las copas con el dedo cortado

porque no le importaba que le viéramos la herida.

No le importaba en absoluto.

Al contrario, el negro se ha cortado a propósito

porque quería que le viésemos la herida.

Quería asustarnos.

Quería que sintiéramos miedo mientras nos bebíamos el

champán.

En vez de una botella de champán parecía que traía una

calavera.

La herida del negro parecía una calavera.

¿Lo ha visto, señor Puta?

El negro sabía que nos beberíamos rápidamente la primera

copa de champán

y que volveríamos a pedir más

porque queríamos volver a ver de cerca su herida.

Y entonces el negro ha vuelto con su dedo cortado

a llenarnos las copas.

La herida era más grande.

La herida estaba más abierta.

¿Lo ha visto, señor Puta?

De alguna manera el negro se había abierto más la herida.

El negro quería que le viéramos por dentro.

¿Le ha visto por dentro, señor Puta?

¿Ha visto la carne del negro, señor Puta?

Por dentro es diferente.

El negro tiene la carne blanca,

por dentro tiene carne blanca.

El negro tiene la carne blanca como la de un pescado, señor

Puta.

La carne del negro, señor Puta, es carne de pescado.

¿Y si hubiéramos cogido este barco aún a riesgo de perder

la vida?

¿Y si este barco estuviera destinado a aumentar el

sufrimiento humano?

Como si lo más importante fuera no morir.

Dar las gracias por estar vivo y nada más.

El resto es sólo hambre.

El resto es sólo frío.

El resto es sólo dolor.

¿Y si este barco se hundiera?

¿Y si este barco se hundiera, señor Puta, y si este barco se

hundiera?

¡Cállese, señor Puta, cállese y déjeme escuchar!

(Suena el andante del concierto para piano nº23 de Mozart

hasta el final.)

Y si este barco se hundiera.

Y nos cociéramos al sol como las heces de los perros,

formando un menstruo de miseria,

un fango de carne pobre

semejante a desperdicios podridos.

Sin capacidad de blasfemia.

Rotos desde el cuello hasta los tobillos

como si del sol cayeran piedras

amantes del fracaso estrepitoso de la vida.

La pobreza sintiendo un amor rabioso por la pobreza,

sin permitirnos copular con otra bestia más triunfante

que nuestra propia hambruna.

Como si la miseria fuera anterior a la vida de los hombres.

Anterior al naufragio.

Como si la miseria fuera la eternidad.

Si este barco se hundiera, señor Puta,

nos volveríamos negros,

completamente negros de pura putrefacción.

Todos podridos, todos negros.

Lo único blanco la espuma epiléptica en la boca,

y los huevos blancos de las moscas.

Y al final nuestros huesos blancos

y nuestros blancos gusanos.

¡Vomito en su grasa, señor Puta!

¡Vomito en su pedofilia!

¡En su polla perfumada!

¡Vomito en sus ansias de estrecharle la mano al Presidente,

y de comerse la mierda del culo de las hijas del Presidente!

¡Vomito en su familia ejemplar

y vomito en su descendencia!

¡Vomito en su rectitud

y vomito en su mierda!

¡Me da usted tanto asco, señor Puta!

¡Usted y yo somos tan asquerosos, señor Puta,

que si este barco se hundiera

saldrían los peces hasta la orilla

para meterse en nuestras entrañas

y devorarnos y vomitarnos,

porque no soportarían llevar un solo gramo de nuestra

carne en sus estómagos,

en sus estómagos de hombre, señor Puta!

¡Porque los peces ya se han convertido en hombres!

¡Los peces ya se han convertido en hombres, señor Puta!

¿Hablaba de este milagro en su Biblia?

¿Hablaba de este milagro en su Biblia?

(LA PUTA se pone una camiseta con la imagen de

Passolini.)

¿Conoce a este hombre?

¿Sabe quién es?

Este hombre, señor Puta, era amado por los peces.

Este hombre de aquí, ¿lo ve, señor Puta?,

Este hombre de aquí está caminando sobre las aguas.

Empiezan los milagros, señor Puta.

(LA PUTA levanta su falda-bandera española, y tiene una

pierna NEGRA. ¡NEGRA!)

 

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