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Autor
Marta Galán
Año de publicación
2004
Referencia bibliográfica
CORNAGO, Óscar (ed.),Éticas del cuerpo. Juan Domínguez, Marta Galán, Fernando Renjifo, Madrid, Fundamentos, 2008, pp. 193-212.
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Texto original publicado
15 de junio 2021
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Transilvania 187, in memoriam/2004

A mis abuelos y a Víctor Israël.

El principal drama afectivo de la vida, después del eterno conflicto entre el deseo y

la realidad hostil al deseo, parece ser la sensación del paso del tiempo.

Guy Debord

 

1

POST-MORTEM

Esto es lo primero que se me ocurrió. Esta canción. Se la dedico especialmente a

José Ulloa, director de cine y entrañable amigo mío.

Me piden que ensaye una despedida. Mis últimas palabras, mi última canción, mi

mejor sonrisa, quedarán registradas para siempre. Para que me guardéis como un

preciado souvenir. Pronto ya no seré más que eso: un preciado souvenir en la

memoria de todos vosotros. Mi mejor deseo: que cuando la palme os reunáis

cualquier domingo (como hacéis habitualmente los domingos) y miréis este video

comiendo pasteles o pizza. ¡Mira! ¡Víctor Israël! ¡El gran actor! ¡El que se creía

Clarles Laughton o Peter Lorre!

Aprovecho para mandar un beso desde aquí a mi esposa, a mis hijos, a mis nietos

¡Un beso a todos! Os agradezco la constancia. Todo lo que habéis hecho por mí. El

cariño que me habéis dado. La compañía. Habéis sido buenos conmigo y

comprensivos hasta el final. A los actores, hay que darles de comer aparte, ya lo

decía mi agente.

Mis últimas palabras se las dedico a este país. Este país donde todos hemos nacido

y crecido. El país que nos ha permitido vivir como verdaderos ciudadanos de

primera. El país que ha velado por nuestros intereses y nuestra seguridad. El país

que nos lo ha dado todo. ¡Gracias país! ¡Firmes! ¡Ar!

¿Qué pasa? ¿Aún no tenéis bastante? ¿Bonito negocio, no? ¡Farsantes hijos de

puta! ¡Largaos de aquí! ¡Chupa sangres! ¿No me oís? ¡He dicho que os larguéis de

aquí! Meteos vuestro jodido video postmortem por donde os quepa. ¡Get out! ¡Get

aaaauuuuuuttttttttt!!!!!!

2

EXTRADICIÓN DE LOS VIEJOS Y DE LOS MUERTOS

(Texto inspirado en las reflexiones que propone Jean Baudrillard en El intercambio

simbólico y la muerte.)

Primera extradición: extradición de los muertos.

Hoy en día estar muerto no es normal. Es una anomalía impensable y eso es nuevo.

Toda nuestra cultura es higiénica. Su objetivo es expulsar la muerte de la vida. El

culto a los muertos disminuye y se muere lejos de la visión del grupo: se muere en

los hospitales. Ya no se habla de los muertos. El bienestar prohíbe toda referencia a

la muerte. No más vértigo de la muerte: lo nuestro es desapego. Primera

extradición: extradición de los muertos.

Segunda extradición: extradición de los viejos.

El anciano paga con su marginación el supuesto aumento de la esperanza de vida.

La tercera edad se convierte en un peso muerto considerable en la gestión social. El

anciano sólo acumula años, ya no tiene nada que intercambiar. O mejor dicho:

nada de lo que el anciano puede intercambiar tiene el menor interés para el

funcionamiento de nuestras sociedades tecnocientíficas y para la buena salud de

nuestra sociedad de consumo. La vejez se ha convertido en una especie de muerte

social anticipada. El asilo es, a la vez, la consecuencia de esta muerte social y su

instrumento más perfeccionado. Segunda extradición: extradición de los viejos.

3

NOS VAMOS A BENIDORM A BAILAR, MAMONES

Quiero tener 74 años para que me metan en un geriátrico y montar un motín.

Y que luego me metan en otro de lujo

y con mejor seguridad

para volverla a liar.

Me voy a escapar con todos mis colegas por la escalera de emergencia.

Con lo puesto.

A tomar viento fresco.

Por ahí.

Con las libélulas por los ríos.

A consumir nuestra vida

(lo que nos queda de vida)

como nos salga de los cojones.

Y cuando estemos todos fuera

nos vamos a parar un momento

y vamos a hacer un grafitti

en la fachada del geriátrico.

Con letras enormes.

«NOS VAMOS A BENIDORM A BAILAR, MAMONES»

Yo quiero tener 74 años y ser como Víctor Israël.

4

LOS ANIMALES SIEMPRE SE MUEREN DE LA MANERA MÁS TONTA

Yo he tenido un montón de bichos y todos se me han muerto de la manera más

tonta. Desde los 3 a los 14 años enterré en el parque de mi barrio al menos cinco o

seis bichos muertos (todos, muertos de la manera más tonta): dos hámsteres que

se suicidaron por la ventana de la cocina, una tortuga, un pez, un pollo teñido de

fucsia que se asfixió al teñirlo, un gato y un perro que no era ni siquiera mío.

Supongo que mis padres nunca me compraron un perro porque el cariño que

sientes por un perro se parece demasiado a cariño que sientes por una persona y el

contacto con la muerte del perro hubiera sido demasiado real.

Cuando tenía 14 años, va y se muere mi abuelo. Mis padres me aconsejan que no

le vea muerto. Que le recuerde vivo, tal como era. Pero yo insisto en ir al tanatorio

porque necesito un tipo de familiaridad con la muerte que, hasta el momento, sólo

he tenido con pollos, gatos, tortugas y peces. Pero cuando llego al tanatorio y veo a

mi abuelo boca arriba en el ataúd, metido en una habitación de cristal refrigerada y

con los labios pegados, lo de morirse me parece una cosa todavía más rara. Creo

que por eso tengo tan poca imaginación. Ya no soy capaz de imaginar nada.

5

MI CORAZÓN, UNA BATIDORA QUE UN DÍA VA A DEJAR DE FUNCIONAR

A menudo me miro en el espejo y lo único que veo es una batidora.

Una jodida batidora con gafas de sol.

Tenías una batidora de puta madre

hacías batidos

helados

salsas

zumos

¡la hostia!

pero un día la batidora deja de funcionar.

Fin de la batidora.

Así me siento yo: como una batidora que un día va a dejar de funcionar.

Y cuando pienso en esta idea

y pienso (de rebote)

en mi vejez por venir

lo único que se me ocurre es pedirte una cosa:

por favor, no me dejes solo.

Si en los cincuenta minutos que faltan para que termine el espectáculo

no me prometes que vas a envejecer a mi lado

me pego un tiro

¡a tomar por culo!

Me piro de este mundo.

¡Fin de la batidora!

No me mires así.

No me tienes que responder ahora.

Te quedan cincuenta minutos.

Te lo piensas

y me respondes al final.

6

¿CÓMO ES MORIRSE?

¿Israël? ¿Tú has visto alguna vez un muerto?

Claro, claval. Demasiados. A montones.

Los de la tele no cuentan. Un muerto de verdad.

Sí, de verdad. A montones.

¿Y cómo es un muerto?

(Víctor Israël se quita la camisa, se desabrocha el pantalón y se tumba en el suelo)

Más o menos así.

(Víctor P. Raluy hace lo mismo y se tumba a su lado) ¿Así? ¿Como durmiendo?

Bueno, no exactamente.

¿Pero, no todos los muertos son iguales, no, Víctor?

No, pero más o menos.

Joder, a mi me da muchísimo miedo la muerte. Bueno, en realidad me da más

miedo que se muera la gente que quiero que no mi propia muerte. Quedarme solo.

Morirme solo.

Ahora me viene a la memoria una película que explica una tradición del Japón. Una

aldea del Japón donde no hay nadie mayor de 70 años porque resulta que los hijos,

cuando los padres son muy viejos, tienen la obligación de cargar a su padre (o a su

madre) a la espalda y subirlos a la montaña de Narayama. Y los abandonan allí.

Solos. Entre la nieve. Para que mueran mirando el paisaje ¿Qué te parece? ¿Es

bonito, no?

7

LA VIDA MATA

Me jode que haya siempre alguien que quiera velar por mi seguridad.

Me jode la mentira de la seguridad.

La seguridad es la otra cara de la moneda

de un sistema que

una y otra vez

nos pone en peligro.

Ese es el secreto de la rentabilidad

ese es el chantaje

esa es su lógica.

Los objetos que nos rodean

son siempre contaminantes

frágiles

obsoletos.

Con ese coche de puta madre que te acabas de comprar

(y que te ha costado una pasta)

te vas a dar una hostia que no van a encontrar ni tus zapatos.

Este paquete de tabaco, también te va a matar.

No fumes.

Ponte el cinturón.

Abróchate a la vida.

¡A tomar por culo!

A veces sueño que flotamos en el agua

cogidos de la mano

y que nos hundimos

lentamente

sin terror.

8

APOCALIPSIS NOW

A menudo tengo la impresión de que sería de lo más natural que, en cualquier

momento, el mundo se desintegrase. Un día amanece como otro cualquiera y de

repente baja del cielo un dragón con diez cuernos y siete cabezas echando bolas de

fuego por la boca. El sol se pone negro, la luna empieza a sangrar y millones de

estrellas caen sobre la tierra. Entonces llegan los americanos con sus tanques y se

oyen truenos y una tempestad de granizo y piedras cae sobre ellos. Y se monta un

gobierno de crisis porque necesitan culpables ¡Miles de culpables! Y fusilan a

millones de culpables. Y veo las lanchas con refuerzos que salen desde el

Maremagnum ¡PUM PUM PUM! ¡A la mierda! ¡Todo por los aires! ¡Se está liando una

impresionante! Y veo cientos de civiles en los mercados escapando como conejos

hacia las bocas de metro. Y, en las playas de New Jersey, la gente corre ¡Parece

una película de Tiburón! ¡Pero, esta vez, Tiburón puede con todos! ¡Todos la vamos

a palmar! Y en un momento de la escena tiburón se hincha. Se hincha tanto que

explota ¡Sopa de tiburón en el Atlántico! Y el cielo desaparece y cae sobre el mar. Y

los sistemas de computación se van a la mierda. Y, uno tras otro, caen todos los

satélites. Y los cadáveres llenan las calles de todas las ciudades. Y del pozo de la

tierra salen escorpiones gigantes y langostas como caballos con pelo de mujer. La

gente está aterrorizada

y yo

como si nada

como si no fuera conmigo

plantado en medio de la fiesta.

¡PUM PUM PUM! Miles de aviones de todos los colores sueltan bombas por todo el

planeta ¡PUM a las especies protegidas! ¡A la mierda los ríos! Los bosques arden

con llamas descomunales ¡Todo por los aires! ¡El mundo patas arriba! Explosiones

nucleares descontroladas ¡La capa de ozono a tomar por culo! El embajador que

cena con el general que espera al presidente ¡PUM PUM PUM! ¡No hay quien pare

esta fiesta! Se derrama el contenido de las copas y un gran terremoto parte en dos

todas las ciudades del planeta. Y aves asquerosas vuelan por el cielo. Y plagas. Y

llanto. Y más bolas de fuego sobre todos los paisajes. Y polvo al polvo. Polvo sobre

la tierra. Sobre las cabezas degolladas ¡Y el cámara por los aires! ¡Y la silla del

director de cine a tomar por culo! ¡Y el catering a tomar por culo! Bocadillos de

lomo con queso contra las paredes de las casas vecinas ¡Que digo casas! Contra

los muros derruidos de la ciudad en ruinas. Bocadillos desintegrados estampados

contra los escombros ¡Menudo despilfarro! ¡Se está liando un follón de la hostia! Es

la destrucción total

el día de la destrucción final

y yo

como si nada

como si no fuera conmigo

plantado en medio de la fiesta.

Este es un sueño que tengo a menudo. Cuando me despierto abrazo a mi novia y

hacemos el amor. Y lloro como nunca lloro cuando hago el amor. Después

desayunamos zumo de naranja y pan con mantequilla y miro a través de la

ventana cerrada de la habitación. Veo un pedazo azul de cielo, oigo los gritos de los

pájaros y busco a dios. Busco a dios por alguna parte (un signo de dios, joder, un

símbolo) Me aferro a la butaca y me hago sangre. Ya nadie nos protege.

9

Y, DE REPENTE, LA MUJER SE CAE Y ESTÁ MUERTA

(Textos enunciados en completa oscuridad.)

En la película La mirada de Ulises hay un momento en que los Chetniks asesinan a

una familia entera en Sarajevo. La escena se resuelve con un plano de absoluta

niebla sobre la ciudad. Un plano totalmente vacío de imagen donde intuimos la

muerte violenta de la familia. No vemos el asesinato y nos jodemos. No se puede

querer ver todo sin estar jamás en ninguna parte. Así que ese plano de absoluta

niebla se aguanta durante varios minutos. Dos, tres, cinco minutos, no sé bien.

Si me piden que resuma lo que he hecho en la vida, que sea breve, diré que me

pasé la vida haciendo sólo dos cosas: asumir y consumir.

En un momento de la película Ashes of Time, de Wong Kar Wai, la chica le dice al

chico: «Cuanto mas tratas de olvidar algo, más se fija en la memoria».

Yo sólo me acuerdo de las cosas que de pequeña aprendí de memoria. Todo lo

demás que aprendo se me olvida. Modificar objetivos docentes, cambiar de

pedagogía, ¡qué gracia! El único objetivo docente alcanzable es la muerte. Por esos

a los niños les hablo de la brevedad de la vida y les leo a Séneca y a Shopenhauer

¿Que tal si las excursiones con los niños, a partir de ahora, las hiciéramos al

cementerio? Las excursiones, a los cementerios. El futuro, en el cementerio.

El miércoles, mi madre cumplió 62 años. Comieron tarta y sacaron fotos. Me jode y

me tiene sin cuidado no salir en las fotos. Lo sé: no ver envejecer a mis padres es

mi manera indecente de sufrir menos.

A veces pienso que todo sería más fácil si pudiéramos morir y luego volver atrás.

Eso nos daría una considerable perspectiva.

Sólo puedo hablar de mi estado de salud si he empezado a sentir qué es eso del

estado de salud, y, si es que he empezado a sentirlo, es que ya no está del todo

bien. De la misma manera que si digo me siento joven quiere decir que estoy

envejeciendo, porque, cuando era joven, no me sentía joven. Estaba allí, sin pensar

en nada, y era joven.

Todo se inclina hacia una conclusión prevista, pero somos impetuosos y seguimos

cambiando nuestras vidas. Si estuviera ante una pared de fotografías de mi vida

por venir, me asustaría.

Mirar como he mirado antes

directamente al centro.

Vivir la experiencia de estar despierto

de prestar atención

no perder la esperanza de que te dejen ver la película con dos rombos

volver a apretujarme junto a los demás en una puerta estrecha

llenarme la boca de lacasitos y masticar

ponerme leotardos y botas de agua los días de lluvia

colocar chinchetas en la silla de los tontos y las guapas, indistintamente

merendar pan con chocolate

remangarme la falda y mear en un árbol

golpear la pared para expresarme

y sobretodo

mirar.

Mirar como sé que he mirado antes.

Autorretrato, no autobiografía.

Yo no tengo nada que recordar.

Me jodo.

Nadie atentó contra mis libertades

no me han dado hostias ni la policía ni mi padre

no me han metido en la cárcel por pensar

no pasó ninguna revolución por mi lado

no he visto morir a nadie por cantar

nunca pasé hambre

nunca vinieron a buscarme.

Me jodo.

Mi memoria no sirve para nada.

No le interesa a nadie.

Agua de borrajas.

Yo no tengo nada público que recordar.

Ayer fue un día dominantemente verde. Como de ciencia-ficción. No me acuerdo de

nada especial. Sólo del verde.

Toda una vida cabe en una cajita de metal de esas de galletas danesas de

mantequilla.

Hay una escena de la película Sonrisas y lágrimas que a menudo me viene a la

memoria. Es una escena de amor. No recuerdo los nombres de los protagonistas,

pero es una escena en la que él le dice a ella que la quiere pero que su amor es

imposible y luego cantan. Sólo en los musicales se puede cantar después de una

escena tan triste.

Me impresiona la idea de morirme sin que se den cuenta las personas más

cercanas.

En el dos mil cuarenta y tres (que es dentro de nada) yo tendré 70 años y seré una

abuela ejemplar.

La OMS dice que la esperanza de vida en occidente no dejará de aumentar. En el

dos mil veinte viviremos hasta los 120 años. Yo no quiero tener 120 años. Me

parece una idea como de película de terror.

Conocí a una mujer que cambió todos los espejos de su casa por cámaras de video

que proyectaban su imagen de mujer joven. Ella pensaba que, de este modo, el

tiempo quedaría detenido en las paredes de su casa.

Trato de recordar los momentos de mi vida que no han sido inmortalizados. No

tengo fotos, por ejemplo, de mis primeras borracheras, ni del día en que murió mi

tío y lloré de forma escandalosa, ni del día en que, por primera vez, visité a mi

padre en el hospital, ni del día en que me raparon la cabeza para coserme la

brecha, ni de la noche del desmayo, ni del invierno del ingreso, ni de los

moratones, los cabreos, las infecciones, los accidentes…

Honrar la memoria

vengar la memoria

no olvidar

perder la memoria

exigir venganza

guardar rencor

no perdonar

hacer la vista gorda

acumular

desechar

no hablar más del asunto

volver la vista atrás

el pasado, pasado está

correr un tupido velo

coleccionar fotos

postales

souvenires

películas en súper ocho

no acumular nada

tirarlo todo

no hacer fotos

no conservar ninguna foto

no acordarse de nada

los GAL

el Prestige

la guerra de Irak

Costa de Marfil

la muerte de Edward Said

la fábrica desmantelada para el Forum

los niños de Sant Adrià

los secuestros

las mentiras de Estado

¿Quién coño se acuerda ya de todo eso?

A mí se me olvidan siempre las fechas inolvidables. Las fechas históricas, los días

del santoral, se me olvidan menos.

A menudo recuerdo algo que vi una vez en Ginebra: una mujer camina y mira los

escaparates. Entra por fin en una tienda, compra un par de pantalones de invierno

y sale otra vez a la calle ¡Qué mujer más elegante! —pienso—. ¡Qué mujer más

reconfortante en la mañana de Ginebra! La observo. La espío. Y Entonces, de

repente, la mujer se cae y está muerta. En medio de la calle, en Ginebra, frente a

los escaparates, la mujer se cae y está muerta.

10

SOUVENIRES

Tengo treinta y cuatro fotos como esta. Treinta y cuatro fotos de mis treinta y

cuatro navidades. Treinta y cuatro más de mis treinta y cuatro cumpleaños. Un

montón de mi comunión y tres del bautizo. A partir de los veintidós años lo que

más abundan son fotos de amigos y paisajes. Desde los veintisiete tengo dos tipos

de fotos, siempre igual: o paisajes vacíos, o mi novia y yo en los paisajes. Toda la

vida me han ensañado a coleccionar los recuerdos como quien colecciona

souvenires. Y es justo esa palabra, la palabra souvenir, la que me sirve para

explicar mi idea del pasado: todo lo que ya no está regresa sólo así, con forma de

souvenir.

En realidad, yo lo que quería es compartir con vosotros mi álbum íntimo.

Recordar mis momentos íntimos

aquí

en público.

Para hacerlos públicos.

Los momentos de mi vida que no han sido inmortalizados.

Diapositiva número 1

Éste soy yo. De pequeño. Con 5 años. En Ribarroja, un pueblo de la Ribera del

Ebro. La foto se tomó en un camino de tierra que bordea el río. El que me está

sujetando la cabeza es mi tío. Me empujó del tractor porque le hice una pregunta

típica de crío (no me acuerdo ahora de la pregunta) y caí desde una altura de dos

metros. De cabeza. Durante un par de minutos permanecí inconsciente. Como

muerto. Me hice un tajo desde aquí hasta aquí. Dieciocho puntos.

Diapositiva número 2

Éste soy yo con ocho años. Trabajando en el campo. Porque en el campo los niños

trabajan como los adultos. En el campo los niños son eso: niños. Los últimos de la

fila. Los que pringan más.

Diapositiva número 3

Esta imagen no es una imagen aislada. Reproduce un momento que se repetía día

sí, día no. La que aparece en la foto con la zapatilla en la mano es mi madre.

Desde los 4 a los 12 años conté 1.460 azotes. Azotes en el culo, claro, que no

palizas. Lo que en el campo se llama «azote correctivo”. Un escarmiento.

Diapositiva número 4

Éste soy yo otra vez. De adolescente. La instantánea se tomó el día en que quise

suicidarme tirándome al río. Al Ebro. Era el día de Navidad. Lo único que conseguí

fue pillar una pulmonía. Desde ese día sé que todo lo que intente en la vida me va

a salir mal.

Diapositiva número 5 (diapositiva en blanco):

Ésta es una imagen que siempre falta en el álbum familiar. Yo le estoy guardando

un sitio. Quiero que pongáis aquí una foto del día de mi muerte. Vosotros y yo,

juntos, el día de mi entierro.

11

NOSFERATU

Hay una escena en la película Nosferatu en la que el vampiro, interpretado por

Klaus Kinski, se encuentra con Lucy, la chica. Entonces ella le habla de la muerte.

Le dice que su marido morirá, como tantos otros, porque él ha sembrado el mal y el

terror en toda la ciudad. El vampiro la mira con expresión melancólica y le dice: la

muerte no es lo peor, lo peor es no poder morir. No poder envejecer es terrible

¿Puedes imaginarte lo terrible que resulta vivir durante siglos? ¿Experimentar, cada

día, las mismas experiencias banales y repetirlas eternamente?

Si me preguntas cuál de los momentos que he vivido me gustaría repetir

eternamente

te diré que sólo la posibilidad de que ocurra algo así evoca una pesadilla.

 

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