Junio de 2004

Cuando se estrene 2004 (Tres retratos, tres paisajes y dos naturalezas muertas) se cumplirán tres años de mi última obra presentada en Madrid (120 pensamientos por minuto), siete de la última presentada en Pradillo (El rey de los animales es idiota) y veinte de la primera (Ciudad Irreal).

1. Recordáis esa eterna pregunta del arte ¿Para qué y para quiénes? Sigue sin una respuesta clara. Quizá el escepticismo y la ironía que suele dominar nuestro pensamiento impida la respuesta. Pero a mí me gusta una contestación: la posibilidad que tiene el arte de cambiar a las personas. Quizá ingenua, pero no por ello falsa.

Un ejemplo: De forma casual y para hacer tiempo, entro a pasear por una atiborrada exposición de pintura cubista. Ante un cuadro de Picasso, para mí desconocido y sin excesivo interés a primera vista, mis ojos se inundaron de lágrimas y me ataron inmóvil ante él. Ni podía irme, ni podía frenar el llanto que aumentaba e incluso comenzaba a llamar la atención del público. Nunca entendí los resortes de aquellas lágrimas, pero la emoción fue única y como tal puedo considerar que aquel cuadro cambio algo en mí.

2. Las imágenes se banalizan y la información se deteriora inevitablemente hacia una percepción escueta de la realidad. Manejamos información que paradójicamente nos aleja del conocimiento, de la misma forma que la acumulación de imágenes nos implica el espejismo de una vida en postales, lejos, muy lejos de la percepción fruto de la observación, de la relación entre observador y objeto observado, de la acumulación de experiencia en el transcurrir del tiempo en el hecho de la observación. Durante estos tres años de silencio público las libretas de notas y dibujos han aumentado en gran número. Y en ellas las reflexiones sobre esta cuestión.

3. Acumulo bolsitas de plástico cerradas. Guardo en ellas objetos recogidos fruto del azar. Sólo es el relato del tiempo transcurrido ante lo que se me antoja belleza.

4. Una sociedad que olvida su pasado es incapaz de construir un futuro sólido y una persona que olvida su pasado corre el riesgo del desmoronamiento psíquico. Lo público y lo privado, la historia y el presente. Nunca renunciaré a un arte político.

5. Pradillo que fue mi casa. Es un placer volver cuando ante el decaído y mercantilizado aire del teatro madrileño, Pradillo se renueva y con esa necesaria, y tantas veces olvidada en la práctica, vocación de ser miembro imprescindible de la polis: contribuir al debate y a la convivencia de la ciudad.

Septiembre de 2004

Pintura y teatro

Se diría que 2004 simula una exposición de pintura y además de un corte bastante clásico, cuando se trata de teatro y nada que ver con lo clásico.

Al vincular teatro y pintura en el título no existe una intención de simular o de huir de las convenciones teatrales (aunque la obra no sea en ningún momento convencional); es una afirmación relacionada con la materia de la obra, su construcción, su estructura y la manera de mostrarse al público, sin la envoltura espectacular que suele acompañar al teatro y con la claridad del pintor al aplicar la materia sobre el cuadro. Hay pintura en la obra y también teatro, pero con un rechazo frontal a la espectacularidad. ¿Cómo hacer espectáculo cuando andamos saciados de la política-espectáculo, de la publicidad-espectáculo, de la cultura-espectáculo, de la espectacularización de la vida con la consiguiente desilusión y desesperación que supone la no-ficción y la realidad político-social-económico-militar que impera en el planeta?

Memoria

Esta obra habla de la memoria, de la memoria olvidada o secuestrada y de la que debemos construir hoy para encarar el futuro. Podríamos haber llamado a esta obra «paisaje de la memoria» o para emplear otros términos «geografía humana de la memoria».

Un hombre camina y observa, los paisajes de la memoria y los que nos rodean en este 2004 (Madrid, Irak, Palestina, etc.). Sumergido en el horror y sin olvidarlo emprende de forma paralela su búsqueda personal de la belleza. Pero la idea de belleza convencional muere ante la muerte y es necesario restituirla, rastrear aquello que trasciende la percepción; encontrar como puede sobrevivir el espíritu en convivencia con la destrucción.

Puesta en escena y creación

Desearía olvidar la puesta en escena. La idea de puesta en escena. No la practico y a pesar de ello me gustaría que desapareciera de mi cabeza. Durante años he estado reivindicando la autoría de la puesta en escena. Ahora no. Reivindico la autoría y olvido la puesta en escena. Quizá es más fácil unir puesta en escena con artificio y autoría con la esencia de la creación. Quizá al mundo le sobra puesta en escena, disimulo ante la realidad o elementos que endulcen lo que en sí es amargo, intermediarios entre los hechos y la percepción que tenemos de ellos. Quizá esto sea utópico pero no me gusta la sociedad de servicios, de intermediarios. No me gusta que entre mi obra y los receptores de ella existan tantos intermediarios.

Yo no encuentro diferencia en mi trabajo cuando intento ordenar palabras para expresar ideas o cuando con los actores y sus acciones intentamos construir ideas o cuando con un papel en blanco y los pinceles plasmo ideas en forma de dibujos. La escritura, el dibujo y el encuentro con los actores tienen como objetivo lo mismo: crear una obra, es decir unas ideas que se articulan en un mundo poético con el fin de tener un definitivo encuentro con otras personas a las que se llama público o espectadores y yo sigo prefiriendo llamarles personas. Lo lógico o lo establecido sería escribir, luego dibujar para terminar con los ensayos. Yo normalmente mezclo todo y en ocasiones la conclusión de una escena es por medio de un dibujo y el texto es un tránsito que permanece oculto al hacer pública la obra.

Estrené mi primera obra en 1984. Se llamaba Ciudad Irreal y con ella se inauguraba la Sala Olimpia como sede del CNNTE. Recuerdo que Ignacio Amestoy me citó en su despacho del Español para comentar la obra y un detalle de la conversación se me grabó durante años: «Boadella con las ideas que tú aportas en tu obra hubiera hecho varias». Por supuesto que esta frase aportaba una crítica negativa a mi trabajo y no al de Boadella. Hoy pienso que mis obras son un compendio de ideas y no el desarrollo de una de ellas. Trabajo sobre lo que me rodea, lo que veo y lo que ocurre en mi entorno y por suerte o desgracia no existe un mundo único, ni una visión única, ni un pensamiento único; todo es complejo y mi obra también.

«Los Desastres de la Guerra»

Llevo años trabajado o intentando buscar como trabajar sobre la Guerra Civil, con el deseo, necesidad u obligación de reflexionar sobre la memoria. Este año lo he conseguido, he encontrado como canalizar ese deseo, necesidad u obligación. Resulta que vivo cerca de Brunete enfrente de un encinar que fue escenario de la batalla del mismo nombre. Al despertarme cada mañana está ante mí el paisaje en el que perdieron la vida 35.000 personas. Mi admiración por esta tierra que me rodea se une al dolor que la memoria de la guerra me provoca. Belleza y dolor. Y al mismo tiempo que me enredo en esta contradicción, Irak arde bajo lo bombardeos y revientan trenes en Atocha. No tengo otra posibilidad: seguiré mezclando todo.

Una obra de teatro no es una reflexión, pero una reflexión poética puede ser parte de una obra de teatro o un estadio de su creación. En 2004 podemos decir que reflexionamos escénicamente sobre la memoria del pasado, pero también sobre la necesidad de construir la memoria del futuro.

Belleza y dolor, insisto, y encima de mi mesa Los Desastres de la Guerra, del maestro Goya.

¿Cómo compaginar el deseo de belleza y el horror que nos rodea?

Goya se lo preguntó y tantos otros. Lo que no sabemos es si Goya y tantos otros encontraron la solución a este dilema. Su obra es su testimonio. 2004 nace en este debate, o de este debate o con este debate a sus espaldas. No creo ni deseo dar soluciones pero si estar en el debate.

Una obra es una conclusión, no la conclusión, o lo apropiado sería hablar de «estado de conclusión». No puedo evitar ver mis obras enlazadas y entrelazadas, no como una progresión lineal, ni como una red, más bien como una maraña donde hay ideas que giran se retuercen y vuelven a aparecer, mostrando otras facetas producidas por otras miradas. 2004 no es una excepción, es un estado de la obra.

Sumario

Reivindico la autoría y olvido la puesta en escena. Quizá es más fácil unir puesta en escena con artificio y autoría con la esencia de la creación.